Opinión

La desesperación de Ciudadanos y el oportunismo de Sánchez

10 marzo, 2021 17:07

El terremoto político -con réplicas- que sacude hoy España ha dado al traste con el breve idilio entre el Partido Popular y Ciudadanos, el mismo que ha facilitado gobiernos donde la fragmentación parlamentaria no dejaba muchas más opciones para la gobernabilidad desde la ruptura del bipartidismo allá por 2015. El matrimonio de conveniencia siempre ha tenido una parte débil, con Ciudadanos diezmado tras las sucesivas citas electorales, y con una representación parlamentaria menguante y abocada, si nadie lo remedia, a desaparecer de ayuntamientos, diputaciones y parlamentos en los próximos comicios, fagocitado en el mejor de los casos por el Partido Popular.

Albert Rivera pasó de ser virtual presidente del gobierno en aquella encuesta que hizo saltar todas las alarmas en Génova, a creérselo, confiarse, querer desbancar al Partido Popular, cerrarse las puertas a un posible pacto con el PSOE y, finalmente, quedar relegado a sostén del Partido Popular al que había querido sorpassar. Le cegó la ambición y su electorado no le perdonó que se echara en brazos del PP, incluso antes de tiempo.

Y en ese ‘si nadie lo remedia’ ha decidido tomar cartas en el asunto la nueva líder, Inés Arrimadas, decidida a dar un golpe de timón en Ciudadanos y recuperar la esencia de partido liberal y de centro capaz de pactar a uno y otro lado del espectro ideológico que tantos éxitos iniciales reportaron a Rivera. De ahí esta nueva estrategia: la ruptura en Murcia, mientras en Madrid Isabel Díaz Ayuso algo se olería para lanzar el órdago de las elecciones anticipadas. La jugada puede salirle bien a la presidenta de la Comunidad de Madrid, y quitarse de encima a Ciudadanos, o en el peor de los casos, sustituirlo por una alianza con VOX. Conociéndola, sale a ganar en solitario seguro.

¿Y en Castilla y León? Ciudadanos niega que la operación de Murcia, la misma que ha hecho saltar por los aires el Gobierno de Madrid, tenga réplica en Castilla y León. Aunque si el PSOE lleva insistiendo semanas en la idea de la moción de censura por algo será. En el sector del Francisco Igea, la nota discordante de Ciudadanos, no han dejado lugar a dudas de que no apoyarán al PSOE en la moción que acaba de presentar Luis Tudanca; tampoco entre los procuradores más alejados de las tesis del vicepresidente se han mostrado por la labor: “Abandonen toda esperanza”, ha dicho David Castaño, portavoz en las Cortes.

Sin embargo, a la desesperación de Ciudadanos se suma el anhelo de Pedro Sánchez de extender su poder territorial. Especialista en hacer de la adversidad virtud, ha forjado su carrera política en aprovechar la oportunidad, aquella diosa llamada Ocasión que adoraban los romanos y que representaban desnuda, de puntillas sobre una rueda, y con alas en la espalda o en los pies. Desde su ‘resurreción’ en el PSOE nada parece imposible para el presidente del Gobierno y su asesor, Iván Redondo, empezando por la moción de censura de la que se sirvió para desalojar de la Moncloa a Mariano Rajoy en una jugada maestra copiada de Juego de Tronos, hasta la contradictoria alianza con Podemos, o esa habilidad innata para lidiar con los independentismos y no morir en el intento.

Así pues, a Alfonso Fernández Mañueco se le presenta por delante la batalla más dura que, posiblemente, no se resolverá hasta el momento final de la votación. No diremos que el PSOE quiera comprar voluntades en Ciudadanos, pero trabajará hasta el último momento en ‘hacer cambiar de parecer’ a esos cuatro procuradores que necesita. Todo puede pasar. El melón de las mociones se ha abierto y Ciudadanos puede ser determinante para dibujar un nuevo mapa político en España.