Liga BBVA

Bale rescata al Madrid en Vallecas

El galés, con dos goles, salva a su equipo en un partido desordenado (2-3) en el que los blancos no jugaron con la actitud esperada frente al Rayo. Buena actuación de Isco, Lucas y Navas. Benzema, lesionado.

Gareth Bale celebra uno de sus dos goles ante el Rayo.

Gareth Bale celebra uno de sus dos goles ante el Rayo. Reuters

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En el campo más pequeño de la Liga, embarrado por la lluvia, un Madrid con cinco suplentes se aferró a la capacidad de Gareth Bale, de nuevo por la banda derecha, para prolongar el sueño de la Liga en un partido que deja sensaciones agridulces para los blancos. El partido no tuvo orden ni sentido e hizo sufrir al equipo de Zidane, pero se lleva a casa el impulso anímico de una remontada poco estética pero igualmente válida para la clasificación. Es tarde ya en la temporada para esperar un equipo previsible y sólido, pero de sus arranques de genio y talento se puede esperar cualquier cosa. [Así se lo hemos contado: 2-3]

El partido fue emocionante desde el comienzo, con Bale y Bebé como destacados en cada bando. Fue este último quien hizo el primer daño: encaró a Danilo por la izquierda en el minuto 8, centró al punto de penalti, Miku la dejó pasar con inteligencia y apareció Embarba aprovechando el vacío dejado por los centrales en las ayudas y Kroos como mediocentro defensivo para fusilar a Keylor.

Vallecas estalló bajo la lluvia y el Madrid quedó completamente aturdido. Cinco minutos después, Varane falló en un córner, dejó un balón muerto en el área pequeña y permitió a Miku dejar a los blancos con un serio problema antes del cuarto de hora. 2-0 y la Liga medio perdida. Su reacción fue difusa. Kovacic intentaba aprovechar la falta de liderazgo visitante y empezaba a filtrar balones a Jesé y a Benzema, pero sin la precisión requerida. La posesión era local y Kroos e Isco ni olían la pelota. La afición blanca se acordaba de Casemiro. Bebé volvía loco a Danilo, caótico otra vez en defensa, y en general el Madrid no parecía estar jugándose un campeonato.

Keylor salvó el tercero ante Embarba, completamente solo, tras un contraataque maravilloso del Rayo, beneficiándose permanentemente de un centro del campo ineficiente. El Madrid bordeó el desastre aproximadamente hasta el minuto 25, cuando Isco decidió justificar su sueldo y el Madrid raseó la pelota con cierto sentido por primera vez. La media hora siguiente del malagueño sería francamente interesante.

Trashorras firmaría 45 minutos espléndidos como centro de operaciones rayista (aunque bajó su rendimiento en la segunda parte). Navas tuvo que hacer un paradón a Bebé en el 27 para salvar el partido. El Madrid era un desastre: los jugadores no bajaban a tiempo y no ganaban un solo duelo; la figura ausente de Modric se agigantaba en el banquillo.

Kovacic, mientras tanto, seguía intentándolo por ambas bandas y daba cierta sensación de peligro. Pero era Isco, cuando la tocaba, quien mejoraba inmediatamente a su equipo. El primer córner blanco llegó en el minuto 33. En ese mismo saque, el comandante Bale se elevó sobre todos y dio esperanzas a su equipo: es ya el máximo cabeceador de la Liga.

El Rayo seguía generando peligro con muy poco (las ventajas de llegar con tanta gente arriba), pero empezaba a cometer errores atrás. Benzema sintió molestias en la rodilla al final de la primera mitad y volvió a alarmar al madridismo. Fue reemplazado por Lucas, garantía de intensidad, y los suyos se retiraron al vestuario con gestos de preocupación.

Varane y Miku disputan el balón en el Rayo-Real Madrid.

Varane y Miku disputan el balón en el Rayo-Real Madrid. Reuters

No hizo cambios en el descanso Zidane, pero su equipo mejoró, fundamentalmente de la mano de Isco, decidido por fin a asumir protagonismo en ausencia de los líderes de la plantilla y con un Kroos visiblemente cansado. Su primer cuarto de hora, hasta que cambió de posición, fue fundamental en la mejoría merengue.

El empate llegó muy pronto, en un golazo de cabeza de Lucas (que mide 1,65) por la escuadra tras otra internada de Danilo, convertido en extremo, que compensa en ataque sus deslices defensivos. En el tramo posterior, el Madrid pudo sentenciar el partido. Jesé (completamente ineficaz toda la tarde) tiró al muñeco en el 58 y un minuto después Lucas pudo meter el tercero en otra arrancada de Bale por la derecha. El Rayo, sin balón, pagaba el desgaste físico del primer tiempo. Pero logró enfriar el ímpetu blanco y llegar al último cuarto del encuentro con opciones.

Zidane tiró entonces de Modric (por un pésimo Jesé) e Isco se colocó de falso ‘9’: el malagueño desaparecería otra vez en su nueva posición. El partido era emocionante por la imperiosa necesidad de ambos clubes, con los blanquirrojos empleándose cada vez con más dureza. Especialmente tras el tercer gol de Bale, el portador de los galones, el mejor de su equipo, que resolvió el desmadre táctico en que se había convertido definitivamente el partido, completamente roto, tras aprovechar un error brutal de Embarba en la salida de balón (un endemismo rayista) hacia el minuto 80 y cruzar el balón ante la salida desesperada de Juan Carlos. El desdichado James acaba de reemplazar a un batallador Kovacic, pero no ocuparía titulares.

Pudo el Madrid meter el cuarto en los minutos finales y pudo también perder dos puntos en un último arreón de sufrimiento que volvió a retratar la irregularidad incurable de un equipo con mucha pólvora pero sin autoridad alguna. Marcelo, bastante peor que Danilo en el cómputo global del partido, se empeñaba en meter el cuarto en lugar de cerrar atrás y la afición vallecana nunca perdió la esperanza de eliminar a un candidato al título y ganar un punto para la permanencia. La grada saltó en un par de disparos finales sin premio, pero al final se impuso la lógica: Zidane podrá preparar lo que de verdad le importa, la Champions, sin más dudas entre los aficionados.