Donald Trump, presidente de los Estados Unidos ha decidido divorciarse de Europa. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial surgió una gran potencia dominante, que comparte con Europa la libertad, la democracia, el pluralismo y los valores de la civilización occidental. El viejo continente europeo y los Estados Unidos se aliaron en la defensa del Estado de Derecho, el imperio de la ley y los derechos fundamentales.
Trump está dispuesto a hacer añicos todo el esfuerzo común con Europa. El ‘trumpismo’ no renuncia en apariencia a su papel de gendarme mundial, pero afea a una Europa cicatera en su gasto de defensa militar. Los Estados Unidos han inmolado muchas vidas para preservar valores occidentales, cierto. Y la vieja Europa, sigue adocenada en la vida confortable, sin haber hecho grandes esfuerzos para organizar una defensa en común, en caso de un indeseable conflicto bélico. Para eso estaba el tío Sam, el papá norteamericano.
Europa ha sido roñosa. Y España directamente tacañona, en superlativo. Cegata hasta minusvalorar la amenaza de Marruecos si ataca Ceuta o Melilla. Si surgiera algún conflicto con el Magreb, creemos puerilmente que nos defenderán los Estados Unidos. El tío Sam está con Mohamed VI y no con España.
En el mundo se ha agravado tensión política, más que en la antigua ‘Guerra Fría’ con la URRS. Nuestra civilización está amenazada por un dictador como Putin. Personaje encuadrado en rasgos de la psicopatía, tales como la falta de empatía, el narcisismo, la omnipotencia de pensamiento o el sadismo. Una bomba de relojería, pero con ojivas nucleares.
Trump pide que Europa aumente sus gastos en defensa militar. Ya no quiere ser su estado gendarme. El ‘trumpismo’ es una enfermedad grave para los Estados Unidos y para Europa. Lo sorprendente es la enorme miopía de la ultraderecha europea y la española ‘abascaliana’, que aplauden emocionados a Trump como en las funciones de Fofó en 'Había una vez un circo'.
La guerra que Trump quiere ganar no es con misiles, es con la macroeconomía. O corta las alas a China o este país sustituirá en unas décadas a los Estados Unidos como potencia dominante.
Estrenamos abril con la gran disrupción del trumpismo, a modo de tanques arancelarios. Mister president quiere estrangular en U.S.A. las importaciones, incluidas las de su antigua aliada Europa. Los Estados Unidos no son capaces a corto plazo de ser una economía autárquica. Los aranceles serán un disparate también para ese país. Crecerá la inflación. ¡Qué locura! A Donald Trump la psiquiatría encuadraría en el trastorno narcisista de la personalidad. Putin y Donald piden a gritos diván de Freud. El orden mundial está entre orates.
El presidente de Castilla y León, Fernández Mañueco, desea impulsar un frente común contra los aranceles de Trump. Perjudicarán gravemente a Europa y por tanto a nuestra Comunidad. Parece imperioso establecer estrategias y lograr exportaciones a otros mercados ajenos al norteamericano.
Serán obligadas políticas de promoción comercial en otros países. El gobierno de España ha de actuar imperiosamente, pero Castilla y León no puede pensar en ganar el partido si solo deja el balón en manos del Estado. Nos jugamos mucho. La automoción representa el 40% de las exportaciones de la Comunidad, sin desdeñar el comercio exterior de la industria de la agroalimentación, quesos o vinos. En una economía globalizada, también es ineludible las alianzas gobierno central y autonómicos. Mal nos irá sin consensos. Si a Trump le preguntasen dónde está Castilla y León creería que en Suazilandia.
Siga y apriete, presidente Fernández Mañueco. Me he jugado el tipo, por hablar mal de Putin. Cada vez que tome en un bareto unas 'patatas meneás', pensaré que el régimen ruso ha envenenado mis torreznillos con polonio 210.