Constancio Navarro. E.E.
Aprovechando el inicio de las obras de la antigua estación (lo que llamamos El Portillo) se está produciendo un debate sobre el modelo de urbanismo de la ciudad, de sus resultados; del modelo de ciudad, en suma.
Este espacio parece haberse diseñado por técnicos (seguro que muy profesionales), pero aparentemente desde fuera hacia adentro. Es decir, parece que ha primado la cuestión viaria, resolver cómo los vehículos entran en la ciudad y circulan por ella, prolongando la avenida Ciudad de Soria (de 8 carriles, una auténtica muralla que separa La Almozara de Las Delicias) hasta el corazón de la ciudad. Solo después parece que se han delimitado zonas de edificación y de equipamientos (sin que se sepa su destino) y finalmente, en el espacio residual, se han dibujado unos jardines más o menos acertados o adaptados a las necesidades de los vecinos.
Y cuando se ha empezado a demoler el edificio de Correos se han levantado voces ciudadanas para salvarlo, para que sea utilizado por ellos como espacio de relación.
Lo cierto es que es un proyecto aprobado, adjudicado y en ejecución (ha costado muchos años que los promotores se pusieran de acuerdo), por lo que si se decide su demolición seguirá todo como lo planeado, pero si se decide su mantenimiento habrá que modificar “sustancialmente” el proyecto, lo que con seguridad llevará aparejado aumento de costes y prolongación del plazo de ejecución. El tiempo dirá que es lo que ocurre.
Pero estábamos hablando del modelo de urbanismo, del modelo de ciudad. Lo cierto es que una ciudad está constituida por barrios. Algunos con límites físicos más o menos claros y otros en los que predomina un “sentido de pertenencia”. Podemos definirlos como esa parte de ciudad en la que encontramos prácticamente lo que solemos necesitar en la vida diaria, ese espacio del que no hace falta salir para “vivir”. Normalmente tienen su “centro” y sus vecinos suelen organizarse para su participación en los asuntos públicos en aquellos asuntos que les afectan. Hoy los distritos y sus Juntas agrupan varios de ellos, superando sus límites.
Aun cuando hay barrios de personas con mayores ingresos y otros con menores, la mezcla, la no segregación, suele tener efectos beneficiosos para los ciudadanos, para la convivencia, representando (o debiendo representar) cada uno de ellos el total de la ciudad. Además los barrios necesitan espacios de relación, de convivencia, llámense centros cívicos o centros de convivencia, escuelas infantiles, espacios deportivos, descentralizar actividades y servicios, etc. En definitiva, satisfacer las necesidades de sus habitantes (desde la infancia hasta la vejez), poder desarrollar la “vida urbana” potenciando la conciencia de barrio.
Y hablando de potenciar la conciencia de barrio, hace falta mucha más participación ciudadana en la toma de decisiones municipales.
Decía el escritor germano-estadounidense Charles Bukowsky que la diferencia entre democracia y dictadura es que en democracia primero se vota y luego se reciben órdenes y en la dictadura no hay que perder el tiempo votando. Quizá esto sea exagerar.
Pero ¿alguien ha consensuado o preguntado a los vecinos del entorno de El Portillo qué necesidades tienen, que tipo de parque necesitan, que equipamientos son más necesarios? Parece que no. Aunque seguro que en algún despacho municipal existen sesudos estudios de los barrios implicados y de sus carencias y necesidades. Y seguro que siguen en algún cajón.
Hace quince días decía que en las promociones del corredor verde del barrio de Valdefierro no hay ni un solo local comercial. Ya se ha constituido una asociación de vecinos para reivindicar un barrio, una parte de la ciudad, un modelo de ciudad, distinto al que se ha construido.
Una oportunidad que la ciudad ha estado esperando durante décadas va por fin a materializarse sin haber contado con los usuarios. Con toda seguridad será bueno para la ciudad en su conjunto y para los barrios a su alrededor, pero cuando hablábamos del modelo de ciudad nos referíamos al modelo que sus habitantes quieren, puede que diferente en cada barrio, pero seguro que unánimes en relación con los ejes que vertebran la ciudad en su conjunto.
En resumen, la calidad urbana la suelen definir sus usuarios, debiendo tenerla en cuenta tanto los técnicos como los políticos. ¿Esto es pedir un imposible? No debería serlo.