Miguel Hernández evocando a Ramón Sijé, en Orihuela, en abril de 1936

Miguel Hernández evocando a Ramón Sijé, en Orihuela, en abril de 1936

75 años de la muerte del poeta

El cuento de Miguel Hernández que hacía llorar a su hijo, Manolillo

En homenaje al poeta rural, influido por la canción popular, se publica una edición con los cuatro cuentos para su segundo hijo, escritos desde la cárcel en sus últimos años de vida. 

Martina Brown

En sus últimos días de vida, el poeta Miguel Hernández, preso político del franquismo en la cárcel de Alicante, se empeñó en escribir cuentos a su hijo Manolillo, nacido el 4 de enero de 1939. Manuel Miguel Hernández Manresa fue el segundo hijo del escritor y “una de sus últimas alegrías a pesar de no haberlo conocido”.

“La recta final de la vida de Miguel es sinónimo de la peor cara del primer franquismo: el hombre que no quiere ser un cómodo intelectual de sofá y se marcha a las trincheras donde esquiva las balas enemigas pasa a convertirse en uno de los numerosos presos que llenan las cárceles por motivos políticos”, escribe el periodista Víctor Fernández en el prólogo de la edición que acaba de publicar la editorial Nórdica, con motivo de los 75 años del fallecimiento del autor de El rayo que no cesa (1936).

Una de las hojas de papel higiénico que usó Miguel Hernández para escribir los cuatro cuentos.

Una de las hojas de papel higiénico que usó Miguel Hernández para escribir los cuatro cuentos. BNE

Cuentos para mi hijo Manolillo recoge los cuatro cuentos que escribió entre rejas a su hijo. Dos de ellos fueron publicados en 1988 y los otros dos hace siete años. La nueva edición publica reunidos los que se ven como “un acto de amor” del poeta fallecido por una tuberculosis, originada en una bronquitis y un tifus.

Borrones de lágrimas

En sus últimos días, pudo conocer a su hijo tras las rejas. Lo sacaron de su celda entre dos personas. Lo dejaron agarrado a los barrotes. En la mano portaba un libro. Eran dos cuentos para su hijo. Antes de que terminara el encuentro trató de darle el libro al niño “y no lo dejaron”, escribe su mujer, Josefina Manresa. “Un guardia se lo tomó y me lo dio a mí. Cuando el niño supo leer lo hice dueño del libro, pero más bien su lectura le hacía llorar al acordarse de su padre. Ahí están los borrones de las lágrimas que caían en las páginas”, añade.

Una imagen de archivo de Manuel Miguel Hernández Manresa, segundo hijo del poeta.

Una imagen de archivo de Manuel Miguel Hernández Manresa, segundo hijo del poeta.

En una de esas innumerables cartas, el poeta escribe a su pequeño hijo: “Manolillo de mi alma; sabrás que hoy has cumplido tu primer año, y que tu padre te felicita como puede, desde tan lejos. Puesto que ya andas, ven aquí conmigo y aprenderás a ser hombre en la cárcel, donde tantos hombres desaprenden. Me dice tu madre que no te gusta mucho el juguete que te he mandado y que te gusta más el biberón. Mejor. A mí me pasaría lo mismo”.

Libertad, libertad, libertad

El libro con los dos cuentos, El potro obscuro y El conejito, los escribió con lápiz, en unas pequeñas hojas de papel higiénico. Pero también había escrito Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el ovillo rojo. Todos ellos se conservan en la Biblioteca Nacional de España, que los adquirió por 20.500 euros al hijo de Eusebio Oca, compañero en la cárcel de Miguel e ilustrador. El manuscrito, formado por seis hojas pequeñas, cosidas con hilo de ocre y con bordes envejecidos, está ilustrado ahora por Damián Flores, Sara Morante, Adolfo Serra y Alfonso Zapico. Todas las historias, protagonizadas por animales, son fábulas explícitas sobre la libertad.

En Un hogar en el árbol, el cuento se cierra con un poema: “Hasta la vuelta, pequeñuelos,/ y que no os vayáis a perder/ en las estrellas de los cielos./ Venid siempre al atardecer”. En La gatita Mancha y el ovillo rojo la protagonista felina trata de escapar de una cárcel de algodón. Cuando logra huir asustada, dice: “¡Fus! ¡Fus! ¡Parrafús!/ Porque el gato más valiente,/ si sale escaldado un día,/ huye del agua caliente,/ pero, además, de la fría”.