Un vehículo pesado esperando su inspección en las instalaciones de SITVAL

Un vehículo pesado esperando su inspección en las instalaciones de SITVAL FVET

Alicante

La ITV valenciana se marca como meta las contrataciones del mes de julio para aliviar el colapso heredado del Botánico

La Generalitat acelera la incorporación de inspectores en SITVAL mientras FVET vuelve a denunciar retrasos y 19.200 vehículos pesados siguen sin poder pasar la inspección con normalidad en la Comunitat.

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La ITV valenciana (SITVAL) afronta un nuevo examen político y operativo. Mientras la Federación Valenciana de Empresarios del Transporte (FVET) ha vuelto a poner sobre la mesa el impacto del atasco en las estaciones de inspección, la Conselleria de Industria insiste en que el sistema está entrando en una fase de corrección y que julio será el mes en el que empiecen a notarse las primeras contrataciones de refuerzo en SITVAL (Societat Valenciana d'Inspecció Tècnica de Vehicles SA).

El objetivo es aliviar un colapso que el actual gobierno atribuye a la herencia recibida tras la reversión pública de las ITV en la etapa del Botánico de Ximo Puig (PSOE-Compromís-Podemos) y que el sector del transporte sigue padeciendo a diario.

La queja de FVET llega con cifras que retratan el problema con dureza. Según la patronal, 19.200 vehículos pesados están sin cita para pasar la ITV en la Comunitat Valenciana, el 64% de las empresas del transporte afirma tener al menos dos vehículos en espera y el tiempo medio para conseguir una inspección supera ya los dos meses.

Además, la organización sostiene que la situación obliga a buena parte de las flotas a buscar salida fuera de su provincia e incluso fuera de la Comunitat para evitar parones prolongados y poder seguir trabajando. En un sector donde la disponibilidad del vehículo es la base misma del negocio, cada semana de espera se traduce en costes, retrasos en entregas y pérdida de competitividad.

Ese es el contexto en el que la Generalitat quiere colocar el foco en julio como horizonte de alivio. La publicación de la oferta de empleo de SITVAL, que prevé cubrir 73 puestos de inspector o inspectora de ITV, pretende ser la primera respuesta de calado a una crisis que no se resolverá solo con anuncios, pero que sí necesita más personal para recuperar capacidad de inspección.

El proceso se ha diseñado mediante concurso-oposición y contempla un examen tipo test de 100 preguntas, con fase de méritos posterior, además de una bolsa ordinaria de empleo para quienes superen el proceso sin obtener plaza fija. Para la Administración, no se trata únicamente de cubrir vacantes, sino de reconstruir una estructura de trabajo que permita absorber la demanda acumulada.

El problema, sin embargo, no nace ahora. La reversión de la inspección técnica de vehículos al sector público valenciano, decidida por el anterior gobierno poco antes de las elecciones, dejó un sistema que el actual Consell considera tensionado desde su origen. La transición al nuevo modelo llegó sin la preparación suficiente para sostener el volumen de inspecciones que exige el parque móvil valenciano.

El resultado fue un atasco que ha acabado por convertirse en símbolo del desgaste de la gestión pública. El nuevo gobierno, lejos de querer discutir solo la ideología del modelo, intenta situar el debate en otro plano: el de la capacidad real para gestionar un servicio esencial sin convertirlo en cuello de botella.

Ahí está la parte más interesante del asunto, porque la ITV ya no puede leerse solo como un problema de citas, sino como un caso de estrés administrativo. Las estaciones no son un mero punto de paso técnico; son una pieza crítica para el transporte de mercancías, para las cadenas logísticas y para la actividad económica de toda la Comunitat.

Cuando los camiones no pasan a tiempo la inspección, el efecto no se limita al conductor afectado o a la empresa propietaria del vehículo. Se desplaza a los clientes, a los plazos de entrega, a los costes logísticos y, en última instancia, a la competitividad del territorio. Por eso FVET insiste en que el problema no es una incomodidad, sino una pérdida económica directa.

La oferta de empleo de SITVAL trata de corregir ese déficit por la vía más visible: más inspectores para más estaciones y más capacidad de atención. Pero el propio diseño de las bases refleja que el reto es más complejo que abrir nuevas plazas. La convocatoria fija requisitos técnicos, formación específica, adiestramiento inicial y actualización profesional, además de un sistema de bolsas territoriales por zonas.

Todo ello apunta a una necesidad de consolidar plantilla, pero también de ordenar el servicio con mayor precisión territorial. En otras palabras, no basta con contratar. Hay que lograr que la contratación impacte en el funcionamiento real de las estaciones, en la reducción de esperas y en la recuperación de la confianza del sector.