Alfonso Fernández Mañueco durante su intervención en los Premios Castilla y León.

Alfonso Fernández Mañueco durante su intervención en los Premios Castilla y León. Comunicación Jcyl. X.

Opinión Puntadas con hilo

Orfandad identitaria en Castilla y León

Mañueco basaba su tesis en la “destacada” participación popular en las anteúltimas elecciones a Cortes de Castilla y León. Un pilar argumentario bastante endeble para sostener una opinión que no se pueda rebatir con dificultades.

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Mañana celebraremos cansinamente, rutinariamente, sin latido, la festividad de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. De forma recurrente se afirma por ilustres castellanos y leoneses que en estos lares carecemos de conciencia identitaria. Y desde luego no se equivocan.

Fernández Mañueco aseveró en Zamora en el año 2024 que no era cierto el pensamiento de la existencia de una “débil conciencia de Comunidad”, después de más de cuarenta años de autonomía. El hasta ahora presidente del gobierno regional ni puede, ni debe realizar otro aserto. Institucionalmente no cabe declaración diferente.

Mañueco basaba su tesis en la “destacada” participación popular en las anteúltimas elecciones a Cortes de Castilla y León. Un pilar argumentario bastante endeble para sostener una opinión que no se pueda rebatir con dificultades. Entre otras cuestiones, porque aquel 60% de votantes sobre censo total que acudieron entonces a las urnas no es para lanzar cohetes.

Castilla y León, toma carta de naturaleza en el pactismo de la Transición española y los acuerdos de los ponentes constitucionales, posteriormente ratificados en sede parlamentaria y en el referéndum nacional que aprobó la Constitución de 1978; que estructuraba España en Comunidades Autónomas. Se “cosieron” así algunas Comunidades Autónomas de forma artificiosa -entre ellas la nuestra- en base a unas afinidades históricas anteriores a la unificación de España por los Reyes Católicos. Es decir, un “enamoramiento” del Medioevo como en el Romanticismo español.

El “castellanismo” político ya existía como corriente política en las postrimerías del franquismo y con anterioridad a cerrarse el mapa autonómico con la vigente Constitución. El padre Gonzalo Martínez Díez, jesuita, ilustre catedrático de Historia del Derecho de la Universidad de Valladolid y gran medievalista – a quien tuve el honor de tratar y me distinguió con su afable amistad hasta su ancianidad – fundó la Alianza Regionalista de Castilla y León y posteriormente el PANCAL-Partido Nacionalista de Castilla y León.

En la pre-Transición española el “castellanismo” era un concepto académico e intelectual que aspiraba a englobar no solo a la actual Comunidad castellano y leonesa, sino a la antigua Corona de Castilla en la cual había confluido el viejo Reino de León en el siglo XIII. Ese concepto “academicista” era el que inspirada a don Gundi (Gundisalvo en castellano medieval equivale al actual nombre de Gonzalo) como denominábamos a nuestro catedrático con su consentimiento.
Carece de sentido que para sostener la existencia de una actual “conciencia regional” en Castilla y León tengamos que acudir a los viejos reinos medievales por toda base.

Pese a quien pese y a efectos prácticos el fenómeno de “leonesismo político” tiene carácter provincialista, sin que el término se utilice con intención peyorativa alguna. El “panleonesimo” no tiene apoyo real ni en Zamora, ni en Salamanca. Curiosamente, la división del territorio español en provincias diseñada por Javier Burgos en 1833 tiene mucha más fuerza en la Comunidad castellano y leonesa que el ente autonómico nacido al amparo de la Constitución de 1978.

En las últimas elecciones autonómicas son varias las fuerzas provincialistas que han obtenido representación en las Cortes: Unión del Pueblo Leonés, Por Ávila y Soria ¡Ya!. La UPL se ofende mucho si se le encaja en fuerza política provincialista y no regionalista, pero mientras no obtengan representación parlamentaria en Salamanca y Zamora – territorios que reivindican parte del viejo “Reino de León”- su regionalismo tiene bastante de impostado, pero poco de tangible.

La “conciencia regional” no parece tener mucho fuste en Castilla y León. En esta Comunidad sus habitantes están cohesionados de forma pacífica con un sentido inteligentemente utilitario y ensamblados con la argamasa del BOCYL. La “identidad castellano y leonesa” es una creación política, no un sentimiento popular en el cual se basan las conciencias identitarias que crean “conjuntos sociales”, como tiene bien constatado la antropología.

“San Villalar” - que mañana jueves se festejará- nació como una celebración ilegal en 1976, promovida por el Instituto Regional de Castellano-Leonés, fundado en 1976 en Paredes de Nava. Al año siguiente se unió la Alianza Regional de Castilla y León de Gonzalo Martínez Díez, de tendencia claramente conservadora. Pero desde sus inicios fue patrimonializado por la izquierda política, sin que las fuerzas conservadoras hayan tenido allí “chance” alguna, pese a hacer año tras año un forzado papelón.

Castilla y León está consolidada como Comunidad Autónoma. Es un ente político práctico, funcional y pragmático, que aglutina, integra y sirve a sus habitantes. Pero no se crean ustedes la existencia de una “conciencia regional”. A otro perro con ese hueso.