Esther Linares, secretaria de Política Sindical y Diálogo social de UGT Aragón.

Esther Linares, secretaria de Política Sindical y Diálogo social de UGT Aragón. E.E Zaragoza

Opinión

Absentismo: un diagnóstico real para una solución compartida

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Informes elaborados por Mutuas y Empresas de trabajo temporal (ETT) alertan sobre el incremento y las repercusiones económicas del absentismo en las empresas. Frecuentemente vemos cómo se hace eco una y otra vez el mensaje de las patronales que reduce la salud y la seguridad laboral a una simple cifra económica, dejando en el aire la sospecha de fraude de las personas trabajadoras en un proceso de incapacidad temporal (IT). Esta reiteración produce lo que se llama efecto ilusión de verdad, la familiaridad facilita que el cerebro procese el mensaje y al escucharlo repetidamente, acaba por asociarlo con la certeza, evaluándose como creíble incluso sin pruebas reales.

En ninguno de estos informes se habla de la protección de la salud en el trabajo, de las enfermedades con origen laboral y que, en este país, no pueden ser reconocidas como profesionales. Tampoco se tratan los datos sobre la fuga a la enfermedad común de procesos de accidentes de trabajo, que tras un alta prematura por parte de las mutuas, el accidentado no puede incorporarse al trabajo porque su estado de salud no es compatible con su actividad laboral y acude a su médico de familia que inicia un nuevo proceso de baja por enfermedad común.

Por ello, para tener un debate honesto, primero debemos desmontar el concepto distorsionado de "absentismo" que a menudo se utiliza en los discursos empresariales. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el absentismo laboral excluye explícitamente los periodos vacacionales, las huelgas y el periodo de baja laboral atribuible a una incapacidad médica. El error de mezclar conceptos como las vacaciones, los permisos por nacimiento o cuidado del menor o incluso los ERTES con el absentismo injustificado solo sirve para inflar artificialmente las cifras y culpabilizar a la plantilla.

El primer paso es definir el problema que realmente se quiere atajar, es decir llamar a las cosas por su nombre, el incremento de la incidencia y duración de las bajas laborales por motivos de salud.

Las cifras son contundentes: según los datos de un informe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, AAI (AIReF) elaborado a partir de la Estadística de Incapacidad Temporal del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el gasto total relacionado con la prestación por incapacidad temporal de la Seguridad Social ha experimentado un crecimiento en los últimos años, hasta alcanzar un importe de 16.464 millones de euros en 2024, lo que supone un incremento sobre la cifra de 2008 (7.534 millones de euros) de un 54,24%. Sin embargo, este incremento no responde a una "picaresca" individual. Por un lado, el colapso de la sanidad pública, con esperas para una consulta de un médico especialista o para una prueba diagnóstica que, en Aragón en muchos casos, superan los 180 días, lo que cronifica y agrava las patologías, alarga las bajas de forma innecesaria y genera nuevos problemas de salud derivados de la situación.

Nadie quiere estar enfermo. En todos estos foros sobre el mal denominado “absentismo” no se menciona el estado de salud, ni las repercusiones económicas y personales que conlleva, ni la desesperación por la espera de que llegue una cita para una prueba diagnóstica, sin poder retomar tu vida; así como, la pérdida de oportunidades laborales por una intervención quirúrgica que debería haberse realizado hace meses.

Por otro lado, vivimos una epidemia silenciosa de salud mental a la que no se está dedicando la atención y los recursos necesarios. Según un informe de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), el 40% de los trabajadores en España identifica su empleo como la principal causa de estrés, ansiedad o depresión. Las causas son múltiples y tienen origen en la velocidad de transformación de los entornos laborales y la cada vez más difícil separación entre la vida laboral y la vida personal, que poco a poco vamos normalizando como parte de nuestra personalidad o circunstancias particulares.

Sin embargo, el principal reto que enfrentan hoy empresas y trabajadores no es la falta de compromiso, sino un sistema de salud público colapsado y una prevención de riesgos laborales en unos casos inexistente, en otros burocratizada y en muchos casos al margen de la actividad laboral real.

Nadie se pregunta por qué las empresas con buenos salarios, con buen convenio colectivo, con clima laboral sano, condiciones de trabajo adecuadas y compromiso real con la prevención de riesgos laborales, las ratios de bajas por IT son mínimas.

Si realmente queremos atajar el problema, en lugar de culpabilizar al eslabón más débil, el foco hay que ponerlo en las empresas con mayores índices de siniestralidad, con más porcentaje de días de baja por enfermedad. La solución requiere un compromiso real entre administración, empresarios y sindicatos porque el mal llamado absentismo sirve como indicador de las condiciones de trabajo de la empresa, del método de la organización del trabajo, de la política en la gestión de los riesgos laborales y de la práctica de la planificación de la prevención de la actividad productiva. El modelo de gestión empresarial y la participación de la plantilla aportando sus conocimientos desde su experiencia en los puestos de trabajo determinan la tendencia del absentismo a futuro.

Reducir la siniestralidad y las bajas es un objetivo compartido. No se logra recortando derechos ni bajo la sospecha sistemática, sino transformando los centros de trabajo en espacios seguros y saludables, en los que se busca la motivación y participación. Una plantilla sana es el único cimiento sólido para una empresa productiva.