El cantante y compositor Leiva, durante el concierto en el Ibercaja Estadio, en Zaragoza EFE
La gran noche de Leiva en Zaragoza: y al final los diarios tuvimos que hablar de… Lady Madrid
Leiva conquistó Zaragoza en un inolvidable concierto en el Ibercaja Estadio.
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Aunque la ciudad todavía no se había dormido, estábamos los de siempre, casi 25.000 almas gritando en el Ibercaja Estadio. La gran mayoría de las almas teníamos más noches que la Luna, uno de Calatayud llegó a decir que era su decimocuarto concierto de Leiva.
Algunas de las almas suponemos tendrían las alas rotas, otras buscaban guía espiritual y muchas creíamos en Dios no solo cuando se mueve el avión, sino al sentir cada nota de esta gran banda y especial del 'fuck Juanchito'. Pero todas disfrutando de un concierto por el que el maestro Leiva podría ser nombrado hijo adoptivo. Al fin y al cabo su madre es maña. Alcaldesa, échale un ojo a este tema.
Con una puntualidad británica, daba comienzo el show. La organización de acceso, buena; estaba trillado con tanto partido; la del interior del concierto, mala. Muchos no pudimos saber si las barras eran vertederos de amor o simplemente un lugar inaccesible y acabamos 'hasta los huevos esperando un milagro' para poder pedir. Finalmente, los pequeños cerveceros se quedaron en minúsculos.
Aunque todo había sido terriblemente cruel en el Ibercaja Estadio, al fin ha pasado algo bueno. Y es que la vida nos cambió a los zaragocistas en un segundo extraño. Tuvimos más de 100 días para remediar lo que estaban haciendo 11 jugadores, empezamos como un halcón herido por las flechas de la directiva y acabamos con el ala rota y en Tercera. Sí, en Tercera. Sin eufemismos. Pero todo esto hasta ayer. Hoy el Ibercaja Estadio ya puede escribirse con mayúscula, ya solo no se va a sufrir. Al fin.
El maestro repasó sus grandes éxitos propios y de extraños. Recordar a Rubén de Pereza, otrora su hermano, fue un gesto de señor vestido, y no de insecto. Ellos que se comieron el mundo escribieron grandes letras, ahora himnos para los viejos rockeros que viajan en Harley y ahora ya en Mini eléctricos.
En mitad de concierto se hizo el silencio. Casi lo disfrutamos cuando empezaron los acordes y el estadio se mantuvo en un silencio atronador, encontramos el silencio en todo el ruido mental que había allí, pues todas las canciones se gritaron, y algunas incluso se desafinaron por los presentes. Pero la acústica de la banda era de monstruos gigantes.
Zaragoza necesitaba un gran concierto, un acierto traerlo. Se escuchaba hablar en catalán, en español y hasta algún foráneo de Alagón. Los hoteles y bares lo celebrarían. Felicidades Aragón TV por tus 20 años, esperemos que pronto cumplas 25 y lo repitas. Entonces tendremos un estadio nuevo y, ya que el Zaragoza no nos dará ninguna alegría, espero que lo haga su hijo adoptivo. Y es que nunca se nos olvidará esta noche…