Marta Basallo en Paseo Independencia, Zaragoza.

Marta Basallo en Paseo Independencia, Zaragoza. E.E

Vivir

Marta, joven católica de 22 años: "Flipo cuando voy a Misa entre semana y estamos cinco abuelos y cuatro jóvenes"

Ha comenzado la Cuaresma y la zaragozana explica que es "un tiempo para acercarse más a la cruz" de Jesucristo.

Más información: Ding, Eva, Cris... Hijos de ateos y rostros del renacer católico de la Generación Z: "Dan por hecho que nos han comido la cabeza"

Zaragoza
Publicada
Actualizada

Cuando Rosalía publicó su último album LUX, se despertó una conversación social entorno a Dios y a la religión fomentada también por la película de Los Domingos, la conversión del actor Jaime Lorente y la entrada en el seminario del influencer Pablo Garna.

Los datos del CIS muestran que esa inquietud religiosa se da especialmente entre los jóvenes. Por primera vez desde 1994  se registra un incremento de católicos de entre 18 y 24 años, pasando del 33,9% en 2021 al 38,5% en 2025.

Marta Basallo, zaragozana de 22 años, forma parte de esa generación que ha encontrado sentido a su vida en la fe. Su caso no es una moda ni una tendencia cultural, su conversión fue a raíz de una experiencia personal marcada por el dolor.

"Mi familia ha sido católica siempre, toda la vida, lo que pasa es que era una fe como superficial", explica en una conversación con El Español de Aragón. "Si iba a Misa era porque tocaba. Practicaba lo justo", añade.

El punto de inflexión llegó con 16 o 17 años, por una situación familiar complicada: "Fue cuando me encontré con una cruz grande en mi vida", recuerda.

Aquella experiencia dolorosa le hizo replantearse su fe: "Me empecé a plantear el motivo del sufrimiento, ¿por qué a la gente le toca sufrir cosas si se supone que Dios es bueno, por qué me está tocando a mí sufrir esto?".

En ese proceso, asegura, descubrió "el amor de Dios al darse cuenta de que Él jamás le había abandonado". Con el tiempo, dice, comprendió que "Dios siempre ha tenido su mano extendida y he sido yo la que no ha querido cogerla".

Marta rezando ante una imagen de la Virgen.

Marta rezando ante una imagen de la Virgen. E.E

A partir de ahí, su fe dejó de ser una costumbre familiar para convertirse en una decisión personal. "Descubrí lo que Dios me quería. Fue como que en mi pequeñez me di cuenta de lo grande que era Dios", afirma.

Empezó a formarse, a acudir a misa entre semana y a rezar con regularidad. "Ya iba porque yo quería, porque necesitaba la comunión".

Su compromiso con el catolicismo comenzó a cambiarla por dentro. "Empecé a materializar un poco la fe en mi vida, a querer mejor a los demás, a ayudar más en casa... Creer en Dios no se trata de rezar todo el rato, sino de encontrar a Jesús en tu día a día e intentar parecerte más a él", resume.

Este miércoles, 18 de febrero, comenzó la Cuaresma, y Marta no faltó a la misa del miércoles de ceniza. "Es el punto de partida de los 40 días para preparar interiormente la Semana Santa".

En este tiempo se vive el ayuno y la abstinencia, es decir no comer carne determinados días: "¡Claro que cuesta! la carne está muy rica", bromea.

Pero enseguida matiza: "Tiene un sentido. Te ayuda a enfocarte en lo realmente importante, que es la centralidad de Jesús en tu vida". Y lo relativiza: "En comparación con lo que pasó Jesús 40 días en el desierto, tampoco es para tanto".

"La gente tiene sed de respuestas y las hemos buscado en sitios donde no están, eso genera frustración"

Frente a la idea general de que la Iglesia es cosa de mayores o de prohibiciones, Marta tiene otra mirada. "Es verdad que muchas veces vas a Misa y ves que hay todo abuelos, sobre todo entre semana", admite. Pero también percibe cambios: "Yo flipo cuando voy a Misa de ocho y media de la mañana y estamos cinco abuelos y cuatro jóvenes. Noto que las cosas están cambiando".

Sobre las normas morales, rechaza la idea de la imposición. "No hay que verlo como una prohibición, sino como un cuidado de la Iglesia hacia los cristianos", sostiene.

Y pone un ejemplo: "No es ‘no tengas relaciones porque es pecado y vas a ir al infierno’, sino ‘cuídate, conoce bien a tu pareja, el sexo es importante y eres más que tu cuerpo’". Para ella, la Iglesia "al ser madre lo que busca es proteger y cuidar".

Ante la nueva corriente religiosa a la que se están sumando los jóvenes, Marta no considera que sea una moda. "Creo que la gente tiene sed de respuestas, de algo grande, y las hemos buscado en sitios donde no están y eso genera frustración y tristeza", reflexiona, aludiendo al aumento de problemas de ansiedad entre los jóvenes.

Más que una moda, la zaragozana habla de que "el ejemplo arrastra". "No somos felices porque sí, sino porque tenemos algo muy grande y sabemos y nos sentimos amados por Dios". Esa alegría, dice, "contagia".