La caricatura

Bódalo, abertzale andalú

Ilustración: Tomás Serrano.

Ilustración: Tomás Serrano.

  1. Andrés Bódalo
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  4. Miguel Hernández
  5. Opinión

Con Andrés Bódalo, el ya mítico (¡en solo tres días!) concejal jiennense de Podemos, me encuentro con un auténtico problema juanramoniano. Es conocida la exclamación de Juan Ramón Jiménez ante el poema perfecto: “¡No le toques ya más, que así es la rosa!”. Yo, al tener que escribir sobre Bódalo, estoy ante la tarea de hacer una caricatura verbal de quien es una caricatura perfecta. Tengo que tocarlo sabiendo que es un error tocarlo, porque corro el riesgo de caer en el matiz. Bódalo es un diamante en bruto al que el menor tallado empeorará inevitablemente, porque su valor está en lo de bruto.

Quizá en vez de a la cárcel tendrían que haberlo mandado a Atapuerca, a que lo estudiase Arsuaga. Aunque este está habituado a ocuparse de huesos, no de barrigones y mofletes. Desde la misma Andalucía alucino con esta emanación antropológica. No es la pobreza la causante, sino esa fábrica de tribus retrógradas que es la ideología. La ideología y no la pobreza –aunque sí la incultura– es la que lo ha hecho un aborigen zopenco. Una mula obnubilada con, en palabras de Nieto Jurado, “la dialéctica del puño y la uniceja”.

La estrellita de la boina es chica como sus luces. Parece un tercer ojo, u ojito, diseñado para que los otros dos no vean. O para que vean con la obcecación del Che, al que Savater llamó memorablemente el Rambo de la izquierda. Bódalo y sus compis del SAT, Cañamero y Gordillo, tienen su modelo de negocio en escenificar la Andalucía del atraso, regodeándose en ella y haciendo todo lo posible por atrasarla más. Aunque su atrezzo abertzale a la andaluza es, en su ridiculez, la puesta en evidencia más demoledora contra los nacionalismos aparentemente serios. Porque su sustento es el mismo; o sea, ninguno: una excusa hueca para hacer el mamarracho.

Ahora en prisión soñará, alentado por la Clinton de Cádiz, que con él se ha cometido una injusticia franquista, como con Miguel Hernández. Da igual que, a diferencia del poeta de Orihuela, Bódalo aproveche para seguir engordando, y no precisamente a base de cebolla. Y da igual que su condena sea por un delito en una democracia, y que vaya a salir vivo y borriqueando. Pese a su aspecto de Marianico el Corto, es lo que es: un pijo que vive en su mundillo de Snoopy revolucionata.

Hablando de Marianico, en este ambiente de poetas y rimas, Bódalo es una especie de Algarrobico humano que fue a estropear el paisaje de Jódar, uno de los vértices de ese triángulo de las bermudas nominal que un amigo mío gay celebraba con mucha gracia: el formado por Jódar, Guarromán y –sobre todo, decía él– Porcuna. En verdad, ahora que lo pienso, la rosa habría quedado mejorada si el lugar hubiese sido alguno de los otros dos.