Pablo Mata, en Rumore.

Pablo Mata, en Rumore. E.E.

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Pablo, dueño de dos cafeterías en Zaragoza: "Llegaremos a pagar 4 euros por un café con leche, en Europa ya es así"

El hostelero tiene desde hace 7 años la cafetería Palmaria y en diciembre de 2024 abrió su segundo local, Rumore.

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Zaragoza
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El encarecimiento de la vida es una realidad. La vivienda y los alquileres siguen aumentando de precio en España al igual que lo hacen los alimentos básicos. El aceite de oliva, los huevos o el café son algunos de los productos que mayor incremento han experimentado y que, dado su uso cotidiano, tienen mucho impacto en el ticket de la compra de los ciudadanos.

En el caso del café, desde hace años se observa cómo poco a poco va subiendo unos céntimos y lejos quedan aquellos tiempos en los que se podía encontrar por un euro. De hecho, la OCU señaló a finales de 2025 que en los últimos años había subido un 136% su precio, llegando a máximos históricos. Durante el 2025 subió un 16,3%, según el INE.

Sin duda, en este fenómeno influyen muchos factores, como motivos climáticos en los lugares de cultivo que reducen la producción (Brasil, principal país productor, ha sufrido su sequía más severa en 70 años), la especulación en el mercado o los superiores costes de producción.

Esto, por supuesto, tiene consecuencias tanto en los supermercados como en los locales de hostelería, quienes tienen que ajustar el precio de consumo. Un valor que, según las previsiones, continuará creciendo, aunque quizás a menor ritmo.

Así lo ve también Pablo Mata, dueño de dos cafeterías en Zaragoza. El hostelero abrió hace 7 años su primer local, Palmaria Café, en la plaza San Pedro Nolasco y en diciembre de 2024 la segunda, Rumore, en la calle Jerónimo Blancas.

Cuando empezó en el sector, recuerda que vendían el café con leche a 1,40 euros. Estuvo unos años congelado en 1,5 y ahora lo tiene a 1,90. “Si te sube, al final también lo tienes que subir para el consumo”, explica.

Aun así, Pablo Mata cuenta que el tostadero de Zaragoza (Onawa) con el que trabajan es el mismo desde hace tres años y tienen la suerte de que les han mantenido el precio. “Al tener dos locales y al tener un cierto volumen, hemos podido ajustar ese precio y que nos lo mantengan en la medida de lo posible. Pero es cierto que sobre todo el año pasado, fue una cosa de locos”, argumenta.

Igualmente, afirma que el micro tostadero compra en origen y de esa forma pueden asegurar la cosecha, la cantidad y el producto y negociar algo el precio.

Eso sí, admite que conoce establecimientos a los que les ha "pegado una subida muy considerable", llegando incluso a los 10 euros el kilo.

Cultura del café

No obstante, ante esta situación, el propietario asegura que en España hay una cultura de “café barato” y que esta "va a cambiar en breve".

En ese punto, justifica que desde las cafeterías “se está apostando por un producto más especial, aunque no sea precisamente café de especialidad”.

“Un café con leche llegará tranquilamente a costar 4 euros. Cuando vas a Europa, a cualquier país, ves que no baja de 4 euros en ningún sitio”, añade Mata.

Factores

Además, Pablo Mata repasa algunos de los factores que influyen en la subida. Por ejemplo, hace énfasis en la especulación o los cultivos: “El café es un bien que cotiza en bolsa, hay mucha especulación con las cosechas. Ha habido otro problema que son las plagas o las sequías que ha habido en el cultivo”.

También hay que tener en cuenta los hábitos de consumo de la gente, pues considera que cada vez los jóvenes se cuidan más y mientras ha bajado el consumo de alcohol, se apuesta por una vida más sana donde el café tiene más protagonismo.

De hecho, el emprendedor señala que en su cafetería se piden muchas infusiones, siendo que antes se veía como una bebida de personas mayores. “Está muy bien presentada, es un producto de mucha calidad. Es un tercio de lo que sacamos aquí”, defiende.

El éxito de Rumore

Por otro lado, haciendo balance de su primer año, reconoce que están muy satisfechos porque la acogida “ha sido estupenda”. “Ha sido un año de locura, mejor imposible. Diferenciamos en dos temporadas, la de más frío, que es cuando se mete aquí la gente, y la temporada de verano, que la gente busca terrazas”, reflexiona.

No obstante, cuenta que eso es “bueno y malo”, porque no siempre se puede dar el mejor servicio. “Tienes que fomentar que la gente mueva un poco más, porque es un local en el que se está muy a gusto”, explica, a pesar de que no tiene ninguna queja y sabe que es un afortunado dentro de la hostelería.