Un perro anciano junto a su dueño, en una imagen de Shutterstock.
En vigor: la Ley de Bienestar Animal prohíbe eliminar el cadáver de una mascota sin comprobar su microchip
La norma obliga a verificar el microchip y comunicar el fallecimiento antes de gestionar el cadáver de una mascota, un trámite desconocido para muchos.
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La Ley de Bienestar Animal, en vigor desde 2023, deja claro que no se puede deshacer del cuerpo de una mascota sin más, sino que antes es obligatorio comprobar si el animal tiene microchip e informar de su fallecimiento.
Aunque la norma lleva ya tiempo aplicándose, todavía genera dudas en un momento especialmente delicado para cualquier dueño.
Perder a una mascota no es solo un trámite, es un golpe emocional. Son años de compañía, rutinas compartidas y afecto que de repente desaparecen. Y, en medio de ese duelo, surge una pregunta práctica que muchos no saben responder: ¿qué hacer con el cuerpo del animal?
Algunos optan por cementerios para mascotas o servicios veterinarios especializados, mientras que otros, tradicionalmente, han recurrido a enterrarlas en su propio terreno. Sin embargo, la ley advierte de que no basta con eso. Ahora hay un paso previo imprescindible que muchos desconocen.
La normativa establece de forma expresa que está prohibido "la eliminación de cadáveres de animales de compañía sin comprobar su identificación, cuando ésta sea obligatoria".
Es decir, antes de cualquier actuación, hay que verificar el microchip y comunicar el fallecimiento para que quede registrado.
Este punto busca evitar irregularidades, como abandonos encubiertos o la falta de control sobre los animales identificados.
En la práctica, implica acudir a un veterinario o a un servicio autorizado que pueda leer el chip y tramitar la baja en el registro correspondiente.
Saltarse este paso no es una simple formalidad, sino que puede acarrear sanciones. La ley pone el foco en la responsabilidad del propietario incluso después de la muerte del animal.
Otras claves de la ley
La Ley 7/2023 va mucho más allá de este aspecto y refuerza la protección de los animales en múltiples ámbitos. Por ejemplo, prohíbe el sacrificio por motivos económicos o de espacio, dejando claro que solo se permite en casos muy concretos y justificados.
En este sentido, el texto recoge que "la eutanasia solamente estará justificada bajo criterio y control veterinario" y siempre con el objetivo de evitar sufrimiento irreversible. Además, debe ser certificada por un profesional colegiado y realizada con métodos humanitarios.
La norma también veta prácticas habituales hasta hace poco, como dejar a los animales solos durante largos periodos, mantenerlos en condiciones inadecuadas o utilizar herramientas que puedan causarles daño, como los collares de castigo.
En el fondo, la ley no solo introduce obligaciones, sino que refleja un cambio cultural. Tener una mascota implica una responsabilidad continua, también en el momento más difícil.