Irene y su padre Jesús.

Irene y su padre Jesús. Cedida

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Irene, ganadera: "Estudié ADE, pero quiero cogerle el relevo a mi padre en la granja de conejos, con 2.000 madres"

La joven asume el futuro de la mayor explotación cunícola de la provincia, un negocio familiar que casi desaparece con la jubilación de su padre.

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Alicante
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El relevo generacional es uno de los grandes retos del campo español, pero en Ibi hay una historia que va a contracorriente. Irene Gómez, de 29 años, ha decidido tomar las riendas de la granja de conejos que su padre fundó hace más de cuatro décadas y garantizar así la continuidad de una explotación con más de 2.000 madres productoras.

Desde EL ESPAÑOL de Alicante hemos hablado con Irene y con su padre, Jesús Gómez Calcerrada, recientemente reconocidos con el Premio Referente Ganadero 2025 de ASAJA Alicante, para conocer cómo afrontan el futuro de un sector cada vez más condicionado por la falta de relevo generacional, el aumento de la burocracia y la presión normativa.

Aunque estudió Administración y Dirección de Empresas (ADE), Irene asegura que la realidad del mercado laboral le hizo valorar el patrimonio que habían construido sus padres y apostar por continuar con el negocio familiar.

Del despacho a la granja

La historia de la explotación comienza en 1984, cuando Jesús Gómez Calcerrada puso en marcha una granja que hoy es la mayor explotación cunícola de la provincia de Alicante. Ahora, con 65 años y a las puertas de la jubilación, el futuro del negocio dependía de encontrar un relevo.

Tras la decisión de su hijo de no continuar con la actividad, fue Irene quien dio el paso. "Cuando salí al mercado laboral vi la situación que había por ahí de mal pagado... Teniendo esto es una pena no seguirlo porque al final es un negocio que ha construido mi padre. Es un negocio rentable, hay que trabajar muchísimo, pero es que está montado, solo es seguirlo", explica.

Su formación universitaria también le resulta especialmente útil para gestionar la creciente carga administrativa que soportan las explotaciones ganaderas, una parte del trabajo que cada vez ocupa más tiempo.

En el día a día, Irene participa en todas las tareas junto a su marido y otro trabajador. Desde la inseminación artificial de las conejas hasta la preparación de los nidos, el control veterinario o la limpieza de las instalaciones, las jornadas superan habitualmente las ocho horas.

Una inversión de medio millón

La continuidad de la granja tampoco habría sido posible sin la fuerte inversión realizada por Jesús antes de plantearse la jubilación.

El ganadero destinó cerca de medio millón de euros a construir tres nuevas naves completamente mecanizadas después de verse obligado a abandonar las antiguas instalaciones por las continuas quejas vecinales y las dificultades administrativas, pese a encontrarse en suelo agrícola.

"Empecé otra vez haciendo las naves a otra bancada que compré más abajo, más grande con un poco más de espacio... Esto es un laberinto haciéndote la vida imposible a los ganaderos para que cierres", lamenta.

La preocupación por la normativa

A pesar de disponer de unas instalaciones modernas, padre e hija observan con inquietud el futuro del sector. Una de sus principales preocupaciones es la normativa europea que plantea eliminar las jaulas en las explotaciones cunícolas.

Jesús considera que esa medida supondría un grave problema sanitario para los animales. "El conejo si lo suelta al suelo, cuando tiene contacto con su orina y sus heces, cualquier cosa que le entra, rápidamente se contagia todo y se muere", afirma.

El ganadero también critica la retirada de medicamentos sin ofrecer alternativas eficaces para combatir las enfermedades. "Te prohíben este antibiótico sin poner algo alternativo que funcione".

Del campo al supermercado

A las dificultades normativas se suma la diferencia entre el precio que recibe el productor y el que finalmente paga el consumidor.

Actualmente, la explotación vende el conejo vivo al matadero por unos 2,40 euros el kilo, mientras que en las carnicerías y supermercados el precio final alcanza entre los 8 y los 9 euros por kilo.

Todo ello en un contexto en el que los costes de la electricidad y de los recambios prácticamente se han duplicado en los últimos años. La ligera bajada del precio del pienso ha permitido aliviar parcialmente la situación económica de la explotación.