Una jacaranda en imagen de archivo.

Una jacaranda en imagen de archivo.

Alicante ciudad

Esta es la razón por la que las jacarandas son el árbol más bonito y odiado de Alicante

Cada primavera sus flores transforman la ciudad, pero su melaza pringosa obliga a redoblar los trabajos de limpieza y mantenimiento.

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Alicante
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Todos los alicantinos tienen una relación de amor y odio con ellas. Durante unas semanas al año convierten calles y avenidas en un espectáculo de color violeta que parece sacado de una postal, pero también cubren aceras, coches y terrazas con una pegajosa capa que desespera a vecinos y comerciantes.

Las jacarandas son, probablemente, el árbol más fotografiado de Alicante y también uno de los más criticados.

Cada primavera sus flores transforman la ciudad, aunque detrás de esa imagen idílica se esconde una especie que obliga a redoblar los trabajos de limpieza y mantenimiento.

El árbol, cuyo nombre científico es Jacaranda mimosifolia, procede de América del Sur. Sin embargo, se ha adaptado tan bien al clima alicantino que hoy es el ejemplar más abundante de la ciudad.

Representa cerca del 12 % de todo el arbolado urbano y suma más de 6.000 ejemplares repartidos por calles, plazas y avenidas. Su éxito no es casual. Los responsables de las zonas verdes destacan que soporta bien las altas temperaturas, resiste largos periodos de sequía y crece con rapidez, características especialmente valiosas en una ciudad marcada por el sol y la escasez de lluvias.

Pero el principal motivo de su expansión va más allá de la estética, y es que la jacaranda funciona como un pequeño filtro natural contra la contaminación. Diversos estudios señalan que cada ejemplar puede absorber grandes cantidades de dióxido de carbono, contribuyendo a mejorar la calidad del aire urbano.

El árbol de jacaranda podría absorber el dióxido de carbono emitido por 1.405 vehículos situados en una calle de cien metros de largo. Y al cabo de un año, cada ejemplar puede tragarse una tonelada de CO2, según el estudio Los sumideros naturales de CO2 de la Universidad de Sevilla.

Multiplicado por los miles de árboles repartidos por Alicante, el resultado convierte a esta especie en uno de los grandes aliados ambientales de la ciudad.

El problema aparece cuando las plagas entran en escena. Pulgones, psyllas y araña roja encuentran en la jacaranda un huésped ideal y provocan la aparición de la conocida melaza, una sustancia azucarada que termina cubriendo coches, bancos y aceras, daños colaterales que los alicantinos enfrentan año tras año.

Para combatir estas infestaciones, los técnicos municipales recurren cada vez más a métodos biológicos. En lugar de insecticidas tradicionales, liberan depredadores naturales capaces de controlar las poblaciones de estos insectos y devolver el equilibrio al árbol.

Mientras tanto, cada primavera se repite la misma escena y la dualidad entre la belleza de su flor y los estragos que su melaza ocasiona en cualquier víctima, ya sea un coche o un banco, que queda en su rango.