El municipio de Guadalest en Alicante.

El municipio de Guadalest en Alicante. Shutterstock

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El pueblo español de la Edad Media que enamora en primavera: declarado Conjunto Histórico-Artístico

Este municipio del interior de Alicante conserva su esencia medieval y se consolida como una escapada imprescindible en mayo.

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Alicante
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El interior de la provincia de Alicante esconde auténticas joyas que parecen detenidas en el tiempo, y una de ellas destaca por su aire medieval y su reconocimiento patrimonial. Se trata de Guadalest, un pequeño municipio declarado Conjunto Histórico-Artístico que cautiva especialmente en primavera.

Con la llegada del buen tiempo, pero antes del bullicio del verano, los pueblos del interior alicantino muestran su mejor cara. Las temperaturas suaves invitan a recorrer sus calles con calma, mientras los paisajes verdes y las sierras que rodean estas localidades ofrecen una estampa difícil de igualar en la costa.

Es precisamente ahora cuando estas escapadas cobran sentido. Lejos de las aglomeraciones, el visitante puede descubrir rincones con historia, gastronomía y naturaleza, en un ambiente mucho más tranquilo y auténtico.

Un viaje a la Edad Media

En la comarca de la Marina Baixa, a unos 60 kilómetros de la capital y muy cerca de Benidorm, Guadalest se alza sobre una peña dominando todo el valle. Rodeado por las sierras de Aitana y Xortà y con apenas unos 300 habitantes, este enclave se ha convertido en uno de los destinos más emblemáticos del interior.

Su fisonomía explica por qué muchos lo consideran un pueblo anclado en la Edad Media. El acceso al casco antiguo se realiza a través de un túnel excavado en la roca, conocido como el Portal de San José, que actúa como una puerta natural hacia otro tiempo. A partir de ahí, calles estrechas y empedradas, murallas y casas colgadas dibujan un paisaje que remite directamente a la época feudal.

En lo más alto, el Castillo de San José, de origen musulmán y construido en el siglo XI, vigila el municipio. Aunque ha sufrido el paso del tiempo, terremotos y conflictos bélicos, sus restos siguen transmitiendo la importancia estratégica que tuvo durante siglos.

Sobre su historia

La historia de Guadalest es tan intensa como su paisaje. Tras la conquista cristiana en el siglo XIII, el castillo pasó a manos de diferentes linajes nobles. Tal y como recoge el Ayuntamiento, "el rey Jaime II donó en feudo el Castillo de Guadalest a Bernardo de Sarrià en 1293", iniciando así una etapa clave en el desarrollo del territorio.

A lo largo de los siglos, familias como los Cardona y los Orduña dejaron su huella en el municipio. Estos últimos, especialmente, jugaron un papel fundamental como alcaides de la fortaleza y gestores del marquesado durante generaciones.

Sin embargo, la localidad también vivió episodios difíciles. La expulsión de los moriscos en 1609 provocó un fuerte descenso de población, mientras que los terremotos de 1644 "destrozaron el castillo", según fuentes municipales.

A ello se suman los daños sufridos durante la Guerra de Sucesión, cuando parte de la fortaleza fue volada.

Ya en el siglo XX, la construcción del embalse y el auge del turismo cambiaron el rumbo del municipio, que en 1974 fue declarado conjunto histórico-artístico y, años después, reconocido como uno de los pueblos más bonitos de España.

Un patrimonio único

El valor de Guadalest no reside solo en su estampa medieval, sino también en su rico patrimonio. El Ayuntamiento destaca que el conjunto está protegido como Bien de Interés Cultural y engloba varios edificios de gran relevancia.

Entre ellos sobresale el Castillo de San José, situado en la parte más alta, y el Castillo de la Alcozaiba, del que hoy solo se conserva una torre en ruinas. Ambos reflejan el pasado defensivo del municipio.

La Casa Orduña, conocida como la 'Casa Gran', es otro de los puntos clave. Construida tras el terremoto de 1644, fue residencia de esta influyente familia y hoy se ha transformado en museo.

Completan el recorrido la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo barroco, y la antigua prisión del siglo XII, ubicada en los bajos del Ayuntamiento.

Todo ello convierte a Guadalest en un destino imprescindible para quienes buscan historia, paisaje y tranquilidad.

Más allá de este enclave medieval, el interior de la provincia de Alicante ofrece un abanico de destinos que merecen una visita sin prisas. Localidades como Polop, Altea la Vella o Biar conservan ese encanto de pueblo auténtico, con calles tranquilas, patrimonio histórico y paisajes de montaña que invitan a desconectar.