Muere Fidel Castro

Berta Soler, líder de las Damas de Blanco: "Raúl es tan dictador y asesino como Fidel"

Celebra el cambio de rumbo anunciado por Trump en las relaciones de Washington con La Habana y la muerte del "dictador Fidel". 

Berta Soler, en la inauguración de la calle Damas de Blanco en Miami el 23/11/2016.

Berta Soler, en la inauguración de la calle Damas de Blanco en Miami el 23/11/2016. Efe

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“Me siento muy contenta. No nos alegramos de la muerte de un hombre, pero sí de la de un dictador. La muerte de los dictadores hay que celebrarla”, transmite sin pelos en la lengua la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, en conversación telefónica con EL ESPAÑOL. Su teléfono no para de sonar para preguntarle sobre la noticia más importante proveniente de Cuba desde el triunfo de la revolución castrista en 1959. Y eso que ya han pasado más de tres días cuando se realiza la entrevista.

La muerte de Fidel Castro para ella significa “un dictador menos que tenemos en Cuba, puesto que sigue Raúl”. Considera que no va a suponer “para nada” un cambio para los ciudadanos cubanos, y recalca: “Raúl es tan dictador y asesino como Fidel”.

El anuncio de Donald Trump sobre endurecer las relaciones con La Habana cuando llegue a la Casa Blanca y revertir el camino abierto por Obama, significa otra alegría grande para Berta Soler. “Los Castro, Raúl y Fidel, piensan que compraron esta isla, que son los dueños y nosotros somos su ganado”. Por eso está “muy contenta” con el anuncio del presidente electo de Estados Unidos. “Va a poner las condiciones que necesita el dictador Raúl”. Para ella -como para la mayoría de los líderes de la disidencia cubana- la apertura acordada con Obama no es más que maquillaje para sacar ventaja económica de la relación bilateral.

Hace sólo unos días que Soler asistió en Miami a la inauguración de una calle con el nombre de las Damas de Blanco. Allí estos días son muchos los que también celebran la muerte del comandante.

Mientras el compromiso de Trump tras la muerte de Fidel Castro deja intuir una amplia sonrisa en su voz al otro lado del hilo telefónico en su casa de La Habana, el fin de la denominada “Posición Común” de la Unión Europea el próximo diciembre, la entristece e incluso enfada. Es la política que ha regido las relaciones bilaterales de Bruselas y La Habana desde que en 1996 el Gobierno de José María Aznar convenciera a sus socios europeos para condicionar esa comunicación con el régimen castrista a que hubiera avances democráticos.

Berta Soler es premio Sajárov de la Unión Europea junto a sus compañeras de las Damas de Blanco por su “labor incansable en pro de la libertad de Cuba”, y reprocha indignada: “Lamentablemente, Bruselas se ha plegado al régimen castrista. Lo único que interesa y lo primordial para ellos es la economía y los negocios. No beneficia para nada al pueblo, sólo al régimen castrista (...). No son capaces de alzar sus voces para que cese la violencia contra la mujer, y somos premios Sajárov”. Para ella, no cabe duda de que el fin de la Posición Común, en consonancia con los acuerdos de la Administración Obama con Castro, es “darle más luz verde” al régimen.

Las Damas de Blanco llevan años yendo juntas a misa vestidas de blanco todos los domingos. Primero lo hicieron por sus maridos, hermanos y otros lazos con el llamado 'Grupo de los 75', encarcelados en 2003 por ser opositores y calificados de presos de conciencia por Amnistía Internacional. Los últimos de ellos -como su marido y fundador del Movimiento Libertad y Democracia, Ángel Moya- salieron en 2011 de la cárcel. Ahora estas mujeres siguen acudiendo a misa para reclamar el avance hacia la democracia y el respeto por los derechos humanos.

Pero el pasado domingo, poco más de 24 horas después de conocerse el fallecimiento de Fidel Castro, decidieron no ir. “No estamos de luto, pero somos amantes de la familia y defensoras de los derechos humanos. Decidimos no salir a las calles para que el régimen cubano no diga que estamos provocando y no nos fueran a tomar por oportunistas”, explica Soler. También quisieron respetar el duelo de quienes sí lo llevan.

El recuerdo de Fidel Castro para ella no deja ningún hueco para alguna “luz” a la que se alude estos días, sino que quedará marcado por la sangre y el dolor: “un legado responsable de la separación de las familias, de todos los exiliados fuera de Cuba, muchos han perdido a sus familiares sin poder verlos; responsable de los que han perdido sus vidas en el estrecho de la Florida, del hundimiento del remolcador 13 de marzo [en 1994, con 72 personas a bordo intentando llegar a EEUU], de miles de fusilamientos, del aislamiento de muchos...”, enumera sin apenas respirar.

La líder de las Damas de Blanco, que tuvo a su marido Ángel Moya preso como parte de aquel 'Grupo de los 75', asegura que los días en La Habana continúan como cualquier otro, exceptuando las colas para poder homenajear al comandante en los lugares habilitados para ello. No duda de que quienes no vayan a firmar el juramento de lealtad a la Revolución que han planteado las autoridades, se exponen a ser “marcados”.

Soler es tajante: “Quienes van a ir, no es porque lo sienten. Aquí en Cuba nada ha pasado en la calle, es un día más. (Los cubanos no están) ni llorando ni hablando preocupados. En Cuba Fidel ya no representaba nada”. Y es que hace ya una década que no manejaba directamente los hilos de la isla caribeña.

Soler está tranquila, sin “miedo ninguno” a no participar en los distintos actos de homenaje. La muerte de Fidel Castro sumada a las noticias provenientes del cuartel general de Trump en Nueva York, para ella son un buen presagio.