Viñedos de Xaló.

Viñedos de Xaló. Bodegas Xaló

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Ni Burdeos ni La Rioja: el rincón de Alicante que conquista por sus viñedos y su vino

Entre montañas, bancales y campos de viñas, Xaló recuerda a las grandes regiones vinícolas europeas por sus característicos campos y plantaciones.

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Alicante
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Hay lugares de la provincia de Alicante capaces de despertar la sensación de estar viajando por medio mundo sin salir del Mediterráneo. La Marina Alta guarda uno de esos rincones donde el paisaje, el aroma de la tierra y la tradición convierten una escapada cualquiera en una postal que recuerda a las grandes regiones vinícolas europeas.

Entre montañas, bancales y campos de viñas aparece Xaló, un municipio de poco más de 3.000 habitantes que ha hecho del vino una de sus grandes señas de identidad. Su valle, salpicado de cepas y bodegas familiares, evoca inevitablemente a escenarios del sur de Francia como Burdeos o la Borgoña, aunque con una personalidad completamente mediterránea.

Aquí el protagonismo no lo tienen los grandes castillos vinícolas franceses, sino las antiguas casas de labranza, los caminos rurales y las viñas bañadas por el sol de la Marina Alta. El paisaje del Vall de Xaló cambia con las estaciones: verde intenso en primavera, tonos dorados en verano y un mosaico rojizo durante el otoño que atrae cada año a visitantes y aficionados al enoturismo.

La tradición vinícola del municipio se remonta siglos atrás. La producción de uva y pasa ya tenía importancia económica en el siglo XV, cuando comerciantes del antiguo Reino de Valencia compraban en esta zona parte de la mercancía que después exportaban por el Mediterráneo.

Esa herencia agrícola sigue viva hoy en muchas familias que continúan vinculadas al cultivo de la vid.

Si Burdeos es famosa por sus tintos de prestigio internacional, Xaló ha encontrado su identidad en los vinos dulces, las mistelas y los vermús elaborados principalmente con uva moscatel. El resultado son bebidas aromáticas y suaves que forman parte de la cultura gastronómica de la comarca.

Uno de los símbolos de esa tradición es la histórica Bodega Xaló, convertida en parada obligatoria para quienes visitan el valle.

Allí se mantienen procesos artesanales heredados de generaciones anteriores y se pueden degustar algunos de los productos más conocidos de la zona. Pero el atractivo del municipio va mucho más allá del vino.

El entorno natural convierte al valle en un destino habitual para senderistas y ciclistas.

Las rutas atraviesan caminos entre viñedos y conectan con localidades cercanas como Llíber o Alcalalí, además de ofrecer vistas privilegiadas de la Sierra de Bèrnia y, en días despejados, del Peñón de Ifach.