Sin soltar amarras

Queremos tanto a Kant

Es una pena que el debate que enfrentó el viernes en la Carlos III a los líderes de Ciudadanos y Podemos quede en el recuerdo por una anécdota: Pablo Iglesias se equivocó al citar un libro de Kant, y Rivera reconoció que nunca había leído entera una obra suya. Por las redes sociales se extendió un clamor que hace pensar que dentro de cada español hay un voraz lector de filosofía que se pasa las noches de Kant a Platón y de Aristóteles a Nietzsche.

Ahora que es tan fácil saber lo que se busca en Google sobre los candidatos a presidir el gobierno (qué número calzan, cómo se llama su novia, cuál es su plato favorito) me gustaría saber cuánta gente se lanzó a enterarse de quién es Kant, y cuántos culturetas buscaron además algún parrafillo del filósofo para tirarse el rollo.

Vamos por partes: primero, el patinazo de los candidatos, en un momento de intensa discusión sobre economía, defensa o política exterior, es más que disculpable. El otro día me pidieron que citase una pieza musical, y tuve que pedir medio minuto para sacar de la memoria el Vals triste de Sibelius, con el que he llorado muchas veces.

Después, creo que uno puede ser presidente del gobierno, e incluso una persona medianamente culta, sin haber leído entero ningún libro de Kant. Yo tampoco lo he hecho, aunque me precio de reconocer su obra gracias a dos maravillosos profesores que en el instituto nos ayudaban a analizar fragmentos de los padres de la filosofía. Así leí a Kant, a Spinoza, a Marcuse. Así descubrí El superhombre de Nietzsche, Las confesiones de San Agustín o La Areopagítica de Milton.

Así aprendí que la cita de santo Tomás "Todo lo que es verdad, lo diga quien lo diga, viene del Espíritu Santo" es la forma fina del dicho "la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero". En el bachillerato nadie lee a Kant a pelo, ni a Platón, ni a Schoppenhauer, pero si uno tiene un buen profesor puede llegar a la Universidad habiendo catado sus principales escritos. Y eso no impide que, veinticinco años después, te quedes en blanco cuando te piden el nombre de tu filósofo de cabecera ni que creas que es imprescindible recuperar las humanidades -con la filosofía a la cabeza- para el currículum.

A pesar de todo, para algunos el debate se dedujo al Kantazo. Espero de verdad que los que se rasgaron las vestiduras con el asunto reciban esta Navidad la última edición de la Crítica de la razón pura. O la Ética, como dijo Pablo Iglesias.