Investidura en Cataluña

Artur Mas, el cadáver político que se resiste a morir

El presidente en funciones de la Generalitat no asume sus caídas electorales.

Artur Mas, tras el no de la CUP a su investidura

Artur Mas, tras el no de la CUP a su investidura Efe

Artur Mas, de momento, no se va. Su lento descenso en el éxito de las elecciones de 2010 tras el gobierno Montilla empezó en septiembre de 2012. Dos semanas después de la manifestación de la diada de 2012, el presidente convocó elecciones. Le quedaban más de dos años de mandato, pero la crisis y los recortes se habían llevado a otros presidentes europeos. La manifestación y las reuniones con Mariano Rajoy le daban la opción de obtener un nuevo mandato hasta 2016. La estrategia no cuajó.

"Me toca demostrar generosidad"

Mas hizo la convocatoria en el debate de política general en el Parlament. Por lo que dijo, sabía que su apuesta era arriesgada. Anunció por ejemplo su retirada si Cataluña obtenía lo que quería. Lo anunció con estas palabras: “Estos últimos días he meditado de qué manera podía contribuir como presidente del país a reducir el ruido que provoca la confrontación partidista de unas elecciones. He reflexionado a fondo sobre la generosidad y el sentido de país que a mí, más que a nadie, me toca demostrar y practicar”.

Artur Mas podría empezar su rueda de prensa del martes al mediodía con esas palabras de 2012. Sería un repique de cuando dijo que “no voy a ser un obstáculo”. Ahora que la CUP ha certificado su no a la investidura solo un gesto inesperado puede evitar elecciones en marzo.

Los cuatro motivos

En aquel discurso en el Parlament, Mas dio cuatro motivos para iniciar el proceso soberanista: uno, la voz de la calle debe trasladarse a las urnas; dos, una nueva legitimidad para el presidente tras unas elecciones en 2010 en que no llevaba el derecho a decidir en el programa; tres, el pacto fiscal que Rajoy negaba, y cuatro, en una repetición de la primera, el pueblo catalán debe escoger quién le representa.

Mas perdió 12 diputados entre 2010 y 2012, aunque la mayoría con la ERC de Oriol Junqueras le permitió seguir en la Generalitat. El presidente logró además sacar del debate político los recortes y otra amenaza que se cernía sobre su partido: la corrupción. El gobierno central era el responsable último de los recortes en Cataluña, según Mas, y también de la persecución judicial contra su formación. Pero la calma política no iba a volver a Cataluña. Las siguientes diadas fueron igual de multitudinarias que en 2012. El gobierno de Mas tuvo que redoblar la apuesta en 2015. Mas acusaba al presidente Rajoy de no querer acordar una consulta: “La negativa total del Gobierno español incluso a hablar precipita ahora la decisión”, dijo Mas el día de la convocatoria electoral.

Mas logró cambiar el fondo del debate, pero los resultados del 27-S -a pesar de la lista única- fueron insuficientes para formar gobierno e iniciar la legislatura. Las generales del 20-D no auguran que Mas logre repetir como presidente si hay elecciones en marzo y vuelve a presentarse. “Sometámonos, todos juntos, a su voluntad [la de las urnas]. Acatemos, todos juntos, su veredicto”, decía Mas en 2012. Decía entonces que “como comprenderán”, dejar la presidencia “no se trata de una decisión fácil” y que lo hacía “estrictamente en clave de país”. Ha confirmado que no es una decisión sencilla tras evitarla una y otra vez.

La refundación debe esperar

Artur Mas cumplirá 60 años el 31 de enero. Si el plan hubiera ido según lo previsto, habría abandonado la presidencia al fin de la próxima legislatura con el país presuntamente más cerca de la independencia y con un partido refundado con otro nombre. Convergencia debía hacer ese congreso refundacional antes de febrero de 2016. Allí se decía que el partido habría elegido una bicefalia: un encargado de dirigir el partido y un candidato a la Generalitat. La candidata más probable, según todas las quinielas, es la vicepresidenta en funciones Neus Munté. Pero aún no le ha llegado el turno. 

#PressingMas

Desde la cúpula de CDC, la presión va dirigida en contra obviamente de la CUP: ha sido “la gran aliada de los poderes del Estado para echar al presidente Mas”, ha dicho Josep Rull, coordinador general de CDC. El conocido #PressingCup para que la formación anticapitalista invistiera a Mas se usará ahora para responsabilizarles de las hipotéticas nuevas elecciones.

Pero si se confirman los nuevos comicios, con los días y las peleas preelectorales puede crecer también el #pressingMas después de que su candidatura haya sido una condición inevitable en un proceso que, en teoría, iba más allá de las personas. La campaña electoral será larga.

Artur Mas tiene pendiente la causa por la consulta del 9N ante el TSJC. Es otro de los motivos por los que el presidente en funciones puede preferir ser candidato y seguir en su escaño. “Nada será fácil, pero todo es posible”, dijo Mas en septiembre de 2012. Su renuncia sigue pareciendo difícil e imposible.