Sánchez anunció recientemente una regularización extraordinaria de migrantes en situación de irregularidad administrativa que puede crear ‘agujeros negros’ como los del universo, esas regiones del espacio donde la gravedad es tal que nada puede escapar. El gobierno de España parece que no ha considerado lo suficiente las tensiones sociales que por causa de una desordenada política migratoria afectan gravemente a varios países de la Europa occidental.
El racismo, la xenofobia y la intolerancia son absolutamente reprobables – constituyen ilícito penal en España- como antítesis de los derechos humanos, pues violan los principios fundamentales de igualdad, dignidad y no discriminación recogidos por la ONU en la ‘Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales’.
Sobre el papel no es tan fácil refutar la decisión del gobierno. La oposición política, PP y Vox, habrán de fundamentarlo sin tremendismo. El texto de la norma de ‘regularización extraordinaria para integrar a personas extranjeras que ya están en España’ establece que el modelo de política migratoria está basado en los derechos humanos, la integración y la convivencia, compatible con el crecimiento económico y la cohesión social, así como ‘la familia como eje de la integración’. Las patronales de sectores con más trabajadores extranjeros aplauden la regularización pese a que no convence a CEOE, partidaria de su aprobación por el Congreso.
La Conferencia Episcopal Española ve con buenos ojos la medida gubernamental. Organizaciones católicas como la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario, Conferencia Española de Religiosos y Cáritas han celebrado el anuncio de un proceso que lleve a la regularización extraordinaria de personas migrantes que viven en nuestro país.
El episcopado es rotundo al afirmar que la situación administrativa irregular en la que se encuentran alrededor de quinientos mil migrantes provoca que un 68% de los mismos se encuentre en exclusión social. En España residen ya más de nueve millones de personas migrantes.
El Partido Popular se encuentra en una encrucijada. En su último congreso nacional de 2025 declaró que sus valores ‘nacen del humanismo cristiano’. Oponerse a la regularización de migrantes choca con la valoración de la Conferencia Episcopal. Feijoó tendrá que hacer encaje de bolillos a la hora de combatir políticamente la medida gubernamental , positiva para el episcopado.
Abascal ha fijado la postura de Vox al estimar que la regularización no se limitará a medio millón de personas, sino que serán “muchos más”. Vox estima que en base a la causa de reagrupación familiar llegarán a España millones de personas en un proceso que nunca terminará. Ante este escenario Vox plantea una política de “remigración” o retorno forzado de los migrantes a sus países de origen.
Alemania, España, Italia y Francia son los países europeos con mayor tensión migratoria de la Unión Europea, pues concentran el 56% de los inmigrantes. A mayores, España e Italia están bajo altísima presión por llegadas irregulares y rescates en el mar.
El gobierno de España ha elegido un modelo migratorio muy similar al francés que apuesta por la inmigración integrada. En Francia la tradición de asilo y la ‘asimilación republicana’ han fracasado notoriamente con los migrantes provenientes de países islámicos al crearse verdaderos guetos en la ‘banlieu’ de las grandes ciudades y problemas de seguridad ciudadana en el país. La generalización no debe aplicarse, pues existen inmigrantes de religión islámica que están fuera de sus países para ganar honradamente el pan.
España tiene un enorme reto, que puede causarnos conflictos sociales. Si sigue el modelo francés ya se han comprobado las consecuencias en el país vecino, para algunos con ‘agujeros’ de Estado fallido. Hubiera sido más acertado seguir la pauta que Alemania ha fijado desde hace una década. De la política de ‘brazos abiertos’ ha pasado a un enfoque más estricto: Atracción de mano de obra cualificada para cubrir déficits demográficos y laborales, endureciendo el control de fronteras y el asilo.
Sánchez no se mira en el espejo de los fracasos de Francia, solo es narcisismo e interés personal aferrado al sillón del poder.