Conflictos armados

Testigo directo en Siria: “¿De verdad hay que esperar a que mueran de hambre?”

El portavoz de Cruz Roja en Siria ha visitado Madaya, una de las ciudades sitiadas afectadas por la hambruna.

Ciudadanos de Madaya reciben las primeras ayudas hace una semana.

Ciudadanos de Madaya reciben las primeras ayudas hace una semana. ICRC

Pawel Krzysiek estuvo en Madaya con la llegada del primerísimo convoy que entró el pasado 11 de enero en esta ciudad siria donde en las últimas semanas han muerto 35 personas por inanición, según los últimos datos de Médicos Sin Fronteras. 

Krzysiek, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) en Siria, lamenta que haya habido que esperar a esta noticia para que la "tragedia humanitaria" que viven los sirios a diario trascendiera. Atiende a EL ESPAÑOL por teléfono ya desde la sede de su organización en Damasco. 

Usted pudo hablar con las familias de Madaya personalmente cuando llegaron los primeros camiones con ayuda. ¿Qué le contaron?

Lo primero que la gente hacía [al vernos llegar] era preguntarnos si traíamos comida, porque todo el mundo estaba muy hambriento. Esperaban ansiosos la llegada de la ayuda humanitaria. Por una parte estaban aliviados y al mismo tiempo dubitativos sobre si iba a pasar realmente o no.

Fue duro ver cuánto se necesita la ayuda, no sólo en Madaya, sino en todos los lugares sitiados en Siria, donde la gente se encuentra en condiciones similares. Son personas como nosotros, que tienen hambre.

Pero el problema en los lugares sitiados [de donde los habitantes no pueden salir] es más profundo que sólo la nutrición. Estamos hablando sobre necesidades humanitarias muy complejas que se superponen: servicios sanitarios interrumpidos, falta de medicinas y de higiene, sin gasolina para calentar el agua… Es el círculo de necesidades de los lugares sitiados, que están ejerciendo una enorme presión sobre la población y empeorando la situación continuadamente.

Prácticamente todo el mundo con quien me encontré, la multitud de gente que nos recibió y en cualquier lugar a donde íbamos, la gente tenía hambre. No lo había visto antes.

Un pequeño en un vídeo tomado supuestamente el 5 de enero en Madaya.

Un pequeño en un vídeo tomado supuestamente el 5 de enero en Madaya. Reuters

¿Vio casos tan graves como las imágenes que han llegado de personas severamente desnutridas?

Había algunos casos de malnutrición muy severos, pero ese es el quid de la cuestión: la mayoría de la gente simplemente tenía hambre. Y perdone, ¿pero de verdad tenemos que esperar a que la gente se muera de hambre o es suficiente ayudarles cuando tienen hambre?

Basta con que no tengan comida, que sus hijos estén llorando porque quieren comer, pero no hay nada disponible, que tomen agua con especias o hervida con hojas… Creo que deberíamos pararlo aquí. La gente no se merece pasar hambre.

No se trata sólo de Madaya, sino de quince lugares sitiados donde viven 440.000 personas; o lugares de difícil acceso donde la ayuda no se puede suministrar de forma regular donde viven 4,5 millones de personas. Hay sitios a los que sólo se puede acceder desde el aire con los militares. O incluso toda Siria, con 80 millones de habitantes de los cuales 12 millones necesitan ayuda humanitaria.

No deberíamos olvidar que nunca deberíamos permitir que la situación alcance ese nivel. La gente no necesita morir de hambre, es suficiente para ellos pasar hambre.

¿Cómo es la situación ahora mismo en Madaya?

Un primer convoy nunca va a resolver el problema. Estamos hablando de un lugar sitiado durante meses, que ha empeorado la integridad física, la salud y el estado mental de estas personas. La gente debe recibir un tratamiento regular, los niños deben ser atendidos. Las organizaciones humanitarias necesitan un acceso regular para poder seguir los tratamientos de aquellos que están enfermos.

La segunda vez en Madaya, los niños seguían muy débiles y malnutridos, pero empezaban a sonreír

Pero no quiero describir la situación sólo como muy dramática. Cuando entramos en Madaya por segunda vez, la gente nos decía que habían tenidos su primer desayuno desde hacía tiempo, comían de forma apropiada, los niños seguían muy débiles y malnutridos, pero empezaban a sonreír.

El acuerdo [entre las partes] dicta las condiciones sobre cómo y cuándo se suministra la ayuda humanitaria. Necesitamos un acceso libre y regular a esos lugares, [aunque] la solución óptima para esa gente obviamente sería que se levantara el bloqueo en todos esos lugares.

Ahora no cuentan con ese acuerdo. ¿Saben cuándo van a poder volver?

La misión se ha completado con la llegada del último convoy esta semana. Esperamos que esta reciente operación sea el comienzo de una tendencia positiva que nos permita seguir accediendo a estos lugares de forma regular, porque me temo que es la única solución para esas personas.

¿Cómo cree que será la situación dentro de un mes?

Todo depende de que tengamos o no ese acceso regular. Si dejamos a estas personas de nuevo durante meses sin los suministros básicos, nos arriesgamos a volver a la situación que hemos visto.

¿Entre esos suministros básicos, además de la comida, qué hace más falta en Siria?

El sistema sanitario está seriamente dañado. A menudo, no se pueden cubrir necesidades muy básicas para la salud de las personas: no hay diálisis, no hay incubadoras, no hay medicinas contra el cáncer, para niños o para enfermedades crónicas… Por supuesto, tratamos de mantener la estructura sanitaria todo lo que podemos, pero hay unas necesidades tremendas, tremendas.

Siria vive una tragedia humanitaria de una escala sin precedentes

Nuestra otra preocupación principal está en las infraestructuras, que han sido seriamente dañadas: la red de agua, el sistema eléctrico, la falta de gasolina en el mercado -algo muy serio especialmente en invierno-, los precios de los alimentos de producción local -que se ha visto seriamente reducida o interrumpida en algunos lugares-, la capacidad de compra de la gente, con la economía siria derrumbándose y volviendo atrás 40 años. Son consecuencias muy serias que la gente nota en sus vidas diarias, más allá de los lugares sitiados. Estamos hablando de una tragedia humanitaria con necesidades de una escala sin precedentes.

¿Cuánto durarán los suministros médicos que han llevado a los lugares sitiados a los que ha tenido acceso?

Las medicinas que llevamos para niños, para enfermedades crónicas o agudas, aguantarían tres meses en circunstancias normales. Pero estamos en circunstancias anormales, así que puede ser algo menos, porque hay un número creciente de personas que pueden necesitarlo. Definitivamente, no [durarán] mucho tiempo, lo que significa que necesitamos volver.

Ciudadanos de Madaya hablan con las ONG en su primer contacto con el exterior en meses.

Ciudadanos de Madaya hablan con las ONG en su primer contacto con el exterior en meses. ICRC

¿Cuál es su siguiente prioridad?

Continuar pidiendo acceso [a estos lugares y] a aquellos donde la gente que sigue esperando. Pienso en la gente que ve las imágenes de la llegada de los convoyes y aún está esperando que llegue la ayuda humanitaria a donde ellos están. Tenemos que hacerlo. Es necesario.

Se cumplen ya casi cinco años desde que comenzó el conflicto armado en Siria y la situación sólo parece empeorar.

Es una situación horrible. Es una tragedia humana que aquí sucede a diario desde hace cinco años. No tiene fin. Una cosa que desde una organización humanitaria debes dejar claro es que la ayuda humanitaria no resolverá el problema. Lo que ayudará a la gente de Madaya, Fua, Kefraya… es una solución política que es necesario que alcancen las partes. La asistencia humanitaria ayudará a la gente a sobrevivir.