Alberto Barciero atiende a EL ESPAÑOL de Castilla y León con la Churrería La Catedral de fondo.
Adiós a una churrería histórica en pleno centro de Valladolid: “Hemos vendido 1.500 churros y 200 chocolates en una tarde”
Alberto Baciero, cuarta generación del negocio familiar cerró las puertas en el mes de marzo.
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La Churrería La Catedral reinaba en el centro de Valladolid. En la calle Catedral número 3. Son más de cien los años de historia de un local emblemático por el que han pasado miles de personas a disfrutar de un buen chocolate con churros.
El pasado mes de marzo Alberto Baciero, la cuarta generación del negocio decidió dar un giro a su vida y bajar la persiana del emblemático establecimiento hostelero ubicado en el corazón de la ciudad del Pisuerga.
“La idea de cerrar en marzo fue una decisión personal. Íbamos bien económicamente. Por un lado, me da mucha pena, pero por otro, afronto con ilusión el hecho de salir de mi zona de confort”, asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, el hostelero.
Asegura que “el local es suyo” y que “buscan alquilarlo”. Habrá que esperar para saber lo que pasa con el lugar en un futuro no muy lejano.
De momento, Alberto afronta una nueva vida después de años de duro trabajo.
La vida de Alberto
“Me defino como una persona normal. Que trabaja y ya está. Siempre eché una mano en La Churrería La Catedral. Soy la cuarta generación de un local que siempre ha estado en la calle Catedral 3 y que puso en marcha mi bisabuelo”, asegura, en declaraciones este periódico, Alberto Baciero.
Nuestro protagonista nació en Valladolid. Se declara, de profesión, churrero y hostelero y tiene 52 años. Toda la vida la ha pasado en la capital del Pisuerga y asegura que pasó “una infancia normal” con sus amigos del colegio y que, poco a poco, se fue adentrando en el negocio familiar.
“Cuando era pequeño no tenía en mente dedicarme a ninguna profesión en particular. No me disgustaba, todo hay que decirlo, la hostelería. Con 18 años ya ayudaba. Me fui a cumplir con el servicio militar y, a mi vuelta y con 22 años, entré a ayudar a mi padre en serio en el negocio”, nos explica nuestro entrevistado.
El amante del buen comer, y de viajar, se hizo con las riendas del negocio hace 17 años y ahora afrontará un cambio de vida.
Imagen de la Churrería La Catedral con la persiona bajada.
El negocio
“Yo era la cuarta generación del negocio. Lo comenzó mi bisabuelo, pasó a mi abuelo, después a mi padre y más tarde lo cogí yo. Tiene más de 100 años de historia y siempre ha estado en el mismo sitio. Hace 17 años, cuando mi padre se jubiló, cogí las riendas del establecimiento hostelero”, afirma el vallisoletano.
Todo haciendo un repaso a la historia vital de la Churrería La Catedral. Muy famosa en Valladolid y por donde han pasado miles de vallisoletanos y también de turistas para disfrutar del placer de saborear un chocolate con churros.
“Cuando lo cogí yo cerré unos días por obras para acometer reformas en la cocina y cuatro cosas más. Mientras tanto, siempre ha estado abierto, a lo largo de los más de cien años de historia”, afirma nuestro protagonista.
Un local que contaba con algo más de 130 metros cuadrados, un aforo de 50 personas y en el que, ya durante el último año, trabajaba solo Alberto que contrataba a algún empleado más en las temporadas fuertes. Sobre todo, en Navidad, Semana Santa o Ferias de Valladolid.
1.500 churros y 200 tazas de café en cuatro horas
“El 80% de nuestro negocio se centraba en el chocolate con churros. En los desayunos y también en las meriendas de las tardes. También vendíamos café. Todo lo hacía yo, era de elaboración propia”, explica nuestro entrevistado.
Abría a eso de las 9:00 horas y cerraba a las 14:00, por la mañana y por la tarde lo hacía de 18 a 22:00 horas. Las ventas variaban mucho. En los meses en los que el frío aprieta está claro que apetece más un chocolate con churros que en plena ola de calor. Eso se nota, también en la cartera del que los ofrece.
“Hemos vendido 1.500 churros y 200 tazas de chocolate en una tarde de Navidad, en cuatro horas, sin problema. Está claro que todo tiene su esfuerzo y dedicación, pero hemos tenido muy buenas épocas”, añade Alberto.
Alberto durante la entrevista con EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Cuando hablamos con él sobre si la Churrería La Catedral es una de las más famosas de la ciudad prefiere no pronunciarse. “Eso que lo digan los clientes”, apunta.
El cierre
“La idea de cerrar La Churrería La Catedral es una decisión personal. Se produjo en el mes de marzo. Íbamos bien económicamente. Por un lado, me da mucha pena, pero por otro, afronto con ilusión el hecho de salir de mi zona de confort”, confiesa Alberto.
No hubo, como nuestro entrevistado señala, un “bajón de clientes” ni “pérdidas” en lo que a la caja se refiere. Simplemente, la decisión del hostelero de bajar la persiana del negocio.
“Se podía vivir del negocio. Yo era la cuarta generación y he vivido de ello. Mi padre, junto a sus nueve hermanos, también. Daban las cuentas pese a que había que pagar los gastos que generaba el negocio, claro está”, añade el hostelero.
Una decisión personal y un cambio de vida que Alberto quería afrontar, de ahí su decisión, a la que también contribuyó el hecho de la falta de relevo generacional.
El alquiler del local
“Cerramos en marzo. El local es nuestro y buscamos alquilarlo. Si viene alguien, bien. Aún no me he puesto a anunciarlo, pero sí que me ha parado gente por la calle para preguntarme e interesada en seguir con la churrería. En caso de que alguien lo cogiera y decidiera proponer una nueva idea de negocio, tampoco se cerraría la puerta”, afirma Alberto Baciero.
Durante la charla con EL ESPAÑOL de Castilla y León, el hostelero no duda en asegurar que “tiene sentimientos encontrados”. Le da “pena” por un lado, pero por otro está “contento” por la “nueva vida que se le plantea”.
“Tengo varias opciones en mente. Desde acabar los estudios a formarme para otra cosa o ponerme a trabajar a cuenta ajena. De momento, afronto un año sabático después de tanto tiempo de trabajo. Abierto a que otra persona coja el negocio y le dé continuidad a la churrería o a que hagan lo que quieran en el local”, finaliza Alberto.