Un carnívoro cuchillo

Que venga el duque de Alba...

Así se asustaba o quizá se asusta aún a los niños de los Países Bajos reacios a irse a dormir cuando sus padres lo juzgan oportuno: que viene no el coco, ni el hombre del saco, ni Freddy Kruger, sino el duque de Alba. Lo comentó Fernando Sánchez Dragó el fin de semana pasado en el XIV Encuentro Eleusino, celebrado en El Escorial y dedicado a “España”. Así, a secas.

Dragó contó esto de que a los niños holandeses les meten miedo con el duque de Alba. Yo pude contar que en los Balcanes aún resopla el fantasma del mítico monstruo “Katalan”, y que en algunas partes de Grecia, tras la enormemente sanguinaria “venganza catalana” a la muerte de Roger de Flor, las cuatro barras inspiran pavor. Pero ya me conocen, preferí poner el acento en asuntos más risueños.

Debo decir que este XIV Encuentro Eleusino, donde compartí cartel, entre otros, con Federico Jiménez Losantos y Jorge Verstrynge (para que no nos falte de ná…), fue tan apasionante como duro de pelar. Por lo menos para mí, a quien la cuestión catalana persigue como el salto de la rana al Cordobés (dicen).

Hubo quien se molestó por mi ceñuda negativa a hablar “sólo de lo catalán” o “sólo de lo periférico”, cuando a mí el cuerpo me pedía hablar de todo lo español y más. Como si una española de Girona no tuviera derecho a hablar de la España sin fin. A abarcarla íntegra dentro del pecho, que en parte para eso me esfuerzo en mantenerlo bien grande y amplio de miras.

Esto pasaba el Día del Libro y de Sant Jordi, con el president Carles Puigdemont i Casamajó, actual inquilino de la Presidencia de la Generalitat por la gracia suya, que no la de Dios ni de los votantes (ni siquiera fue candidato presidencial…) clamando por rescatar a la doncella Cataluña de los “dragones feroces” que al parecer y en su opinión la tienen atenazada y presa. Que ya es tener.

Francis Ballesteros, vivaz director de Proyectos de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que ha vivido hasta en Suecia y allá habrá visto de todo, y por eso mira y se mueve como un personaje de novela negra, se me acercó y me enseñó en la pantalla de su móvil el mensaje de felicitación que el presi Puigdemont estaba mandando a todos los funcionarios públicos catalanes.

En tal mensaje institucional se felicita por su esforzada labor a todos los miembros de la función pública catalana, a los que se califica de “preparados”, de “responsables” y de “comprometidos”. Pero, ¿comprometidos con qué? Atención que en seguida viene la letra pequeña de dicho compromiso: “Cataluña está en proceso de transición. Transición hacia un estado propio, que nos permita decidir y vivir mejor (…)”. Pues vaya. Y el cutre de Rajoy limitándose a devolver la mitad de la paga extra hasta ahora retenida a los funcionarios españoles. ¿Habrá que llamar al duque de Alba para rescatar, no ya a Cataluña del dragón, sino al mismísimo Sant Jordi de los políticos catalanes?