El periodista y novelista Joaquín Hernández, en el paseo de la Explanada este viernes.

El periodista y novelista Joaquín Hernández, en el paseo de la Explanada este viernes. M. H.

Cultura

"A Tabarca hay que cuidarla un poco más", la novela que viaja al pasado de la pequeña isla a la que llegan miles de turistas

Joaquín Hernández presenta su segunda novela, 'La isla de las flores amarillas', con la que revive el verdadero "paraíso" de Alicante.

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Alicante
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Joaquín Hernández está acostumbrado a contar cada día las historias de los demás. Ahora le ha vuelto a llegar el momento de contar la suya. Pero al hacerlo, vuelve a pensar en otros. Este lío resume lo que supone para un periodista escribir su segunda novela, La isla de las flores amarillas, en la que nos lleva al pasado de Tabarca para crear una intriga y todos los ingredientes de un libro que atrape al lector.

Escoger Tabarca como escenario, y protagonista también, le permite también reflexionar sobre la elevada presión turística que sufre la isla habitada más pequeña durante los meses centrales del año.

"Yo veo Tabarca como un paraíso, que lo es, pero es verdad que hay que cuidarla un poquito más", afirma Hernández al abordar la realidad del paraje. Según explica a EL ESPAÑOL, la conservación del ecosistema exige tomar medidas valientes frente al volumen de visitantes que desembarcan a diario.

Para el periodista, la clave de la protección insular reside en intervenir directamente sobre los flujos de transporte marítimo. "El cuidarla empieza por restringir un poco o limitar las visitas de turistas", señala de forma tajante Hernández.

El autor pone el foco en el ritmo incesante de llegadas que satura el espacio insular cada jornada. "Cuando estás en Tabarca te das cuenta de que cada 20 minutos llega un barco lleno de turistas y la isla creo que no soporta tanto nivel de turista", advierte sobre la capacidad de carga del territorio.

En su diagnóstico sobre el estado actual del enclave, el reportero subraya la urgencia de destinar más recursos al mantenimiento del entorno patrimonial y natural. "Como está ahora, creo que le hace falta un poquito de mimo en algunas zonas", remarca.

Frente a este escenario de saturación, Hernández propone líneas de actuación centradas en la sostenibilidad. "Creo que hay que limitar un poco los barcos que llegan a la isla y trabajar un poco más en la conservación", reitera el escritor.

El comunicador distingue además entre dos realidades opuestas que conviven en un mismo espacio geográfico. "Para mí hay dos islas: Tabarca, la Tabarca de los turistas de 9 de la mañana a 7 de la tarde, que es cuando se va el último barco, y la Tabarca cuando se disfruta más, que es por la noche", detalla.

A su juicio, la auténtica atmósfera del paraje aflora únicamente cuando la muchedumbre abandona la costa al atardecer. "A las 7, que ya casi no queda nadie en la isla, puedes pasear tranquilamente con la brisa del mar. Eso es lo que yo más he disfrutado de la isla, la isla de la tranquilidad, no la de las hordas de turistas", sostiene.

Por ello, el autor anima a redescubrir el lugar desde el respeto y la pernoctación pausada. "Invito a la gente a que se quede a dormir al menos una noche en cualquier hotel que hay en la isla para que disfruten de un paraíso. Cuando a las 7 de la tarde se va el último barco, ese es el paraíso de verdad", enfatiza.

El germen narrativo de su obra nació tras escuchar las vivencias de una vecina de su urbanización que regenta un hotel en la propia isla. Ella le relató cómo los temporales marinos dejan totalmente aislada a la población durante días, lo que activó su imaginación.

Para documentar la historia, Hernández necesitó regresar al terreno y conectar con el ambiente local. "He tenido que volver varias veces para sentir la isla, porque al final no es lo mismo ir de pequeño o ver fotos que vivir la isla de Tabarca", confiesa.

Durante esas visitas redescubrió detalles esenciales de la avifauna local que decidió integrar en el relato, como el carácter de las aves marinas. "Cuando fui me di cuenta de una cosa que no había puesto y que es fundamental: las gaviotas de Tabarca, que para mí son las dueñas de la isla", comenta.

Crear mundos

Respecto a estas especies, añade advertencias dirigidas a quienes recorren el entorno natural. "Son muy territoriales y en época de anidación tienes que tener mucho cuidado porque si vas a zonas donde están sus nidos son puñeteras, hay que tener precaución", recalca.

La trama literaria entrelaza la actualidad de la reserva marina —coincidiendo con los 40 años de su creación— con el año 1927, hito clave por la automatización del faro insular. "En ese año automatizan el faro; antes los faros estaban habitados por fareros y su familia", rememora sobre la historia del lugar.

Acostumbrado al periodismo televisivo en Antena 3, la creación literaria le ha permitido explorar nuevos registros creativos. "Como periodistas estamos acostumbrados a ser testigos de la realidad; esto es como una droga porque te transporta a mundos que tú creas desde cero", expresa.

Mejorar en la vida

Esa deformación profesional previa supuso un reto a la hora de abordar una estructura de larga extensión. "Al principio me costó mucho porque en la tele estoy acostumbrado a ser muy escueto con mis directos de 30 segundos en el informativo y aquí hay que desarrollar una historia", reconoce.

Pese al esfuerzo de escribir en horario nocturno tras su jornada laboral, el autor concluye que la ficción ha enriquecido su trabajo en los informativos. "Observo mucho más a las personas, conversaciones y situaciones; un buen periodista tiene que observar mucho y desde que empecé a escribir observo mucho más", concluye Hernández.