Juan Pablo, víctima de la red detenida, y el pantallazo del chat en Grindr.

Juan Pablo, víctima de la red detenida, y el pantallazo del chat en Grindr.

Vega Baja

El relato de Juan Pablo, víctima de la red de atracos a gays en Grindr: "Me sentí estúpido y vulnerable"

El joven de Murcia es uno de los siete hombres presuntamente agredidos por el grupo que atacaba a homosexuales en Alicante y Albacete.

Más información: Una cruz como fondo de pantalla delata a tres jóvenes que atracaban a gays en Alicante, Murcia y Albacete

Alicante
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Juan Pablo tiene 32 años y un viernes cualquiera de este febrero salió de fiesta en Murcia y abrió en su móvil la aplicación Grindr para encontrar a otros chicos con los que ligar. Y a quien encontró es a uno de los acusados de formar parte de una violenta red que perseguía a homosexuales en Alicante, Albacete y Murcia para darles palizas y robarles.

Tras la detención de los tres, aunque ya puestos en libertad con cargos, quiere romper el silencio y "dar la cara" para romper con lo que las asociaciones LGTBI consideran una infradenuncia de las agresiones que sufren en España.

"Soy una persona que conoce la aplicación y lo había hecho otras veces sin problemas", explica Juan Pablo. Un breve intercambio de mensajes a las tres de la mañana con el perfil de un chico llamado Tony y decidió coger su coche hasta un pueblo de Alicante, Cox.

Al llegar, se encontró con el joven con el que había chateado, cuya imagen correspondía a la foto enviada por privado y que luego serviría como prueba. Sin embargo, el plan incluía a alguien más. "Habíamos hablado por la aplicación que iba a venir un tercero, un amigo suyo, y estábamos de acuerdo todos", relata la víctima.

El engaño comenzó a fraguarse cuando se dirigieron a un bar de carretera para recoger al supuesto amigo. Fue allí donde el primer sospechoso le pidió el teléfono por primera vez: "Déjame el móvil que llame a mi amigo, que no tengo saldo". A pesar de que la situación empezó a parecerle "un poco rara", accedió.

Ya con los tres en el coche, se dirigieron hacia Redován, otro pequeño municipio alicantino. Durante el trayecto, volvieron a pedirle el dispositivo con la excusa de contactar con alguien que les proporcionara sustancias estupefacientes. "No me agradó nada", recuerda, "pero estoy metido en esto, le dejo el móvil que llame a su amigo, y que lleguemos ya al sitio".

Al llegar al destino, bajaron del coche y Tony "seguía con el móvil en la mano llamando a este supuesto conocido" hasta que, de repente, "salieron disparados cada uno en direcciones opuestas", describe la víctima. Se llevaron su teléfono, un dispositivo de valor moderado pero que estaba "desbloqueado", lo que generó un gran temor por su intimidad: podían entrar a sus redes sociales y publicar cualquier cosa.

"Me sentí gilipollas"

La reacción inmediata de Juan Pablo fue de estupefacción absoluta. "Me quedé paralizado, perplejo, sorprendido", confiesa. La carga emocional fue demoledora: "Me sentí muy vulnerable, muy sensible, muy triste, me sentí estúpido, torpe, me sentí gilipollas, me sentí inmaduro".

La situación de desamparo se agravó al encontrarse solo, de madrugada y sin teléfono en una localidad que no conocía bien. "No quería poner la denuncia porque me parecía ridículo lo que me había pasado... y pensaba que la culpa era mía, la responsabilidad era mía", admite sobre el estigma que rodea a los delitos relacionados con aplicaciones de ligue o en zonas de encuentros sexuales.

Juan Pablo decidió finalmente acudir a la Guardia Civil en Callosa de Segura, pero el recibimiento no fue el esperado. Según su relato, los agentes presentes se negaron a tomarle declaración en ese momento. "Me dijeron que no era hora de denuncias, que estaban en hora de detenciones", lamenta.

Esta respuesta institucional le sumió en una profunda crisis durante el trayecto de vuelta a su casa en Murcia. "La vuelta a mi casa fue terrorífica. Yo iba como un autómata... Pensaba en pegar un volantazo y salirme de la carretera", confiesa sobre la gravedad de su estado emocional en aquel momento.

Finalmente, fue su hermano quien lo acompañó a la Policía Nacional de Orihuela, donde "me atendieron perfectamente" y de allí marchó a formalizar ya la denuncia de nuevo en Callosa de Segura, donde su caso se sumó a los que el área de investigación tenía en marcha desde enero.

Visibilidad contra el miedo

Tras la investigación, Juan Pablo agradeció las disculpas de la Guardia Civil por el trato inicial y valora la labor que ha logrado detener a los tres jóvenes, dos marroquíes y un español con antecedentes. Aunque asegura que no siente "sed de venganza" por sus agresores, celebra que su denuncia haya servido para frenar estas prácticas.

Juan Pablo, que compartió su caso con el colectivo LGTBI No te prives de Murcia para alertar a otros hombres, subraya la importancia de dar visibilidad a estos sucesos, especialmente fuera de los grandes núcleos urbanos.

"Ahora que estamos viviendo un momento en el que hemos visto cómo retiran la bandera del colectivo LGTBI durante el mes del Orgullo y lo ven como algo insignificante, precisamente tiene más sentido que en las pequeñas localidades es donde esta bandera aparezca", reivindica.

"Nuestra identidad está en todos sitios, estamos fuera de los armarios y tenemos voz", razona con firmeza. Para él, es vital que en los pueblos se sepa que el colectivo no tiene miedo: "Que sepan que no pueden jugar con nuestra intimidad de esa manera".