PRECAMPAÑA ELECTORAL

Valencia ya no sonríe a Rajoy: el PP pasa de reventar Mestalla a huir de sus militantes

Aznar llenó hasta la bandera el campo de fútbol y Mariano Rajoy ya ni reserva un lugar por miedo a las ausencias. 

Un niño llora al hacerse una foto con Rajoy en Alfafar, Valencia.

Un niño llora al hacerse una foto con Rajoy en Alfafar, Valencia.

  1. Mariano Rajoy Brey
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Mariano Rajoy optó por volver a Valencia pero sin pisar Valencia, consciente de que la ciudad ya es sinónimo de corrupción. El líder del PP prefirió acudir a la minúscula plaza de Alfafar, a ocho kilómetros de la capital, donde le esperaban simpatizantes que se desgañitaban para que sus cánticos de “¡presidente!” intentaran ahogar los insultos (“¡ladrón!”, “¡chorizo!”) que le propinaban los indignados, que hasta le han cantado al ritmo de la sintonía popular la letra: “Robar, robar, robar y robar”. La imagen que acompaña este texto, el líder del PP con un niño en brazos llorando a lágrima viva, representa lo que llegó a ser y lo que ahora es un partido, el Partido Popular, en la región que más confió en él y donde más ha decepcionado.

Hace tiempo que Valencia ha dejado de ser un cómodo feudo del que Génova se servía para exhibir músculo y poderío electoral. El partido ha dejado atrás los años en los que llenaba fácilmente el coso valenciano -con una capacidad que ronda las 15.000 personas- y que era una cita casi obligada en el calendario electoral. La última vez que utilizó la plaza de toros fue para las autonómicas de 2015. Entonces Mariano Rajoy fue para dar su apoyo público a la exalcaldesa Rita Barberá, ahora escondida por la Operación Taula, un caso de corrupción en el seno del Ayuntamiento que ella dirigió. El líder del PP ha vuelto, pero no ha hecho ni una sola mención a esta lacra. El mensaje que quería colar era otro: defender la educación concertada.

El líder del PP en Alfafar.

El líder del PP en Alfafar.

El PP consiguió llenar en la campaña del 24-M la plaza, pero en la cita electoral se dejaron 600.000 votos: la mitad de su electorado no le votó. En la memoria de los conservadores está marcado ese día como “una de las peores pesadillas”: se perdió la Generalitat, los ayuntamientos de las principales capitales y la Diputación de Valencia. El 20-D, el escenario elegido fue otro. “La plaza de toros ya es imposible llenarla”, reconocen en privado fuentes del partido regional y nacional.

Los conservadores diseñan su campaña electoral y piensan obsesivamente en cómo recuperar feudos históricos como Valencia. Sin embargo, son conscientes del peligro que supone programar un acto en un sitio cerrado. “La militancia está totalmente decepcionada con los dirigentes que tradicionalmente han dirigido la Comunidad Valenciana. Aunque se haya apartado a todos, para recuperar a los militantes de base se necesita mucho tiempo y mimo”, aseguran las mismas fuentes.

Sin acto de partido

De hecho, llama la atención que en la visita de Rajoy este miércoles a Alfafar se haya evitado cerrar un acto de partido. El foro elegido ha sido una casa de la cultura con espacio ocupado en exclusiva por la comitiva popular y por periodistas. Estaba previsto que el presidente en funciones y candidato a la Moncloa se reuniera con representantes de la educación concertada e hiciera un paseo por la zona comercial sobre las dos del mediodía. Ni un solo acto programado con militantes del partido a los que el PP se ha propuesto recuperar.

El líder del PP ha entrado en la casa de la cultura rodeado de su escolta y allí se ha reunido con el colectivo de la concertada durante algo más de media hora para después irrumpir en la sala y subirse al púlpito, sin ni recibir el calor de los aplausos de los suyos. El acto, que debía acabar sobre las 13.30 horas, lo ha hecho una hora después, y Rajoy ha borrado de su agenda el paseo por las calles de Alfafar. Un coche le esperaba a las puertas de la casa de la cultura y el líder del PP se ha enfrentado, de nuevo, ante un público dividido entre partidarios y detractores.

El mitin de Mestalla

Valencia siempre significó mucho para el PP. El momento de máximo esplendor fue hace justo veinte años, el 29 de febrero de 1996, y no hubo un día igual. José María Aznar cerraba la campaña electoral tras la que por fin consiguió ser presidente del Gobierno. El PP reservó el Mestalla, estadio del Valencia CF. Una hora antes de que comenzara el mitin, tuvieron que cerrar las puertas. Las 55.000 sillas fueron ocupadas y 15.000 simpatizantes se quedaron fuera. Este miércoles en Alfafar la suma entre los que aún presumen de ser del PP y los indignados no llegaban a los cien.

En aquel acto cantó Manolo Escobar y en primera fila, junto a la esposa del candidato, Ana Botella, se sentaba Julio Iglesias, que no amenizó la velada con ninguna canción pero subió al escenario para abrazarse y saludar al público con Aznar. “Eran los tiempos en los que los españoles se sentían orgullosos de ser del Partido Popular. Ahora los que son no lo dicen, les avergüenza”, reconocen en privado los que hoy luchan por revivir un partido que lo fue todo en sitios como Valencia y ahora solo son noticia por unos cuantos abucheos.