La caricatura

Alberto Garzón, un curita cañón

Ilustración: Tomás Serrano

Ilustración: Tomás Serrano

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Después de fichar al militar, Pablo Iglesias se dio cuenta de que le faltaba un cura para construir su proyecto alternativo de franquismo, que él llama de antifranquismo, y entonces se fijó en el que más daba el perfil: Alberto Garzón. Hasta entonces ambos habían sido los Pimpinela de nuestra política, que se lanzaban unos denuestos tan cargados de reproches que se veía que ahí había temita. A poco que le diesen la vuelta a la tortilla, procederían a enrollarse. Como se ha confirmado. En la foto de los botellines los dos eran Luis Miguel Dominguín diciendo simultáneamente que se han acostado con Ava Gardner. (Algo de lo que también presumía El Fary).

Creo que los grandes beneficiados del pacto son los cantautores, que no tendrán que repartirse los mítines. Y luego ya los votantes que están más a la izquierda del PSOE, incluidos algunos del propio PSOE, que están más a la izquierda de sí mismos y de sus chalets. Aunque el primer beneficiado, en realidad, ha sido mi colega Tomás Serrano, que lleva un tríptico fabuloso de zarpas: la del selfie, la del reparto y la del brindis. Más la caricatura que ilustra el presente artículo. En toda esta obra gráfica se pueden apreciar las virtudes cristianas de Garzón: en concreto, lo de poner su otra mejilla, que es lo que significa poner sus siglas. Serrano ha sabido ver que Iglesias y Garzón componen un dúo cómico, solo que el que recibe las bofetadas aquí es el serio.

En el último barómetro del CIS, Alberto Garzón aparece como el político más valorado por los españoles. Esto habla del resto eclesiástico que a los españoles les queda: Garzón, pese a su encendida ideología, transmite una suerte de honestidad apolítica, o que está por encima de la política; una suerte de ecumenismo, más que de comunismo. Y el que, pese a ser el más valorado, no sea el más votado, habla de lo cachondos que son los españoles.

Volviendo a la fase pimpinelesca de la pareja, la verdad es que si Pablo Iglesias me hubiese dicho lo que le dijo a Garzón (“típico izquierdista tristón, aburrido y amargado”, “pitufo gruñón”, “sigue viviendo en tu pesimismo existencial”, “cuécete en tu salsa de estrellas rojas”), yo también me habría enamorado. Que alguien se caliente tanto con uno resulta halagador. Además, si uno está tan falto de estímulos, ¿cómo no se va a ir con el representante de la izquierda alegre y faldicorta?

Bromas aparte, ambos van a hacer historia en la izquierda de este país: Pablo Iglesias cargándose al PSOE y Alberto Garzón a IU, o sea, al PCE. Eso sí, lo que venga a cambio mejor que nos pille confesados. Aunque sea por el curita Garzón.