Una persona ingresada con vía.

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Salud

Uno de cada cuatro pacientes de Alicante ingresa con desnutrición, un problema silencioso que "no se detecta a tiempo"

Se calcula que la falta de ingesta de alimentos relacionada con la enfermedad supone más de 1.143 millones de euros anuales en costes sanitarios en España.

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Alicante
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En Alicante, una de cada cuatro personas hospitalizadas presenta desnutrición o riesgo de desnutrición. Una realidad que los profesionales sanitarios califican de "silenciosa", pese a tocar de cerca a 20% de personas ingresadas a nivel nacional, una cifra que puede aumentar hasta el 50% durante estancias prolongadas.

La desnutrición relacionada con la enfermedad (DRE), el nombre otorgado a este fenómeno, es uno de los grandes retos silenciosos del sistema sanitario español. Y aunque afecte a un porcentaje significativo de pacientes, su impacto sigue pasando desapercibido en muchos casos, a pesar de sus consecuencias directas en la recuperación y la calidad de vida.

En el caso de la provincia de Alicante, esta realidad afecta al 25% de los pacientes y alrededor del 30 por ciento de las unidades hospitalarias requieren de atención y asistencia nutricional, según el informe de Estarem del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad Valenciana (CODiNuCoVa).

Para explicar la situación de estas personas, EL ESPAÑOL habla con Sandra Palau, BEO de Nestlé Health Science Iberia.

Y es que detrás de estos datos existen múltiples factores como enfermedades como el cáncer, la diabetes o patologías crónicas que reducen el apetito, dificultan la absorción de nutrientes o incrementan las necesidades energéticas del organismo. A ello se suman el envejecimiento, la fragilidad o los ingresos hospitalarios largos.

“Es un problema silencioso porque muchas veces no es visible y queda en segundo plano frente a la enfermedad principal”, explica Palau. Durante años, la pérdida de peso o la falta de apetito se han asumido como algo inevitable en el curso de la enfermedad, tanto por pacientes como por cuidadores.

Cambiar el foco

Sin embargo, la visión está cambiando. La comunidad sanitaria insiste cada vez más en que la nutrición no debe considerarse un complemento, sino un pilar esencial del tratamiento médico. En esta línea, diferentes estudios clínicos impulsados en España están aportando evidencia sobre su impacto real.

Más de 800 pacientes participan actualmente en cinco estudios desarrollados en 31 hospitales por toda España, que analizan el papel de la nutrición clínica en patologías como cáncer, diabetes o sarcopenia. Estos ensayos evalúan el efecto de una suplementación nutricional específica, adaptada a cada enfermedad, sobre la evolución clínica, la funcionalidad y la calidad de vida.

Los primeros resultados reflejan varias realidades. En el ámbito oncológico, el estudio ONAVIDA ha demostrado que tres meses de soporte nutricional permiten frenar la pérdida de peso en casi la mitad de los pacientes. Además, se ha observado una mejora en la fuerza muscular, lo que se traduce en una mayor autonomía para realizar actividades cotidianas, como levantarse de una silla o cargar con la compra.

En pacientes con diabetes y desnutrición, los datos demuestran que tras seis meses de intervención nutricional, casi tres de cada cuatro mejoraron su estado nutricional y más de la mitad logró un mejor control de la enfermedad. Este hallazgo refuerza la idea de que una nutrición adecuada no solo nutre, sino que también contribuye al control metabólico.

Más allá del hospital, uno de los momentos más críticos es el alta. Muchos pacientes regresan a casa sin haber recuperado completamente su estado nutricional, lo que aumenta el riesgo de recaídas y reingresos. “La continuidad del soporte nutricional en el domicilio es clave para evitar complicaciones y mejorar la recuperación”, subraya Palau.

El impacto no es solo clínico, sino también económico. Se calcula que la desnutrición relacionada con la enfermedad supone más de 1.143 millones de euros anuales en costes sanitarios en España, en gran parte debido a complicaciones evitables y nuevas hospitalizaciones.

Ante este escenario, los expertos coinciden en la necesidad de reforzar el cribado nutricional desde el ingreso hospitalario, impulsar el trabajo multidisciplinar y garantizar el seguimiento tras el alta. El objetivo es claro: detectar antes, intervenir mejor y entender que la nutrición forma parte del tratamiento, no es un añadido.

El avance de la investigación y la creciente concienciación están contribuyendo a dar visibilidad a un problema que, durante demasiado tiempo, ha permanecido en la sombra.