Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal.

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal. E.E Zaragoza

Opinión

¿Debería Zaragoza empezar a pensar en un área metropolitana?

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Ebrópolis (Asociación para el Desarrollo Estratégico de Zaragoza y su Entorno), que se creó el año 1994 entre el Ayuntamiento de Zaragoza y agentes sociales, económicos e institucionales de toda la ciudad, elaboró el año 1998 un Plan Estratégico para Zaragoza y su área de influencia que contemplaba el diseña de un futuro posible (y deseable) para eso que suele llamarse Área Metropolitana, que podríamos definir como un Área Funcional, al estilo de las mancomunidades o de los consorcios, como el del transporte. Es decir, gestionar servicios de forma común para ser más eficientes.

Aquel Plan se elaboró con base en un diagnóstico previo, estableciendo los objetivos a alcanzar para un crecimiento equilibrado, que garantizara el progreso en todos los ámbitos; todo ello consensuado entre todos los participantes.

La comisión de seguimiento que se creó posteriormente para impulsar las medidas del Plan Estratégico puso en la misma mesa a todos aquellos que tenían algo que ver con el desarrollo de la ciudad y su entorno, tanto desde el punto de vista administrativo como empresarial, vecinal, sindical, académico, etc. Una oportunidad de diálogo y conocimiento mutuo que no ha vuelto a repetirse en esta ciudad.

Aunque hubo una puesta al día el año 2006, los acontecimientos posteriores, como la creación de Plaza (impulsada y apoyada desde Ebrópolis) y otra en 2011, la llegada de la Expo dinamitó todas las previsiones y se aceleraron todas las inversiones. Hubo otra actualización el año 2016 y se elaboró la Estrategia +20 (mucho más teórica que practica). Pero ninguna llegó al consenso y unidad de acción como el primer Plan Estratégico.

Hoy, cuando ciudades del tamaño de Zaragoza y aún más pequeñas diseñan sus áreas metropolitanas Ebrópolis ha decidido poner en marcha un nuevo plan, que denomina “Estrategia Metropolitana de Zaragoza y su entorno”.

Está en sus inicios y parte de un primer análisis elaborado por la Diputación Provincial de Zaragoza que define como “Hacia una Estrategia coordinada”. Identifica cinco ejes o grandes áreas: movilidad y conectividad metropolitana, vivienda y hogar, servicios y equipamientos compartidos, planificación industrial y desarrollo de la actividad económica, y medio natural y gestión de los recursos.

No se trata de crear un nuevo órgano administrativo que complique más la vida de los ciudadanos con mayor burocracia, sino de reconocer que el espacio de la vida colectiva crece, estableciéndose conexiones de todo tipo, desde laborales a inmobiliarias, servicios compartidos, etc. de manera que las políticas públicas deben ser pensadas de la misma manera. En una palabra, imaginar un futuro que aunque no llegue a llevarse a cabo en su totalidad, evite las decisiones inconexas que a lo largo del tiempo acaben desestructurando un espacio en el que cada agente, sin contar con los demás, tome decisiones que acabarán afectando a todos.

Es cierto que determinadas inversiones, como una red de cercanías, solamente es capaz de llevarlas a cabo la Administración Central, pero la unanimidad y el empuje de un órgano que representa a una gran parte de la sociedad zaragozana y del entorno, pueden ser un factor determinante.

Nuestro entorno es peculiar. Aunque tengamos más habitantes que Sevilla, si miramos sus entornos nos bajaremos del pedestal. Sevilla cuenta con una orla de municipios a su alrededor que suponen otro tanto de habitantes. Zaragoza cuenta con un espacio semivacío que ofrece oportunidades que hay que analizar y desarrollar.

Es evidente que la movilidad condiciona el desarrollo, que la vivienda presenta realidades diferentes entre los municipios, que habría que concentrar equipamientos en los municipios con más centralidad y establecer una red equilibrada, que hay que planificarlos con criterios globales y que la proyección ambiental es el eje que va a condicionar todas las demás políticas. Pero todo esto marca las líneas de pensamiento y proposición a ofrecer a las administraciones e instituciones para llegar a consensos de manera que se puedan fijar objetivos sencillos pero posibles.

Es cierto que la falta de coordinación entre instituciones ha impedido habitualmente alcanzar acuerdos, pero el Consorcio de Transporte, el buen funcionamiento de las Mancomunidades o la propia existencia de Ebrópolis demuestran lo contrario.

Que es falta de voluntad.