Enrique Arias Vega

Enrique Arias Vega

Opinión

Una sociedad cada vez más enfrentada

20 diciembre, 2019 15:09

Los informativos están llenos de algaradas y de violencia en los cinco continentes. No se trata como antaño, de conflictos entre unos países y otros, sino en el interior de las mismas sociedades.

Acabo de leer un artículo del pensador Moisés Naím, que nos aproxima al tema. Alianzas repugnantes, lo titula, y explica que cada vez más “el odio entre los contrincantes hace imposible acuerdo alguno”. ¿Les suena la frase en un momento en que aquí no se logra formar Gobierno porque cada uno echa la culpa a los demás?

Sucede en todas partes. Hace nueve años. Bélgica estuvo sin Gobierno 541 días. Hoy, por lo mismo, Israel va camino de sus terceras elecciones en un año.

No se trata de que en la actualidad se viva peor que hace años. En el Chile de la mortífera violencia de estos días, las cifras del Banco Mundial dicen que en el año 2000 un tercio de los chilenos vivía en condiciones de pobreza, mientras que en la actualidad ese porcentaje ha bajado ya del 7 por ciento. No se trata, por consiguiente de que crezcan las diferencias entre unos y otros, pero sí, en cambio, de que aumenta el odio de unos y otros.

Repito que eso ocurre acá y acullá, en Oriente y en Occidente, tanto en países muy golpeados y fracturados como Irak, Siria o Libia, como en la expansiva y hoy más próspera América Latina, donde las ominosas dictaduras de los milicos de hace medio siglo han dado paso a regímenes democráticos, con periódicas elecciones.

Da igual. Los ciudadanos empiezan a odiarse entre sí, convencidos de que los valores morales e ideológicos propios son infinitamente superiores a los de sus rivales. Ya sea en Francia o en Gran Bretaña, en Sudáfrica o en Bangla Desh, por poner ejemplos bien distintos. Lo normal hoy día es demonizar al contrario, en vez de tratar de entenderlo.

El ejemplo más paradigmático de la coexistencia de dos sociedades enfrentadas lo tenemos en los Estados Unidos de Donald Trump. Antes, los electores castigaban a aquellos políticos abocados al desencuentro con sus rivales y los obligaban a retractarse: “He recibido el mensaje de los ciudadanos —les he oído decir tanto a George Bush padre como a Bill Clinton—; lo que ellos quieren es que los distintos partidos nos entendamos”.

Ahora, en cambio, ya ven, demócratas y republicanos andan enfrentados a cara de perro, mientras arden las calles desde Bogotá a Hong Kong y desde Beirut a Barcelona. Parece que no hay tregua.