Natalia, propietaria del bar Ucramaña.

Natalia, propietaria del bar Ucramaña. E.E.

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Natalia, emprendedora ucraniana y dueña de un nuevo bar en Zaragoza: "Si abro 11 horas al día, yo trabajo 13"

La hostelera abrió el bar Ucramaña hace unos meses en el mismo local en el que estuvo trabajando durante dos años.

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Zaragoza
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Con mucho esfuerzo, pero cargada de ilusión, Natalia inauguró el pasado 19 de septiembre un nuevo bar de barrio en Zaragoza. Bajo el nombre ‘Ucramaña’, conjuga a la perfección su origen ucraniano y su vida en Aragón desde hace ya 24 años.

Natalia comenzó su vinculación con el mundo de la cocina y la hostelería en Ucrania, con tan solo 18 años. Empezó siendo camarera en un campo para niños y desde entonces siempre se ha dedicado a ello.

Una vez en Zaragoza siguió con la profesión y poco a poco fue aprendiendo más hasta decidir montar algo propio, con el respaldo de sus años de experiencia y del dinero ahorrado.

Así nació Ucramaña, que se instala en la calle de los Fueros de Aragón, 20. En concreto, en la misma ubicación del bar en el que Natalia trabajó durante dos años.

Cuando los anteriores propietarios dejaron la actividad, la ucraniana decidió quedarse en el local, ya que conocía a la gente del barrio y estaba a gusto en la zona.

Han sido los vecinos los que han arropado a Ucramaña en sus primeros meses, según cuenta Natalia. “La gente del barrio es muy amable, viene mucho. Les gusta lo que hacemos, las raciones y tapas. Estoy muy contenta”, asegura.

En este aspecto, reconoce que en la calle hay “poca gente de paso”, por lo que la mayoría de quienes les visitan viven cerca. Aun así, también confiesa que hay clientes que han ido de propio porque lo han visto en Internet y confía en que las redes sociales le den publicidad.

Tapas y raciones

Por otro lado, Ucramaña destaca por su esencia de bar de barrio, donde poder bajar a tomar un café a cualquier hora del día, el vermú o un bocadillo o raciones.

En un amplio espacio y con una larga barra, propone una gran variedad de tapas, como gildas, croquetas, empanadillas, salmuera y otros montaditos típicos.

Igualmente, su carta cuenta con entrantes fríos o calientes, desde una tabla de ibéricos, lomo ibérico, queso curado, escalibada con anchoas, tomate rosa, ventrisca de bonito y ensaladilla rusa, a unas bravas de la casa, migas a la pastora, huevos rotos, alcachofas, gambas al ajillo, morcilla de burgos y lacón.

Por supuesto, tampoco faltan los bocadillos. Aunque solo haya tres, son camperos planchados en mollete andaluz y acompañados de patatas. El primero contiene pollo crujiente con queso, tomate, salsa miel y mostaza, el segundo es de hamburguesa de ternera, queso, tomate y pepinillo y el tercero de bonito con anchoas y boquerones.

Además, hay otras tostadas de salmón, aguacate y tomate; de crema de cabrales, anchoas y nueces; y de jamón, tomate y aceite de oliva.

Por último, los postres no se quedan atrás, con un coulant, una tarta red velvet o queso curado con membrillo y nueces.

Acaparando gran parte de la pared del establecimiento, los vinos también son protagonistas, predominando los de la D.O. Somontano, Campo de Borja y Rueda.

Horas de trabajo

El horario de apertura es de 9.00 a 16.00 y de 19.00 a 23.00 (una hora más tarde los fines de semana) y siempre que la persiana esté subida, dentro estará Natalia. “Yo lo abro y yo lo cierro. Si el bar está abierto 11 horas al día, yo trabajo 13”, afirma.

No cabe duda de que la hostelería requiere sacrificio y muchas horas de trabajo, aunque todo merece la pena con el cariño de los clientes. Eso sí, la propietaria cuenta en el equipo con una camarera y una chica en cocina.