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Supersubmarina: jugarte la vida, morir por la música

Con dos integrantes de Supersubmarina ingresados en estado grave, los músicos reclaman condiciones laborales que les permitan trabajar sin peligro.

Los integrantes del grupo Supersubmarina.

Los integrantes del grupo Supersubmarina.

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La noticia llegaba durante el despliegue del dispositivo especial que la Dirección General de Tráfico había puesto en marcha durante la festividad de la Virgen de Agosto: seis personas resultaban heridas en un accidente de tráfico este domingo tras un choque entre una furgoneta y un turismo en la carretera N-322, en el kilómetro 168 en la localidad jiennense de Úbeda. En uno de los vehículos viajaban los integrantes del grupo indie Supersubmarina. Según informa su agencia de contratación Pink House Management, el cantante, José Chino, y el batería, Juan Carlos, continúan ingresados en la UCI del Hospital Neurotraumatológico de Jaén, estables dentro de la gravedad.

El suceso despertaba a lo largo del día la solidaridad de músicos -Vetusta Morla, Nacho Vegas, Amaral, La Oreja de Van Gogh...- y también de políticos. Pedro Sánchez, Andrea Levy y Pablo Iglesias, entre otros enviaban durante las siguientes horas mensajes de apoyo a la banda. Pero comenzaban a resonar también los ecos de una caja de Pandora que se había abierto este verano. La Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras tuiteaba: “Sólo nos llevamos las manos a la cabeza con casos como el de Viola Beach [banda británica cuyos cuatro integrantes murieron cuando regresaban de un concierto en Suecia] o ahora el accidente de Supersubmarina”.

Cuando se firma un contrato nunca se establecen condiciones con respecto al desplazamiento

Lo advertía con anterioridad el rapero Álex Garbanzo a este periódico hablando de las condiciones laborales del gremio: “Ya verás qué risa cuando alguien de un grupo pequeño se caiga de un escenario y se parta la crisma o tenga un accidente de tráfico in itinere y no tenga cobertura”. Garbanzo reitera ahora la opacidad laboral, común a la que se enfrenta todo músico que debe desplazarse: “Cuando se firma un contrato, que en mi caso han sido las menos de las veces, nunca se establecen condiciones con respecto al desplazamiento. Sí puede entrar su coste dentro de las negociaciones, o según el caso pueden facilitarte tanto la gestión de la compra de los billetes como la del alojamiento. Depende del caso, a veces tú te buscas la vida para llegar, cenar y alojarte donde sea y otras te ofrecen realizar todas esas gestiones. Hay de todo”.

Desde el Sindicato de Músicos, el compositor José Sánchez-Sanz describe la práctica habitual en cuanto a desplazamientos: “En general, los gastos corren a cargo del grupo correspondiente. Con el dinero que se les paga por el concierto se paga también el desplazamiento y todo lo que corresponde. Salvo que seas un grupo con un caché muy alto, las bandas, en líneas generales, se ven obligadas a hacer malabarismos para que les cuadre el tema y poder sacar algún beneficio. En muchos de los casos se ven obligados a contratar vehículos baratos o directamente utilizar los coches propios que no están preparados para determinadas cargas a las que se ven sometidos. Algunos festivales se celebran en lugares con acceso por carretera complicado y que entraña cierto riesgo para el conductor, por muy experimentado que este sea”.

Con el dinero que se les paga por el concierto se paga también el desplazamiento y todo lo que corresponde

Que el desplazamiento corra a cargo del músico no tiene por qué considerarse una mala praxis, pero puede entrañar ciertas complicaciones, como explica Garbanzo: “Rige el convenio, el Estatuto de los Trabajadores y la jurisprudencia, como en cualquier otro caso. Si una trabajadora de un aeropuerto tiene que ir desde su casa a su puesto de trabajo todos los días, y sufre un accidente, este tiene la consideración de accidente laboral in itinere. Para estos casos, entiendo que sucede lo mismo. No hay nada especial en ello, y por eso no se tiene que recoger ninguna condición especial en el contrato. El problema con la música es que muchas de las trabajadoras no son -ni tienen por qué ser- empresarias, y no se les da de alta en la Seguridad Social, y esto es lo grave, claro, porque ni indemnización ni nada”.

Carretera, siniestralidad laboral

La creación del Sindicato de Músicos en mayo de este año, a las puertas del macrofestival Primavera Sound, alertaba de que se trataba de una de las preocupaciones del gremio. El músico Nacho Vegas recordaba en su Facebook entonces: “En Xixón la primera toma de conciencia llegó de la forma más dramática posible en 2008, cuando el grupo de folk Felpeyu, acostumbrado a girar en su furgoneta por toda Europa, sufrió un accidente de tráfico que acabó con la vida de dos músicos muy queridos en Asturies, Igor Medio y Carlos Redondo. Cada año se celebran una serie de conciertos en recuerdo de Carlos e Igor, pero también para denunciar que aquel fue un accidente laboral en toda regla que no contabilizó como tal porque los músicos carecían de cobertura laboral alguna”.

No era el primer caso: históricamente muchos músicos han sufrido accidentes mientras se desplazan por trabajo. Y muchos son accidentes mortales. Nino Bravo en 1973, en un trayecto entre Valencia y Madrid. Cecilia regresando aceleradamente a Madrid desde Galicia, para llegar a unas grabaciones. Eduardo Benavente, de Parálisis Permanente, imagen de la Movida más gótica, con apenas 20 años. Tino Casal, el rostro del glam español, en el momento álgido de su carrera.

Un grupo grande puede permitirse pernoctar fuera y conducir al día siguiente

¿Por qué tanta siniestralidad? Garbanzo alude a que “todo depende del caso concreto”. “Un grupo grande puede permitirse pernoctar fuera y conducir al día siguiente. También puede ser que estés cerca de tu ciudad. En general, creo que como cualquier otro curro. No lo veo especial en ese sentido. Vamos, como cualquier otro curro de viajantes”.

Pero como explica Sánchez Sanz, sí podría haber una relación de riesgos: “Existe un alto riesgo para los músicos que realizan desplazamientos ya que cualquier incidente carga sobre sus espaldas, quedando eximidos el festival o la sala correspondiente de toda responsabilidad, a pesar de que esos trabajadores realizan ese desplazamiento para tocar para en ese evento. En algunos casos, algunos festivales incurren en prácticas muy peligrosas para la seguridad de los músicos, como no dar alojamiento tras el concierto, lo que supone realizar el viaje en condiciones adversas para la salud de los músicos, al verse privados del descanso correspondiente, o tener que viajar por la noche, con la cantidad de riesgos que eso conlleva”.

Los contratos se pagan en negro o se obliga al músico a ser autónomo y a gestionar su propia contratación

La abogada especialista en el sector musical Mónica Sevil, resume la situación: “La falta de regulación de los músicos es inaudita, es peor que en cualquier otro sector. La ley que obliga al empresario a contratar de manera legal, es decir, dando de alta en la Seguridad Social, no se cumple. ¡Ni siquiera por parte de ayuntamientos, que son los que más dan de comer a los músicos! Los contratos se pagan en negro o se obliga al músico a ser autónomo y a gestionar su propia contratación. Y además, existe el agravante de que casi ningún músico toca en su propia ciudad, con lo que se añade la peligrosidad de viajar constantemente y de manera precaria”.

Desde el sindicato de CC OO se alertaba recientemente que “no se ha conseguido que los riesgos laborales de los músicos por cuenta ajena sean conocidos ni sus enfermedades profesionales estén reconocidas”. Se explicaba, además, que era necesario modificar la percepción social de que la profesión de músico “es un trabajo bueno o muy bueno desde la óptica de la seguridad y salud laborales”. Por esta y otras razones, músicos de cámara de Sevilla marcharon el 28 de abril, el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo.

No puede ser que en la mayor parte de los casos los músicos casi tengamos que pagar por tocar, aparte de arriesgar nuestras vidas en los trayectos

“Los músicos, me refiero sobre todo a aquellos con unos cachés medios o bajos, la mayor parte de nosotros, somos el último eslabón de la cadena”, concluye Sánchez Sanz. “Mientras aportamos entretenimiento, debemos de responsabilizarnos de muchas cosas que, en la mayor parte de los casos, exceden de nuestra labor. Deberían existir una regulación para la contratación y unos mínimos de presupuesto para cumplirla. También deberían existir dentro del contrato correspondiente unas mínimas medidas de seguridad que cubran los imprevistos. No puede ser que en la mayor parte de los casos los músicos casi tengamos que pagar por tocar, aparte de arriesgar nuestras vidas en los trayectos que se hacen para ir a nuestro lugar de trabajo”.