Víctor Villacampa, en Ultramarinos La Confianza.

Víctor Villacampa, en Ultramarinos La Confianza. E.E

Huesca

Víctor Villacampa, el dueño del ultramarinos más antiguo de España, desde 1871: "Fuimos portada del New York Times"

Esta tienda, ubicada en Huesca, está exactamente igual a cuando se fundó hace 155 años.

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Zaragoza
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"El local lleva 155 años y no tiene absolutamente ninguna modificación. Tanto las estanterías como los suelos, la mayoría de los cristales, el mostrador, el sótano o la bodega se conservan en su forma original desde 1871", explica Víctor Villacampa, dueño de uno de los tesoros mejor guardados y cuidados de la capital oscense: Ultramarinos La Confianza.

Este histórico comercio, en el que prácticamente nada ha cambiado desde hace más de un siglo y medio, ostenta el título de la tienda de ultramarinos más antigua de España y de Europa.

Curiosamente, su origen comienza con un francés: Hilario Vallier, quien fundó el establecimiento en 1871. Poco después, el negocio pasó a manos de la familia Villacampa, que desde entonces lo ha cuidado generación tras generación.

Algo tiene lo antiguo que despierta admiración y nostalgia. Una mezcla de sabiduría, experiencia y relatos invisibles que flotan en el ambiente y que conectan directamente con la emoción.

Entrar en La Confianza es viajar al pasado. Los sentidos se activan de inmediato: la vista se recrea en un comercio lleno de curiosidades, utensilios y detalles originales de época; una decoración extraordinaria que culmina en el techo, donde se despliegan las pinturas del artista oscense León Abadías, una alegoría al comercio del siglo XIX.

Interior de Ultramarinos La Confianza, Huesca.

Interior de Ultramarinos La Confianza, Huesca.

El olfato también nos traslada a otra época con aromas de especias, bacalao, chocolate y café.

"Todavía se conserva la forma de venta tradicional de siempre de los ultramarinos: las legumbres, el bacalao, las especias, el café o el chocolate. Pero es cierto que hace años hubo que incorporar muchos productos de aquí, del entorno más cercano, de la provincia de Huesca y de Aragón, porque el turismo es lo que más demanda", explica Víctor Villacampa a El Español de Aragón. Calmado, sereno, de voz profunda, muy acorde con el estilo elegante y apacible de la tienda.

Techo  de Ultramarinos La Confianza, Huesca.

Techo de Ultramarinos La Confianza, Huesca.

La Confianza es un museo vivo, aunque para él siempre ha sido su casa: "Es más un museo que un establecimiento, pero en realidad ha sido mi casa desde que nací, y también la de mi hermana. Correteabas por ahí, jugabas, hacíamos los deberes en el mostrador... y tampoco lo admirábamos. Hoy en día, gracias al cliente, a los amigos y a mucha gente, nos vamos dando cuenta de lo que tenemos y de que hay que protegerlo, como lo hemos hecho siempre", reconoce.

Mantener un comercio de estas características no es fácil. Y menos aún siendo un negocio privado.

"No tenemos ayudas públicas, pero el Ayuntamiento nos anima a mantenerlo así"

"Subsistimos. En una ciudad de tamaño modesto como Huesca, con un turismo también modesto, y tener un establecimiento así fuera de una gran capital, es muy complicado. Si no fuera por mucho esfuerzo, sacrificio, muchísimas horas y dedicación, sería prácticamente imposible que esto siguiera. A veces no podemos asumir ni siquiera el mantenimiento", confiesa.

Hace años se intentó restaurar parte de las pinturas del techo, una intervención que solo fue posible gracias al apoyo de la Academia de Bellas Artes de San Luis. "No tenemos ayuda pública, es muy complicada, pero el Ayuntamiento sí que nos anima a mantenerlo así y nos pone facilidades", añade.

Al frente del mostrador sigue estando su madre, Mariajesús, con 81 años, trabajando mañana y tarde. Toda una vida dedicada a la tienda. Es fácil encontrarla junto a la antiquísima guillotina de cortar bacalao, uno de los productos estrella, atendiendo y cuidando a cada cliente con mimo.

Lugar de encuentro

Más allá de la historia que rezuman el suelo, el techo, el mobiliario, los carteles centenarios, las herramientas o las cajas, hay algo que mantiene viva la esencia de La Confianza: el encuentro con la gente.

"Cada día se forma una pequeña tertulia con los clientes. Estas tiendas tienen esa parte de conversación, a veces hasta de psicología. Nos contamos cosas, compartimos momentos. Y el turismo también es muy enriquecedor, porque viene de todas partes del mundo", relata Víctor.

"Esta misma mañana hemos tenido gente de Venezuela y hemos estado charlando sobre la actualidad, sobre Trump, sobre Maduro… Siempre hay intercambio, y eso pasa todos los días", cuenta con naturalidad.

La tertulia, la 'cháchara' descomplicada y confiada se mantiene en los comercios de proximidad, en los negocios "de toda la vida" que protegen la cercanía y la atención personal en riesgo de desaparición por la entrada de la venta online, más fría y distante.

Ultramarinos La Confianza, Huesca.

Ultramarinos La Confianza, Huesca. E.E

"Es inevitable, eso es rápido, cómodo y mucho más barato a veces, pero este tipo de negocio, lo que nos está ofreciendo, este tipo de negocio me refiero a todos los pequeños negocios que hay repartidos por toda España, a las pequeñas ames, a los pequeños emprendedores, a los mayores que todavía conservan y luchan en pequeños negocios, pues tienen eso... Sobre todo, poner la cara", reflexiona el tendero.

"Poner cara. Eso me lo enseñó mi padre, vamos cuidar el trato personal", aclara Víctor. Un valor casi en extinción en tiempos de pantallas.

Víctor Villacampa SanVicente representa la tercera generación al frente del negocio, el proyecto sigue siendo profundamente familiar, su madre continúa atendiendo a los que entran por la puerta, su hermana y sus hijos también consideran el negocio como propio.

Portada del New York Times del 2 de abril de 2006, en el que la columna izquierda aparece La Confianza.

Portada del New York Times del 2 de abril de 2006, en el que la columna izquierda aparece La Confianza. Cedida.

Las anécdotas se cuentan por decenas. En 2006, La Confianza fue portada de The New York Times. "El periodista llegó de casualidad. Dijo que la tienda parecía sacada de las películas del Oeste americano, donde vendían rifles Winchester junto a crema de cacahuete. No sabíamos que era del New York Times; una amiga azafata lo vio durante un vuelo y nos avisó", recuerda.

Otras historias son aún más emotivas: "Apareció una familia de Madrid con un señor muy mayor, de casi noventa años. Al entrar se echó a llorar. Su hija nos explicó que su abuelo había trabajado aquí y que le había contado sus aventuras en Huesca pero que él no había venido nunca. Le enseñamos una foto de 1909 que conservamos, y efectivamente era su abuelo, el señor Fulgencio. Incluso guardamos la vestimenta que llevaba para trabajar. Fue increíble".

Dicen que la confianza nace del amor y de la honestidad. Que se construye poco a poco, con integridad, cercanía y cumplimiento de la palabra. Esta pequeña tienda de ultramarinos en un rincón de Huesca, hace honor a su nombre.