Algunos de los 78 voluntarios de la asociación C.A.S.A.

Algunos de los 78 voluntarios de la asociación C.A.S.A. Laurine Maurice

Alicante

80 personas cenan caliente cada día gracias a CASA en el Convento de la Sangre: "Juzgar es muy fácil desde fuera"

La asociación reivindica un espacio más grande en el que poder acoger también a las personas durante la noche y proporcionarles higiene personal.

Más información: Compromís pide que el Museo de la Semana Santa vaya al Convento de la Sangre y no a Las Cigarreras, un espacio "comunitario"

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En la Calle de las Monjas, a espaldas del Ayuntamiento y frente a un hotel y pisos turísticos, conviven dos Alicantes que intentan no mirarse a los ojos.

Uno pasea, el otro sobrevive. En el número 1, antiguo Convento de la Sangre, el reloj no marca la hora del aperitivo, sino la de la dignidad. Allí, tras los muros de un edificio protegido cedido por las monjas, opera C.A.S.A. (Centro de Atención a Personas sin Hogar San Agustín), el único lugar de la ciudad que ofrece cenas calientes sentados a la mesa, y no en un táper en la acera.

"La calle degrada mucho y atrapa. Cuando estás durmiendo en un banco o en un cajero, pierdes la autoestima y luego es muy difícil recuperarla", explica Mar García, coordinadora del proyecto, mientras organiza el turno de cenas.

Lo que nació en 2020 como una respuesta de emergencia a la pandemia cuando las restricciones cerraron todo y los "invisibles" se quedaron sin nada, se ha convertido en un termómetro social que alerta de un cambio drástico en la ciudad.

Cuando Mar empezó a buscar un lugar para llevar a cabo su iniciativa social, además de la idea de repartir comida, también le empujó la necesidad de poder ofrecer a las personas un espacio donde puedan hablar y ser escuchadas.

"Cuando estaba en Cáritas repartiendo comidas en la calle, veía con mis propios ojos cómo las personas querían hablar y no sentirse solas", asegura.

De este modo, con la cesión de parte del convento por parte de las monjas, pudo llevar a cabo este sueño.

Cambio de edad y de perfil

Si algo detectan Mar y Adrián, el trabajador social del centro, es que el rostro de la pobreza en Alicante está mutando a una velocidad vertiginosa. Ya no es solo el perfil cronificado de hace unos años.

"Hemos visto un cambio en el perfil", detalla Mar con preocupación. "Al principio teníamos gente de mediana edad, hombres de 50 o 60 años. Ahora viene un aluvión de gente joven, sobre todo marroquíes y argelinos de treinta y tantos años, sin papeles y sin posibilidad de trabajar".

El comedor del Convento de la Sangre.

El comedor del Convento de la Sangre. Laurine Maurice

Pero hay otro perfil que golpea la conciencia de la clase media, el del vecino que tenía una vida normativa. "Tenemos personas que tenían su pequeña empresa o un trabajo normal. Llegó una crisis, lo perdieron, luego se separaron y perdieron la casa. Es una espiral", relata la presidenta.

"Hasta que no conoces a la gente con nombres y apellidos, es muy fácil juzgar desde fuera, pero aquí vemos todo tipo de realidades", asegura.

La batalla por dormir bajo techo

El centro atiende a una media de 80 personas diarias de lunes a viernes. Tienen lista de espera y un sistema de "carnés marrones" para gestionar la rotación. Les dan ropa, productos de aseo, zapatos nuevos donados por Tempe y, sobre todo, escucha.

Sin embargo, al apagar las luces, la realidad vuelve a golpear y los usuarios regresan a la intemperie sin un techo bajo el cual poder dormir.

"Nos falta una pata fundamental: que puedan dormir", lamenta García. Alicante cuenta con el albergue municipal (CAI), ahora enfocado en urgencias de corta estancia, lo que Mar califica de insuficiente: "Estar en la calle no se considera una urgencia para la administración, y eso es absurdo. Estás un mes en el albergue y luego, ¿qué? Vuelves a la calle".

Uno de los voluntarios calienta el plato del día, cocinado por Alicante Gastronómica.

Uno de los voluntarios calienta el plato del día, cocinado por Alicante Gastronómica. Laurine Maurice

La asociación ha presentado al Ayuntamiento un proyecto inspirándose en un modelo de Elche: alquilar una nave industrial en las afueras, accesible con transporte público, y adecuarla con espacios diáfanos, duchas y camas. "El proyecto es económicamente muy viable", asegura. Sin embargo, tras reunirse con el Ayuntamiento en abril de 2025 y con la concejala de Bienestar Social para hablar de su propuesta, el silencio administrativo ha sido la única respuesta que han recibido hasta ahora.

Museo Semana Santa

En cuanto a la reciente propuesta de Compromís que recoge otra del propio Ayuntamiento en 2019, acerca de la instalación del Museo de la Semana Santa en el Convento de la Sangre, Mar es tajante: "Las Monjas dejaron muy claro que si cedían su espacio sería exclusivamente para fines caritativos, aquí no cabe ningún Museo".

"Además, existen muchos otros edificios que podrían ser utilizados para este fin, pero aquí en el Convento de la Sangre no sería una buena idea", asegura.

Realidades

La ubicación del comedor, en pleno Casco Antiguo y frente a un hotel, genera tensiones inevitables. "Comprendo que al hotel de enfrente o a los vecinos no les guste. A nadie le gusta tener este conflicto en la puerta de su casa, pero es que existe. ¿Cómo escondes algo que es parte de la ciudad?", reflexiona Mar con una franqueza desarmante.

La asociación se sostiene gracias a donaciones privadas y al esfuerzo titánico de 78 voluntarios que rotan para repartir las comidas provenientes de Alicante Gastronómica y servirlas.

"No recibimos ayuda municipal", algo que, según comenta García, contrasta con la labor que realizan, cubriendo un servicio que, en teoría, correspondería a lo público.

Mar es tajante al respecto: "Si el Ayuntamiento montara un centro en condiciones para que coman y duerman, nosotros cerrábamos mañana. No estamos aquí por afán de protagonismo, sino porque nadie más lo hace y queremos ayudar".

Mientras la administración decide si responde o no, y mientras la policía comienza a multar, según denuncia la Red de Entidades para la Atención a Personas Sin Hogar de Alicante (REAPSHA), a quienes reparten comida en la calle por "mal aparcamiento", en la Calle de las Monjas se sigue sirviendo cenas calientes.

Porque en Alicante, para casi un centenar de personas cada noche, la única "CASA" que existe se escribe con mayúsculas y tiene prestado el comedor de un convento.