Andrés Soto.

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Elche

Andrés Soto, agricultor, sobre el alza de precios del combustible: "Al sector nos declaran constantemente la guerra"

Su modelo, basado en la agricultura por contrato, le permite asegurar un precio y un volumen antes de la cosecha, pero no le protege de choques repentinos.

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Alicante
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Dicen que cuando uno ama su trabajo, no cuenta las horas ni espera con ansias las vacaciones. En el mundo de la agricultura es diferente.

Este sector, que conoce bien Andrés Soto, agricultor de 52 años en Elche, por mucho amor y vocación que puedas tener hacia él, no carece de dificultades y momentos de cuestionamiento en etapas difíciles.

Un mundo que se convierte en una constante carrera llena de obstáculos año tras año. Subida de los costes de producción, disminución de ventas, sequías, inundaciones, decisiones geopolíticas cuyo efecto mariposa se vive en primera persona en el campo, y un largo etcétera.

En las últimas semanas, uno de esos golpes se ha materializado en el aumento repentino del coste del combustible a raíz del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán.

Andrés lo resume con una cifra que se le ha quedado grabada. El gasóleo rojo que alimenta sus tractores pasó en cuestión de días de rondar los 96 céntimos a más de 1,20 euros por litro, mientras máquinas que pueden consumir 20 o 22 litros a la hora siguen trabajando tantas horas como marque la campaña.

Cada jornada de trabajo es, literalmente, ver cómo el contador del surtidor "se dispara" mientras los precios que él cobra por el brócoli, la coliflor o las granadas apenas se mueven.

Negociar tarifas

Pero que le suba el combustible no solo afecta a sus tractores. En su día a día también dependen dos furgonetas que van y vienen con los operarios, recorriendo el Camp d’Elx de parcela en parcela.

A todo eso se suma el resto de la lista. Fertilizantes más caros, repuestos de maquinaria, seguros, burocracia. Andrés insiste en que "todo sale del mismo sitio": de cada kilo recolectado.

Si antes ganaba diez, ahora quizá gana nueve, y se ve obligado a negociar cada año las tarifas con las empresas a las que tiene contratada la producción para intentar que esa diferencia no siga aumentando.

Su modelo, basado en la agricultura por contrato, le permite asegurar un precio y un volumen antes de la cosecha, pero no le protege de choques repentinos como la escalada del gasóleo.

Gestiona cerca de 100 hectáreas repartidas en brócoli, coliflor, alcachofa y granado con una estructura fija mínima —él, su mujer y tres trabajadores— y cuadrillas externas en los picos de trabajo.

Esa dimensión le ha permitido producir más de un millón de kilos de brócoli y cientos de toneladas de granada en una campaña, pero también multiplica el impacto de cualquier subida de costes.

No reniega del campo

Aun así, Andrés no reniega del campo. Hijo de agricultores, dejó la fábrica para dedicarse en exclusiva a la agricultura cuando apenas gestionaba 5 o 6 hectáreas y hoy ha convertido aquella pequeña explotación en un proyecto que ASAJA Elche ha reconocido como ejemplo de esfuerzo y ambición.

El nombramiento como Agricultor del Año 2025 le llega en plena "guerra" con el gasóleo, las normas y la competencia exterior, y él lo lee como un empujón para seguir.

Sabe que el campo es sacrificio y que a sus hijas les cuesta imaginarse una vida a golpe de madrugón y surtidor, pero también defiende que todavía se puede vivir bien de la agricultura si se afronta con la misma determinación con la que él pelea cada céntimo que se evapora en el depósito.