Una usuaria del comedor social de la asociación CASA en el Convento de la Sangre.

Una usuaria del comedor social de la asociación CASA en el Convento de la Sangre. Laurine Maurice

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Voluntarios de un comedor social: "Los pisos turísticos molestan más que las personas que vienen a pedir comida"

El Centro de Atención a Personas sin Hogar San Agustín (CASA) atiende a unas 60 personas cada día en las instalaciones del histórico Convento de la Sangre en Alicante.

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Al pasear por las bellas calles del casco antiguo de Alicante, es frecuente encontrarse con varias realidades. Por un lado, dos chicas jóvenes proceden a hacerse una sesión de fotos improvisada en el portal "aesthetic" de un hotel de la zona. Por otro, decenas de personas se aproximan a las puertas del Convento de la Sangre con la esperanza de poder ingerir alimento.

A las seis de la tarde, el comedor del Centro de Atención a Personas sin Hogar San Agustín (CASA) ya está en marcha. En la cocina se prepara la cena entre varias manos voluntarias elaborando ensalada, fideos con pollo, fruta, dulces y pan. Las mesas están dispuestas y los voluntarios ultiman los últimos detalles antes de que comiencen a llegar los usuarios.

Fuera se escuchan risas y bromas entre los usuarios, mientras el trabajador social va pasando lista, otro voluntario proporciona a cada uno unas gotas de gel hidroalcohólico mientras les llama por su nombre y hace bromas con ellos. Muchos llevan viniendo cada día desde hace años y notan una cierta cercanía con el personal.

En el convento de la Sangre, en pleno casco antiguo de Alicante, el sistema de acceso ya no es el de hace unos años. Ahora, los usuarios con carné tienen una plaza asignada y los voluntarios pasan lista. Cuando alguien falta, se permite la entrada a personas que están en lista de espera. La organización ha evitado así las colas y las aglomeraciones que antes se formaban durante horas en la puerta.

Uno de los voluntarios acoge a los usuarios tras pasar lista en la puerta del Convento de la Sangre.

Uno de los voluntarios acoge a los usuarios tras pasar lista en la puerta del Convento de la Sangre. Laurine Maurice

Ahora funciona muy bien”, explica uno de los voluntarios. “Cada uno tiene su carné y los que faltan son sustituidos por personas que no lo tienen”. La medida, sin embargo, no resuelve el principal problema del comedor, pues la demanda sigue superando a la capacidad disponible.

Se sientan 60, pero muchas veces se quedan en la calle diez, quince o veinte personas, depende del día”, cuenta. Decirles que no pueden entrar es una de las partes más difíciles del trabajo. “Les tenemos que decir que no y lo llevamos mal”, reconoce.

Un verano “complicado”

La presidenta de CASA, Mar García, define el verano como una época especialmente difícil para el comedor. El buen tiempo y la llegada de personas procedentes de otros lugares, entre ellas migrantes que han llegado en patera, elevan la presión sobre un recurso que solo ofrece cenas y que mantiene su actividad durante todo el año.

“Los veranos son complicados porque viene mucha gente”, explica. Según sus cálculos, este año han detectado un aumento de entre un 20% y un 30% de personas sin documentación que acuden por primera vez al comedor.

García relaciona parte de este incremento con las expectativas generadas en torno a los procesos de regularización. “La gente viene con unas expectativas que luego no se cumplen. Se creen que aquí les legalizan sobre la marcha y eso ha sido muy negativo para nosotros”, afirma.

Algunos usuarios esperando la cena del día.

Algunos usuarios esperando la cena del día. Laurine Maurice

La asociación exige que las personas estén documentadas para poder acceder al servicio. Puede tratarse de un DNI, un NIE, un pasaporte o incluso una denuncia policial en caso de robo de la documentación. “Si no, no sabes quién es quién y, si hay problemas, es muy complicado”, sostiene la presidenta.

La mayoría de las personas que llegan al convento no tienen carné ni forman parte de la lista de espera. Por eso, aunque cada día se producen algunas ausencias entre los usuarios habituales, las plazas libres no siempre bastan para atender a quienes esperan en la puerta.

“Entre los que tienen carné puede haber diez o quince bajas porque alguien ha encontrado un trabajo de un día o unas horas. Entonces metemos a personas de la lista de espera. Pero quienes vienen de manera circunstancial, por ejemplo después de llegar en patera, no tienen carné ni están en la lista”, explica García.

Normas y conflictos

La asociación cuenta con unas normas básicas de funcionamiento. No se permite acceder sin camiseta, bajo los efectos del alcohol o las drogas, y los usuarios deben respetar los turnos y las indicaciones de los voluntarios.

“Hay un mínimo de higiene y de respeto”, señala García. La presidenta admite que, en ocasiones, las situaciones de tensión afectan a quienes acuden habitualmente al comedor y conocen las reglas.

La comida también ha generado conflictos. CASA llegó a ofrecer menús con carne halal, pero terminó suprimiéndolos ante las discusiones que se producían cuando el número de personas musulmanas superaba las raciones disponibles.

“Si preparas veinte menús halal y llegan veintiséis personas, los seis que se quedan sin ese menú discutían entre ellos y generaban tensión”, sostiene. La asociación opta ahora por avisar antes de la entrada cuando alguno de los platos contiene cerdo. Quien no quiera comerlo puede decidir no entrar ese día.

Sin embargo, García insiste en que esta situación no debe utilizarse para generalizar. “Hay gente muy agradecida y muy educada, pero también tenemos personas muy problemáticas. Es importante individualizar cada caso y no caer en generalizaciones que a su vez llegan al odio y al racismo”, afirma.

En su opinión, algunas personas pueden encontrar un trabajo y salir de la situación de exclusión si reciben acompañamiento. Otras, sin embargo, rechazan participar en los talleres de español o en los programas de inserción laboral. “Si no hablas español no puedes encontrar un trabajo en la hostelería o en muchos otros sectores”, apunta.

Pisos turísticos

La actividad del comedor convive con la proliferación de pisos turísticos en el casco antiguo. García reconoce que algunas personas pueden sentirse incómodas al tener cerca a personas sin hogar, pero sostiene que las molestias provocadas por los alojamientos turísticos son, en muchos casos, mayores.

“Nosotros abrimos por la tarde y a las ocho y media cerramos. Los fines de semana ni siquiera abrimos porque no hay voluntarios suficientes”, explica. En cambio, asegura, los pisos turísticos generan problemas durante todo el día y especialmente por las noches.

“Al lado tenemos un edificio de pisos turísticos. Cuando nos vamos, hay ruido en las terrazas, música a todo volumen, borracheras… Eso ocurre los sábados, los domingos y los festivos”, relata. “Puestos a elegir quién molesta más, yo creo que molestan más los pisos turísticos que muchas de las personas que vienen aquí”.

La presidenta considera que el rechazo hacia las personas sin hogar no siempre responde a la xenofobia o al racismo. “Muchas veces es aporofobia”, afirma. “Entiendo que a alguien no le guste tener a personas en esa situación cerca de su casa, especialmente si se encuentra con alguien conflictivo. Pero también hay que mirar la otra realidad: miles de pisos turísticos que provocan molestias de madrugada, con fiestas y borracheras”.

Uno de los voluntarios coincide con ella. “Siempre tendemos a señalar a las personas sin hogar, pero los fines de semana quienes orinan en las calles o generan problemas muchas veces son turistas que llegan borrachos. No son nuestros usuarios”, explica.

Continuidad

CASA recibe subvenciones de distintas administraciones, pero García considera que son insuficientes para poner en marcha un recurso de alojamiento estable. La Diputación aporta pequeñas ayudas para talleres, sensibilización o voluntariado, mientras que una parte importante de la financiación procede del 0,7% del IRPF destinado a fines sociales.

“Con eso no podemos montar un proyecto de alojamiento”, asegura. “Podríamos hacerlo un año, pero si al siguiente no recibimos la subvención, ¿qué hacemos? ¿Echamos a todos a la calle?”

La asociación reclama una financiación estable que permita mantener los proyectos a largo plazo. “Eso solo puede darlo la Administración, incorporándolo a los presupuestos”, afirma.

García tiene previsto reunirse con responsables de Bienestar Social para abordar la situación. La entidad ya ha presentado un proyecto, pero todavía no ha recibido una respuesta definitiva. Según explica, el Ayuntamiento está pendiente de un procedimiento judicial relacionado con el albergue municipal.

Varios usuarios esperando en las puertas del Convento de la Sangre.

Varios usuarios esperando en las puertas del Convento de la Sangre. Laurine Maurice

Mientras tanto, el comedor continúa funcionando cada noche. Los voluntarios preparan las mesas, reparten la comida y pasan lista, ríen y acompañan. Cuando ya no quedan raciones, deben salir a la puerta para explicar a quienes esperan que no pueden entrar.

Para la presidenta de CASA, la comida es solo el primer paso. “A veces pensamos que lo que hacemos no es mucho, pero para ellos sí lo es”, afirma. En el comedor, además de una cena caliente, encuentran alguien que les escucha y un lugar en el que, al menos durante unas horas, no están solos.