Daniel Colás y Jennifer Pinilla junto con sus Alejandra y Sergio en la sede de Aspanoa

Daniel Colás y Jennifer Pinilla junto con sus Alejandra y Sergio en la sede de Aspanoa E. E.

Actualidad

Sergio, diagnosticado con nefroblastoma a los 10 meses: "Aprendió a andar con un gotero en una mano en el hospital"

Este zaragozano de 7 años pasó por una nefrectomía y 27 semanas de quimio, pero como él mismo dice "soy un luchador".

Más información: Aspanoa urge una reforma integral del Hospital Infantil de Zaragoza y denuncia que las instalaciones están "obsoletas"

Zaragoza
Publicada

Pura energía, ganas de vivir la vida y con una sonrisa ahora algo desdentada. Así se presenta Sergio Colás, un zaragozano de 7 años que demuestra a todo el mundo que a pesar de las piedras que puede la vida ponerte en el camino, no hay mejor solución que afrontarlo con entereza siendo apenas un bebé.

A él la vida se lo puso un poco más difícil al nacer ya que con apenas 10 meses fue diagnosticado con un tumor de Wilms, también conocido como nefroblastoma.

"Empezó con unas fiebres y lo estaba llevando al pediatra. Un pediatra de la clínica Montecanal le vio el abdomen un poquito más abultado. Pensaron en mononucleosis, pero para ver eso tenían que hacer ecografía del bazo y al hacerla se vio el tumor", recuerda Jennifer Pinilla, madre de Sergio.

Este primer diagnóstico fue realizado en la clínica Viamed por su médico que le urgió que le derivaran al Hospital Materno Infantil de Zaragoza ipso facto porque había que hacerle más pruebas: "Empiezas a ver médicos tocándole la tripa y lo único que dicen es que hay que ingresarlo", explica sobre aquel viernes 13 de noviembre de 2019.

Una primera conversación con los médicos que ya apuntaba a que el pequeño Sergio padecía de nefroblastoma. Pero para asegurarse durante dos días tuvo que seguir una dieta específica para corroborar lo que finalmente fue y que derivó en el ingreso en la planta de oncopediatría.

"Mi hijo estaba sonriendo en la cuna y a la vez me estaban diciendo que tiene cáncer. Me quedé sin poder asimilarlo", admite Jennifer. Este tipo de tumor suele diagnosticarse sobre los dos años y solo afecta a niños. Su detección precoz supuso como reconocen "cierto alivio".

Así, con el diagnóstico comenzó la vorágine de pruebas y de tiempos que había que seguir sobre el tratamiento de Sergio. No pasaron ni dos meses, el 2 de enero de 2020, cuando el pequeño que no llegaba al año tuvo que hacer frente a una nefrectomía, lo que supuso la extirpación de un riñón por el tumor.

"Mi hijo estaba sonriendo en la cuna y a la vez me estaban diciendo que tiene cáncer"

A pesar de lo que suponía pasar por quirófano, Sergio ya demostró de muy pequeño que tenía fuerza para él y para sus padres: "Al día siguiente de operarlo, el cirujano me preguntó cómo lo veía. Y solo podía ver a mi hijo que estaba de pie en la cuna, saltando", rememora su padre, Daniel.

La pandemia, un reto más

Tras la operación, Sergio entró en el ensayo Umbrella con el que se sumaron 27 semanas de quimio al seguir teniendo masa del tumor en la glándula suprarrenal.

Unas sesiones que con tan mala suerte tuvieron que vivir en plena pandemia por lo que acudían a las sesiones al hospital de día. "Recuerdo ir al hospital y ver a la UME fumigando, y yo entrando con mi hijo en el carro con el plástico de lluvia puesto para evitar cualquier tipo de contagio", explica su madre.

Aunque si bien recalcan sus padres el niño afrontó todo "con una gran fortaleza" y no pasó por "ni un vómito, ni una caída de pelo": "Sergio aprendió a andar con el gotero por el pasillo de oncología", recuerda su padre sobre esos días y la energía del pequeño.

De esa época, de las cosas más difíciles era el cuidado que había que mantener para que no entrara ningún virus en casa ya que Daniel seguía saliendo a trabajar todos los días.

"Solo podía pensar en que sí le llevaba algún virus a mi hijo", reconoce sobre esos días. Así, él siempre iba con la mascarilla en casa, apenas tenía contacto con el pequeño y mantenían casi vidas separadas comiendo por turnos y durmiendo en diferentes camas.

"Veíamos a nuestro hijo feliz y te decías a ti mismo que si lo él lo era porqué iba a llorar yo"

Un reto que tuvieron que pasar, pero al que se sumó un nuevo diagnóstico más allá del tumor. Sergio fue diagnosticado en pleno ciclo de quimio de síndrome de PFAPA que fue detectado tras muchas revisiones y unas fiebres muy altas que desarrolló tras poder salir a dar un paseo el 27 de abril de 2020 cuando comenzó la desescalada de la pandemia.

"Son unas fiebres periódicas que se desarrolla muchas veces por razones emocionales", explica Jennifer. Una descripción que es capaz de hacer "mucho mejor que algunos médicos que ni saben lo que es".

Una unión inquebrantable

A pesar de que tuvieran que pasar por todo ello, esta familia es un ejemplo de que unidos son más fuertes. "Veíamos a nuestro hijo feliz y te decías a ti mismo que si lo él lo era porqué iba a llorar yo", manifiesta Daniel.

Una reflexión que se une a la de Jennifer: "Aprendimos a dialogar, a mirar de verdad cómo está el otro". Además de que después de pasar todo ello señalan que "aprendes a valorar todo mucho más".

Por ello es que para ellos el año comienza un 2 de enero, fecha en la que operaron a Sergio, y el 25 de julio se celebra como un cumpleaños más ya que fue cuando finalizó las sesiones de quimio.

Durante todo este proceso contaron con la ayuda de Aspanoa, asociación a la que siempre que pueden intentar devolver todo lo que ella le han dado. "La labor informativa y de investigación que hacen es muy buena", valoran.

A lo que añade que en temas prácticos, desde la asociación lucharon para que el aparcamiento fuera gratuito para los que vienen a tratamiento o incluso supuso que Jennifer no pagara la comida durante las épocas de ingreso. "Pequeños detalles que ayudan mucho", manifiestan.

Tras cinco años desde que le diagnosticaran el tumor a Sergio, ahora ya cuentan con una visita anual para ver cómo va todo.

De cara a Sergio que ronda por la habitación jugando con su hermana pequeña Alejandra solo tienen palabras de admiración. "Él sabe que es un luchador y lo dice. En el colegio y él mismo sabe que tiene que beber mucha agua porque solo tiene un riñón. Hace vida normal, come normal con poca sal", señalan.

En definitiva, el pequeño de 7 años "es un chico feliz".