Cuatro años después

Absuelto porque había descargado por error pornografía infantil

Un juzgado reconoce que el contenido ilegal se había colado entre sus archivos de porno adulto.

Una persona utilizando un ordenador.

Una persona utilizando un ordenador.

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La "pesadilla" ha durado cuatro años, en los que el ahora absuelto [sentencia íntegra] siempre ha defendido que su intención no era descargar pornografía infantil. Sin embargo, el equipo de la Policía Judicial de la Guardia Civil llegó a su domicilio tras detectar en la red diversos archivos de contenido pedófilo, con el fin de investigar a los usuarios que se lo estaban intercambiando. En marzo fue condenado a un año de prisión.

Entre la cantidad ingente de vídeos pornográficos que el usuario tenía en la carpeta de descargas del programa eMule (9.217), los investigadores encontraron 23 de contenido pedófilo. Además, y según cuenta a EL ESPAÑOL el propio absuelto, contaba con más de 140.000 clips de porno adulto en otros discos duros que también fueron investigados. "Lo que he pasado es una pesadilla, la pornografía infantil es algo que abomino", explica.

"Cometí el error de no ordenar los ficheros"

"Yo no me esperaba nada de lo que pasó, entraron en mi casa y, aunque creo que desde el principio vieron que no tenía culpa, el proceso siguió adelante", explica. A pesar del estigma social con el que ha tenido que cargar -"me querían poner como el abominable hombre de las nieves"- su mujer le apoyó "desde el primer momento".

Tras recibir la sentencia, interpuso un recurso de apelación, en el que alegó que la carpeta de descargas del programa se encontraba repleta de archivos que "no había visto" ya que la fecha de creación y del último acceso al fichero es la misma. Además, a pesar de que utilizó palabras para buscarlos como "mature", "voluptuos mature woman" o incluso "over 40", se descargó archivos con los términos "PTHC" o "kids", que se vinculan a pornografía infantil. "No sabía ni qué significaban", cuenta el ahora absuelto, que tiene claro que su error fue "no ordenar los ficheros"

Para su abogado, es necesario analizar "la intencionalidad" del autor, algo que a su juicio no tuvieron en cuenta cuando condenaron a su cliente. "Este hombre, además de que descargaba miles de archivos pornográficos, era un persona muy descuidada", apunta. Por ello, "no sabía que tenía esos archivos ilegales y nunca los había visualizado".

El absuelto respira ahora "aliviado", aunque "me queda la pena económica", se lamenta.

Otro caso similar

No es la primera vez que este abogado defiende a un cliente por un caso como este. "Tuve que defender a un hombre que, al bajar vídeos de recetas de cocinas, descargó uno que contenía pornografía infantil sin saberlo", comenta. En ese caso, el vídeo ni siquiera se podía reproducir porque "daba error". "Tuvimos que demostrar que tenía la casa llena de libros de cocina y que solía ver vídeos de ese contenido", cuenta el abogado.

El problema, continúa, es que la búsqueda de pornografía infantil la hacen "de una forma demasiado automatizada" y simplemente "verifican quién comparte los ficheros, pero no las circunstancias de cada uno". "Cuando nos viene un caso de esto, lo primero que hacemos es verificar si hay intencionalidad o no. Si nos quedamos el caso es porque hay indicios de inocencia", apunta.

La pornografía infantil en España

España ocupa el quinto lugar del mundo en esclarecimiento de casos de pornografía infantil por vía telemática, tanto por número de detenidos como por el volumen de víctimas identificadas, según informó hace unos meses el director general de la Policía Nacional, Ignacio Cosidó.

Cosidó explicó que la lucha contra los delitos que se cometen utilizando internet y las nuevas tecnologías ha llevado a reforzar la unidad especializada en esta materia, que en el último año ha pasado de contar con una brigada a estar integrada por dos, ambas con especialistas en esta materia. El objetivo es dar respuesta a redes de criminales "muy sofisticadas" que están transformando la pornografía infantil en una especie de servicio a la carta, que mueve muchos millones de euros y está en constante transformación.