Un autoservicio express en la Rambla de Méndez Núñez de Alicante.

Un autoservicio express en la Rambla de Méndez Núñez de Alicante. M.H.

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La expansión del "autoservicio express": el centro de Alicante se rinde al pequeño formato de proximidad

La proliferación de pequeños comercios de alimentación franquiciados en el centro urbano responde a cambios en los hábitos de consumo y una normativa que favorece a los locales de menos de 300 metros cuadrados.

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La expansión de los supermercados express en el centro de Alicante ya no se trata de una sucesión de aperturas aisladas, sino una tendencia estructural. En el último año, estas tiendas de alimentación de pequeño formato han ganado presencia en calles céntricas, ejes de tránsito y zonas próximas a alojamientos turísticos, hasta convertirse en uno de los símbolos más visibles de la transformación comercial del casco urbano.

La explicación que ofrece el Ayuntamiento apunta a dos factores principales: por un lado, la evolución del consumo hacia formatos de proximidad; por otro, la fórmula empresarial de franquicia o cooperativa, que permite a autónomos abrir bajo una marca reconocida con menor riesgo y mayor respaldo logístico.

A eso se suma una ventaja decisiva: al tratarse de establecimientos de menos de 300 metros cuadrados de superficie de ventas, encajan en una categoría comercial que les da un margen de maniobra mucho mayor que al comercio de gran formato. "No son supermercados, son autoservicios", explica la concejal de Comercio, Lidia López.

Y es que la clave no es solo económica, sino también regulatoria. Estos locales, al situarse por debajo del umbral de los 300 metros cuadrados, se benefician de un régimen más flexible en materia de horarios, lo que les permite competir en un terreno que los supermercados grandes no pisan con la misma libertad. En una ciudad con fuerte actividad turística y con un centro habitado de forma intensa, esa amplitud horaria es una ventaja decisiva.

Ese marco legal ayuda a entender por qué proliferan en calles donde el flujo peatonal es constante y el consumo es fragmentado: compras de última hora, reposiciones pequeñas, productos de paso. El supermercado express no nace para sustituir a la gran compra semanal, sino para dominar el consumo inmediato, el de la leche que falta, el pan que se compra tarde o la cena improvisada.

Un modelo que escala rápido

El otro motor del fenómeno es empresarial. Las franquicias y cooperativas permiten expandir la red comercial sin que la marca asuma todo el coste de implantación, mientras el franquiciado recibe suministros, software, imagen y apoyo comercial. Ese esquema acelera la apertura de locales y, al mismo tiempo, protege al operador local bajo el paraguas de una enseña conocida.

En Alicante, ese modelo se adapta especialmente bien a un centro urbano con escasez de grandes superficies disponibles y con locales pequeños que pueden reconvertirse con rapidez. Donde antes había una tienda de barrio, una mercería o un pequeño comercio independiente, ahora aparece un autoservicio con marca reconocible, horarios amplios y una oferta pensada para la compra rápida.

La turistificación del centro también ha influido decisivamente. El visitante que se aloja en apartamentos turísticos no organiza la compra como una familia que llena el carro para toda la semana; compra a demanda, cerca del alojamiento y sin desplazarse a la periferia. En ese contexto, el supermercado express encuentra su cliente ideal.

A la vez, el comercio de proximidad ha dejado de ser una solución de emergencia para convertirse en una rutina de consumo. Los datos apuntan a que la compra diaria o casi diaria en tiendas pequeñas ya forma parte de los hábitos urbanos, especialmente en entornos densos, con poco tiempo y alta rotación de residentes y visitantes. En otras palabras, la ciudad ha empezado a comprar distinto, y el tejido comercial se ha adaptado a esa nueva velocidad.

Efectos sobre el centro

La expansión de estos formatos tiene una lectura ambivalente. Por un lado, aporta servicio, actividad y capacidad de respuesta a una demanda real. Por otro, acelera la homogeneización del paisaje comercial y debilita al pequeño comercio independiente, que difícilmente puede competir en precio, horarios y respaldo logístico. La tienda de toda la vida sobrevive cada vez más a menudo solo si se integra en una red cooperativa o franquiciada.

Allí donde antes la oferta se ordenaba por especialización o proximidad vecinal, ahora se impone la lógica de la rapidez, la rotación y la rentabilidad de cada metro cuadrado. El fenómeno no parece coyuntural, sino estructural: es la expresión comercial de una ciudad más turística, más fragmentada y más orientada al consumo inmediato.

Se trata de un cambio de modelo. La ciudad está viendo cómo el centro se llena de tiendas pequeñas de alimentación que responden a una misma idea: comprar menos, más cerca y a cualquier hora. Esa fórmula beneficia a operadores, franquiciados y clientes urgentes, pero también desplaza a un comercio tradicional que durante décadas sostuvo la vida cotidiana de los barrios.