Jorge Soler y Consuelo Roca repasan las imágenes tomadas de los restos humanos encontrados en la Cova Randero.

Jorge Soler y Consuelo Roca repasan las imágenes tomadas de los restos humanos encontrados en la Cova Randero. M. H.

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Los ritos de la Cova Randero: canibalismo y afecto en el hogar que revela cómo se moría en la España de hace 5.000 años

Los arqueólogos Jorge Soler y Consuelo Roca de Togores ultiman la gran publicación sobre el yacimiento que documenta la compleja vida cotidiana y los ritos de paso en el Neolítico.

Más información: Las excavaciones en la Cova del Randero de Pedreguer concluyen con la aparición de restos humanos

Alicante
Publicada

Entre el año 2007 y el 2021, la Cova Randero (en un pueblo en el norte de Alicante) dejó de ser una simple gruta para revelarse como un "apartamento" neolítico donde la vida y la muerte convivían en apenas unos metros cuadrados. Tras catorce años de excavaciones, los arqueólogos Jorge Soler y Consuelo Roca de Togores preparan ahora la publicación definitiva de sus hallazgos, una obra que disecciona una realidad sobrecogedora: ritos de canibalismo integrados en una cotidianidad marcada por el afecto.

Lo que diferencia a Randero de otros yacimientos con marcas de consumo humano es la interpretación que los investigadores han dado a los restos de un niño de entre 7 y 8 años y un recién nacido. "Para mí, es un hecho afectivo", explica Jorge Soler. Según el director de la excavación, en aquel clima de aceptación del Neolítico medio, unos cinco mil años atrás, consumir a un ser querido podía ser una forma de "interiorizar" al fallecido, de permitir que "viva en ti".

La novedad de esta inminente publicación radica en la visión integral de la cueva, que se presenta como el "apartamento" neolítico más grande y mejor documentado del territorio. "Nadie tiene esta cantidad de datos en toda la Comunidad Valenciana del Neolítico en una cueva; es un documento increíble", afirma Soler con orgullo sobre la extensión y calidad de los estratos analizados.

El descubrimiento de las evidencias de canibalismo ocurrió de manera casi fortuita mientras se procesaba el material de un basurero neolítico al fondo de la cavidad. En este sector, los arqueólogos hallaron más de 3.600 fragmentos de fauna, principalmente ovejas y cabras, procesadas para el consumo.

El hallazgo en el basurero

Consuelo Roca de Togores recuerda el momento exacto en que la historia cambió: "Muchos salen llenos de barro. Tú te piensas que es otro fragmento más de mandíbula de una oveja. Cuando empiezas a quitarle el barro, ves que eso no es de oveja, que eso es humano".

La clave técnica estuvo en la limpieza del hueso. "Se conserva un diente de la dentición definitiva. Cuando ya empiezas a limpiarlo bien, lo que se ve claramente es una marca hecha con sílex que cruza toda la mandíbula", describe la antropóloga. Esta marca, realizada con una precisión milimétrica para cortar músculos, fue el primer indicio de un tratamiento perimortem, es decir, realizado justo después de la muerte cuando el hueso aún conservaba su colágeno y elasticidad.

Roca de Togores detalla la brutalidad técnica del proceso con la frialdad científica necesaria: "Primero desarticulas la mandíbula del cráneo. Una vez que desarticulas, cortas ya paquetes cárnicos, seccionas el final donde inserta el músculo en el hueso para separarlo". El análisis posterior mediante microscopía electrónica confirmó no solo las incisiones de herramientas, sino algo aún más revelador: "Sabemos que hay canibalismo porque hay marcas de dientes humanos sobre el hueso", sentencia.

Un hogar de pastores y rituales

A pesar de lo truculento que pueda parecer el consumo de carne humana, los investigadores insisten en que no hay rastro de violencia en la cueva. Soler destaca que "en ninguno de los 537 fragmentos humanos hallados en toda la cueva hemos encontrado ni una sola marca que nos diga que ha habido violencia o trauma".

Esto refuerza la tesis del canibalismo como un rito funerario y no como una consecuencia de guerras o hambrunas, especialmente porque el análisis de la fauna indica que estos pastores tenían un acceso constante a proteínas.

La Cova Randero en Pedreguer funcionaba como un refugio estacional para pastores que se desplazaban con su ganado de ovejas y cabras. Estos grupos "higienizaban" el suelo quemando el estiércol, lo que ha permitido a los arqueólogos seguir los "pisos de cenizas" y reconstruir la vida cotidiana en diferentes salas. "Lo que tenemos es un apartamento de un montón de metros cuadrados", describe Soler, señalando que la cueva tiene unos 60 metros de profundidad con diversos ámbitos de uso, desde el habitacional hasta el funerario.

En una de estas estancias interiores, el equipo localizó en 2015 un gran vaso cerámico de casi 50 centímetros de altura, insertado en una fosa. "En la base nos han salido lípidos y en el borde trazas de miel; probablemente sería algo para ambientar", explica Soler. Este objeto, junto con la presencia de arte esquemático en las paredes, sugiere que la cueva no era solo un lugar de paso, sino un espacio cargado de significado simbólico para la comunidad.

El CSI neolítico

La investigación de Randero ha utilizado técnicas de vanguardia, como la fotogrametría para reconstrucciones virtuales y análisis químicos de residuos en cerámicas. "El trabajo ha sido de vanguardia", subraya Soler, destacando el uso de millones de imágenes volcadas durante años de campaña.

Incluso los detalles más pequeños, como los restos de roedores, han servido para entender la dinámica del lugar. Los investigadores explican que ciertos ratones de campo solo habitan la cueva cuando el hombre no está presente, lo que permite datar con precisión los periodos en los que la cueva quedaba deshabitada. "Esos ratones son incompatibles con la presencia humana; eso te da una pauta", indica Soler sobre la minuciosidad del estudio multidisciplinar.

El compromiso

Aunque Jorge Soler y Consuelo Roca de Togores ya no desempeñan sus funciones directamente en el MARQ (Museo Arqueológico de Alicante), su compromiso con la Cova Randero permanece intacto. "Es un compromiso que tenemos con la Diputación. Tenemos que sacar nuestras publicaciones porque este es un registro brutal y primera línea de investigación", afirma Soler, actual director del Mubag.

La obra que se publicará a finales de año incluirá colaboraciones de numerosos investigadores que han analizado desde carbones para reconstruir la vegetación antigua hasta la genética de los restos humanos. Para Consuelo Roca, el trabajo de revisión continúa siendo constante: "Estoy ahora revisando todo... el ojo se te hace cuando empiezas a ver esto; restos que creías que eran de fauna, de repente descubres que son humanos".

La Cova Randero sigue guardando secretos, pero con esta nueva publicación, el relato de aquellos pastores del Neolítico, sus banquetes de miel y sus dolorosos gestos de amor a través del canibalismo, quedará finalmente escrito en la historia de la arqueología española. Como resume Soler: "La cueva es un escenario y nosotros hemos podido seguir muchos relatos".