El antiguo edificio de Correos, junto a la antigua estación del Portillo en Zaragoza.

El antiguo edificio de Correos, junto a la antigua estación del Portillo en Zaragoza. E.E Zaragoza

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El edificio que Zaragoza podría perder para siempre: "Derribarlo es perder también la historia de la ciudad"

El Gobierno de Aragón ha paralizado el derribo del antiguo edificio de Correos en Zaragoza hasta que se resuelva el expediente sobre su catalogación.

Más información: Paralizado el derribo del antiguo edificio de Correos en Zaragoza hasta que se resuelva si es Bien de Interés Cultural

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En 1973, Zaragoza vivía un momento de transformación urbana. La ciudad crecía, modernizaba sus infraestructuras y miraba al futuro. En ese contexto nació el edificio de Correos junto a la estación del Portillo, una construcción que durante más de medio siglo ha formado parte del paisaje urbano y que ahora está a punto de desaparecer.

Esta semana, las máquinas comenzaron a echar abajo este histórico edificio, donde se pretende crear un gran parque. Una demolición que, si bien tiene todas las licencias pertinentes, no ha estado exenta de polémicas y quejas tanto de los vecinos de la zona como de entidades patrimoniales.

Precisamente este jueves, tras cuatro días de trabajos que ya han dejado desperfectos visibles en la infraestructura, el Gobierno decretó la paralización del derribo hasta que se resuelva el expediente que determine si el edificio debe ser catalogado como BIC o bajo otra figura que señale que este debe estar bajo protección.

Con o sin etiquetas, este edificio tiene su historia que, a su vez, forma parte de la de Zaragoza. Una que, con el fin de los trabajos, "se perderá para siempre". Así lo asegura a este diario Jesús Martínez, historiador, quien asegura que "cuando se eliminan los edificios que tienen valor, se pierde la identidad de la ciudad".

"En Zaragoza todo lo que no esté recién hecho o no tenga tres siglos de antigüedad parece que se puede derribar. Y es una barbaridad", afirma. De hecho, señala que de los 31 edificios catalogados en la ciudad por la fundación Docomomo -organización internacional que documenta y protege la arquitectura del Movimiento Moderno-, cuatro han sido demolidos en los últimos dos años. "Es más del 10%. La Universidad Laboral, el Monasterio de Santa Inés, el cuartel de Mayandía y ahora este. El problema es que no hay ningún respeto por el patrimonio reciente", subraya.

El edificio de Correos fue proyectado por el arquitecto madrileño José Luis González Cruz (nacido en 1935), quien trabajó para la Dirección General de Correos y Telégrafos y desarrolló una amplia producción en Madrid durante las décadas de los 60, 70 y 80. "Es una obra de plenitud de este arquitecto, de su etapa más productiva y madura", explica Martínez. Aunque no lo califica como "una joya", sí lo define como "una obra muy representativa y de calidad de los años 70, que tampoco sobran".

Arquitectónicamente, el edificio mantiene "un diálogo temporal" con la estación del Portillo, "levantada en la misma época". Ambos comparten, según el historiador, ese aire característico de los años setenta. Eso sí, sobre el debate de si el edificio es brutalista o no (estilo arquitectónico muy valorado y actualmente muy dificil de encontrar), Martínez confirma que "sí tiene toques brutalistas, como el uso del hormigón armado visto y esa rotundidad formal, pero no es puramente brutalista".

Pero ello no justifica su desaparición. El inmueble también incorpora elementos cerámicos y un muro cortina de cristal, lo que lo convierte, a su juicio, en "un edificio formalmente rico y complejo". En cualquier caso, resta importancia a las etiquetas: "No podemos pensar que solo por ponerle un nombre a un edificio ya tiene valor o deja de tenerlo".

Para el historiador, la clave no es únicamente este inmueble concreto, sino la tendencia general a derribar en lugar de reutilizar. "Es más fácil tirar y hacer algo nuevo que pensar cómo adaptar un edificio que ya no sirve para su uso original", señala. Recuerda que en toda Europa existen numerosos ejemplos de reconversión de antiguas instalaciones industriales o administrativas que hoy forman parte del atractivo de ciudades modernas. "Luego viajamos y decimos qué bonitas son, pero aquí no lo quisimos conservar", apunta.

Recuerda precedentes al edificio de Correos, como la Torre Nueva, el Teatro Mignatelli o el caso del Teatro Fleta, cuyo derribo parcial dio paso a décadas de solar vacío. "Antes de empezar a demoler es cuando hay que hacer las cosas. Después, lamentarse no sirve de nada", afirma.

Además, destaca que el edificio de Correos se encuentra en "buen estado" de conservación, sin alteraciones significativas con el paso del tiempo. Al menos hasta que las máquinas comenzaron a trabajar. Y, entonces, ¿cuál sería el motivo de su derribo? El solar, cuyo valor económico es "muy alto". "Si lo derribas y construyes alrededor viviendas que se venderán a buen precio, se entiende perfectamente. Es una cuestión puramente económica", afirma.