Franc Vila junto a una de sus piezas.

Franc Vila junto a una de sus piezas. Franc Vila

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El milagro del diseñador valenciano desconocido en España que vende sus relojes por 100.000 euros

Franc Vila es la firma española más reconocida por los coleccionistas internacionales por su exclusividad y complicaciones.

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Hay un nombre valenciano conocido entre los aficionados a la alta relojería, magnates y jeques que, sin embargo, en su tierra parece ser un completo desconocido pese a la relevancia de su marca, Franc Vila, y a las exclusivas complicaciones de sus piezas, que llegan a venderse por más de 100.000 euros.

Sus relojes son fácilmente reconocibles por su diseño único, formado por una caja con forma de ocho bautizada como "Esprit Unique", de dimensiones generosas, que deja espacio en la parte inferior de la esfera para alojar tourbillons, repetidores de minutos y otras complicaciones.

El valenciano ha conseguido que su marca pase desapercibida para el gran público, pero que sea todo un objeto de deseo para las grandes fortunas, sus verdaderos clientes potenciales.

Su producción se realiza en Ginebra, donde compite en un sector dominado por apellidos ilustres como Patek Philippe, Audemars Piguet o Vacheron Constantin.

El camino hasta el reino helvético de los maestros artesanos comenzó en Valencia, donde Franc Vila nació en 1974 en el seno de una familia sin tradición artesana ni relación con la relojería.

Su formación inicial tampoco siguió esta línea, pues Vila cursó estudios de Arte y Filosofía y se licenció en Química por la Universitat de València. Llegó a ejercer como bioquímico en un instituto de biotecnología de la ciudad, además de dirigir un laboratorio y dar clases de Ciencias.

Como aficionado a los relojes, comenzó a diseñar sus propias piezas por hobby hasta que decidió lanzarse al mercado para competir con marcas centenarias.

El punto de inflexión llegó en 2004, cuando presentó su primera pieza bajo su marca propia: el FV01, un calendario perpetuo con repetición de minutos en oro rosa.

Desde entonces, la firma se consolidó en el segmento de la alta relojería destinada a los bolsillos más pudientes y a los coleccionistas que buscan las mayores complicaciones mecánicas.

Obras de arte en la muñeca

Vila se ha especializado en mecanismos tourbillon ultraligeros y ultrarresistentes, visibles gracias a cajas y movimientos esqueletados. Cada una de sus piezas está cuidada hasta el más mínimo detalle y fabricada con los más altos estándares de calidad por relojeros especializados en Suiza.

Sus relojes pueden encontrarse desde varios miles de euros en el mercado de segunda mano hasta cerca de 180.000 euros en determinadas colecciones exclusivas. Algunas ediciones especialmente complejas o muy limitadas han llegado a superar los 300.000 euros.

Tras dos décadas al frente de la firma que llevaba su nombre, Vila protagonizó una ruptura con su propia marca por discrepancias sobre el rumbo técnico del proyecto. En 2017, la marca y todos sus activos fueron transferidos al empresario Jihad Bakkoura, propietario de la firma Bakkoura.

El valenciano se reinventó entonces con su nueva firma FVF (Franc Vila Founder), presentando junto al prestigioso relojero independiente Rexhep Rexhepi el FVF Emotional Horology Nº1 Superligero, un tourbillon esqueletado construido mediante una arquitectura "unibody", inspirada en el automovilismo de competición.

En esta nueva etapa, el valenciano busca alejarse de la fabricación de relojes en serie para centrarse en lo que él mismo define como "relojería emocional": piezas concebidas como obras de arte antes que como productos de consumo.

Con FVF, Franc Vila continúa un legado poco habitual dentro de la alta relojería y mantiene viva una filosofía basada en la exclusividad, la innovación técnica y la creación de auténticas obras de arte de muñeca destinadas a algunos de los coleccionistas más exclusivos del mundo.