Hay una herramienta que llevo usando muchos años de manera completamente inconsciente en cada conversación. Y no le di la importancia que tenía hasta hace más o menos año y medio.

La gente no me paraba de decir: “nunca había contado esto a nadie”, "no sé por qué, pero contigo me sale compartir esto” o “me siento súper cómodo hablando contigo”.

Y, curiosamente, es algo que hacemos de forma innata desde pequeños, pero se nos va olvidando con la edad. Nos volvemos rígidos, solo queriendo escuchar lo que está de acuerdo con nuestras ideas.

¿Ya sabes que es?

Sí, la curiosidad.

Preguntar tratando de entender a la otra persona y preguntándole por lo que le interesa. No de imponer tu punto de vista y lo que debería hacer. Preguntar y escuchar como cuando un niño no entiende algo.

Te prometo que no hay mejor forma de conectar con una persona que hacer que se sienta escuchada y no se sienta juzgada. Y para que se sienta escuchada y no juzgada, adivina qué hay que hacer: escuchar y no tratar de imponer tu punto de vista.

Si prestas un poco de atención a cualquier conversación, se basa en que cada uno se lleve lo que se está hablando a su terreno, e imponer lo que cree que es mejor.

Y no lo digo como si yo fuera un santo. Si me hubieras cogido hace años, era literalmente así. Intentaba "arreglar" a las personas, cambiar sus ideas o demostrarles que estaban equivocadas. Me frustraba ver a alguien con una mentalidad que, desde mi punto de vista, no le llevaba a nada bueno.

Creía que, si me esforzaba lo suficiente, si le mostraba con argumentos o insistía bastante, al final cambiarían. Pero no lo hacían.

Y con el tiempo, después de muchas conversaciones que acabaron en nada, me di cuenta de algo: hay muchas personas que no quieren cambiar. Y no es mi trabajo hacer que cambien de opinión ni que vivan mejor si no quieren.

Al tiempo, parando y pasando tiempo conmigo mismo, me cuestioné por qué quería cambiar a personas que no quieren cambiar. Es lo más egoísta, en el mal sentido de la palabra, que podía hacer. Estaba dispuesto incluso hasta a hacer sentir mal a la otra persona, con tal de sentir que yo tenía razón.

Hoy ya no intento cambiar a nadie. Si alguien quiere cambiar de verdad y entenderse, me pedirá mi punto de vista si ve que le puede servir. Y, mientras tanto, tomo cafés con personas con el único foco de entender cómo viven y piensan. En lugar de imponer mi visión, me pregunto qué le ha llevado a pensar como piensa, a actuar como actúa. Y así entiendo mucho mejor cómo funciona el ser humano y la sociedad.

Hablando ya sea con personas que viven en la calle, hasta los empresarios que he entrevistado en mi podcast Café con Nacho.

¿Cómo creé Café con Nacho? Descubrí que tenía mucha curiosidad, y eso me llevaba a generar una confianza muy fuerte con las personas en unos pocos minutos. Si sacaba algo de tiempo en mi día, lo dedicaba a quedar con personas y entender cómo vivían.

En definitiva, me di cuenta que lo que me gustaba de verdad era tomarme café con personas interesantes y que me contaran su historia. Y pensé, ¿cómo puedo hacer para llevar estas historias y mensajes a personas que no tienen el tiempo o la capacidad de llegar a este tipo de perfiles? Así que compré 3 cámaras, tengo esas mismas conversaciones, y de repente lo ven miles de personas.

Ya hay suficientes mensajes de odio y polarización. Quise mostrar que hay otra forma de entender el mundo, donde podemos unirnos en vez de competir por superar al vecino o a tu cuñado.

Te voy a poner un ejemplo extremo, que no sería así, pero seguro que entiendes el significado.

Si alguien me dice: “ayer maté a 3 personas”, mi respuesta intuitiva es: “y ¿por qué?”. Con curiosidad. No me sale juzgarle, me sale tratar de entender por qué hace lo que hace. Y desde esa curiosidad, aprendo mucho más que juzgando a alguien sin ponerme en su situación y pensando que yo hago todo bien siempre.

Con el tiempo, esta forma de relacionarme me ha llevado a lugares que nunca imaginé. Las redes sociales, por ejemplo, se convirtieron en un amplificador de mi curiosidad. Lo que comenzó como una pregunta sencilla “Si tus padres fueran a morir mañana, ¿te arrepentirías de no haberles dicho algo?"se transformó en millones de personas reflexionando, compartiendo y mejorando las relaciones con sus seres queridos. No fue porque yo tuviera todas las respuestas, sino porque me atreví a hacer preguntas que todos llevamos dentro pero que, muchas veces, no nos atrevemos a preguntarnos.

Es curioso cómo algo tan básico como preguntar puede convertirse en un puente hacia crear relaciones de corazón. Bueno, no solo preguntar, sino luego escuchar con atención y curiosidad. No por conseguir a esa pareja que te gusta, no porque así conseguirás lo que te interesa del otro; sino porque de verdad te interesa entender cómo ve y entiende la vida ese otro ser humano.

Ahora presta atención en cada conversación si solo buscas hablar de tus temas e imponer tu punto de vista; o de verdad te interesas por la otra persona.