Eli Savall en su cama y en el momento del accidente.

Eli Savall en su cama y en el momento del accidente. Jorge Verdú/Cedida

Alicante

Eli tiene huesos de cristal y lleva un año y medio sin salir de la cama por una caída en Alicante: "Estamos desquiciados"

Los desperfectos, socavones y agujeros de las calles de la ciudad causan decenas de accidentes y lesiones a los peatones.

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Cualquiera que pasee por las calles de la ciudad de Alicante sabe que hay tramos, esquinas y calzadas minadas por dátiles, socavones o desniveles que pueden convertirse en auténticas trampas capaces de tirar a peatones al suelo.

No solo afectan a quienes caminan. También los alicantinos con movilidad reducida sufren estas amenazas en la vía pública que pueden hacer que un paseo, un trayecto al trabajo o una simple salida al supermercado acabe en una sala de hospital.

El caso de Eli Savall (60 años) es quizá uno de los más desafortunados dentro de la larga lista de personas accidentadas.

La vecina del Bulevar del Pla padece osteogénesis imperfecta (OI), también conocida como la enfermedad de los huesos de cristal, y lleva un año y medio sin poder salir de la cama tras una caída provocada por un desnivel en un paso de peatones de la calle Periodista Rodolfo Salazar.

El parte médico reveló una fractura de tibia, la fractura de la vértebra L3 y el aplastamiento de las vértebras L1, L2 y L4, lesiones que la han recluido en su habitación desde entonces.

Pese a todo, Eli abre las puertas de su refugio para recibir a EL ESPAÑOL. Más que tomárselo como una cárcel, ha convertido su dormitorio en una guarida llena de peluches, decoración de Harry Potter y una gran televisión para resistir el aislamiento forzado.

"Fue el 30 de agosto de 2024, sobre las 16.00 horas. La ambulancia vino enseguida, pero la Policía Nacional tardó una hora en llegar", recuerda.

"La rueda se clavó y, con la mala suerte, me caí hacia delante. La pierna se quedó atrapada detrás de la pieza donde apoyo los pies y se partió la tibia", lamenta.

Ante la ausencia policial, fue trasladada al hospital, mientras su hermana se quedó en el lugar para levantar un parte con el que denunciarían al Ayuntamiento de Alicante.

Desde entonces, aseguran haber chocado con trabas administrativas y reconocen "no haber recibido ningún tipo de apoyo".

"El dolor era horrible. Por mi enfermedad, primero me dieron un año de recuperación para la pierna, pero meses después me la volví a romper al apoyarla porque no estaba bien curada. Luego vieron que también tenía la espalda rota", explica.

Aun así, mantiene el humor y sobrelleva la situación con la ayuda constante de su marido y su hija, que han frenado por completo su vida para atender sus necesidades.

La pieza de la silla de ruedas donde se le enganchó la pierna durante la caída.

La pieza de la silla de ruedas donde se le enganchó la pierna durante la caída. J.V.

"Tiene que haber siempre alguien en casa. Yo tengo que buscar trabajos cerca", señala su hija Tabata, quien reconoce que la situación les ha llevado a estar "desquiciados".

El marido de Eli, Pedro, lleva un año de baja laboral, "la primera en 40 años", asegura. Con el paso de los meses, la carga mental aumenta y cada vez cuesta más hacer "de tripas corazón", como él mismo describe.

Eli llevaba 20 años desplazándose en silla de ruedas por su enfermedad, pero conservaba autonomía y eso no le impedía salir a comprar o quedar con sus amigas con su silla o su scooter eléctrica.

El tiempo encerrada ha hecho mella en su salud mental y está recibiendo una terapia psicológica de la Seguridad Social que califica de más que cuestionable: una sesión cada dos meses, de menos de media hora y por teléfono, "ni siquiera en videollamada".

Eli tirada en el suelo esperando la ambulancia.

Eli tirada en el suelo esperando la ambulancia. Cedida

En octubre celebró su cumpleaños y su familia le organizó una fiesta sorpresa. El regalo fue una televisión más grande para su habitación, ya que las series, las películas y los juegos de móvil se han convertido en su principal pasatiempo.

Con su condición, los tiempos de recuperación se multiplican y no sabe cuándo podrá recuperar su vida anterior. Mientras tanto, continúan con la disputa legal contra el consistorio "para que a nadie más le pase", concluye Eli.

La caída de Rosa

Eli no es la única. Rosa Gisbert, de 69 años, sufrió un accidente en junio de 2025 en la calle José Gutiérrez Petén, en el centro de Alicante, justo una semana antes de las Hogueras.

"Era de noche, veníamos del desfile de la entrada de bandas. Yo iba vestida con el traje de la fiesta, llevaba zapatos bajos y estaba cansada, así que bajé del bordillo para ir por la calzada, que estaba más plana, y no vi el socavón", recuerda.

"Fue tan rápido que no me di cuenta. Aterricé de plancha en el suelo y me golpeé toda la cara contra el asfalto. Me hice sangre en la nariz, me corté el tabique y la barbilla", relata.

Rosa cuenta que, al ver tanta sangre, le preguntó a un joven que acudió a ayudarla si se había roto los dientes.

Al día siguiente acudió al médico y comprobó que, "gracias a Dios, no había nada roto". Sin embargo, al no haber testigos, no presentó denuncia, pese a asegurar que "el socavón sigue ahí, incluso peor que antes".

Una vecina suya, añade Rosa, "también se cayó hace un par de años en una acera en mal estado cerca del Mercado y tuvo que ser ingresada".

Caídas por dátiles

Además de los agujeros y desniveles, los resbalones son otro peligro. La avenida Conde Lumiares se ha convertido en un punto negro de caídas debido a la acumulación de dátiles que caen de las palmeras y no se retiran con la frecuencia necesaria.

Según ha podido saber este diario, existen procesos judiciales abiertos contra el Ayuntamiento de Alicante por caídas registradas en esta zona.

Comerciantes del entorno aseguran que es habitual que personas mayores sufran accidentes por el deterioro del pavimento.

"Esa zona es terrible, el suelo es una pista de patinaje", denuncia un afectado que también sufrió una caída allí, y cuya madre resultó lesionada tiempo después en otro accidente similar.

Ante el número de quejas, Compromís ha preguntado a la Policía Local cuántos accidentes y denuncias se producen por caídas en la vía pública.

El portavoz de Compromís en Alicante, Rafa Mas, asegura que llevan "mucho tiempo recibiendo numerosas quejas de ciudadanos que sufren accidentes".

"Es una ciudad totalmente abandonada. Se ha externalizado y privatizado prácticamente todo el mantenimiento, y cuando ocurre un accidente o aparece un desperfecto en calzadas, aceras o mobiliario urbano, las contratas tardan muchísimo en arreglarlo", denuncia.

Como solución, proponen "recuperar las brigadas municipales de carpinteros, jardineros, yeseros o canteros, que antes arreglaban los problemas en pocas horas cuando se les avisaba".