ENTREVISTA A MANUEL VILAS

"Cuando un texto literario es malo, parece de derechas"

El autor publica su poesía completa (1980-2015) y habla sobre la pobreza, el capitalismo emocional y la maquinaria del deseo.

El poeta Manuel Vilas acaba de publicar su poesía completa

El poeta Manuel Vilas acaba de publicar su poesía completa

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La vida es estilo -escribe Manuel Vilas (Barbastro, 1962) en uno de sus poemas-, tal vez sólo sea estilo. Será estilo esa forma desusada suya de apoyar la cocacola sobre la mesa, de hablar de capitalismo emocional en un VIPS, de reírse de verdad -llano, hondo-, con todo el cuerpo. Él se dice pobre, pero el estilo es gratis. Aun con lo que tiene de inasequible. "Hay que ensanchar los temas de la poesía a todo cuanto se mueve", señala. Todo es poetizable con estilo. Su Poesía Completa (1980-2015, Visor) abre las fauces al mundo y lo mastica entero sin hacer ascos: la tristeza costumbrista, el amor húmedo y bravucón, el dolor del padre y de la madre. A dentellada limpia. Con estilo.

Las obras recopilatorias son siempre espejos devolviéndole al autor la mirada. Ahí está el niño de los primeros poemas románticos. Luego el sarcástico, el divertido, el árido, el golfo, el loco, el roto. Y, en el fondo de todos ellos, Gran Vilas. Lúcido y deslenguado. Soberano único de su gloria y su desastre. 

¿Es mejor no releerse nunca, como decía Onetti?

Es duro. Al recopilar este libro descubrí que hay una parte cómoda de mi poesía para mí, desde 2005 hasta ahora. Pero la poesía que está más en la arqueología de tu propia identidad... dices: madre mía, quién era este. Y este eras tú. Le ves defectos, dices bah, este hombre está perdido, qué demonios escribía. Es un sufrimiento. El paso del tiempo es humillante (ríe). Cuando consigo independizarme de mis maestros -Baudelaire, Cernuda-, de imitarlos... y entiendo que mi poesía está al servicio de la vida, empiezo a ser yo.

Mira, a mi no me interesa la metaliteratura, las teorías... todo eso me aburre muchísimo. Hay escritores que se tienen que armar con un montón de teoría para poder explicar sus libros. Es angustioso. A mí no me fascina la literatura, me importa un pimiento, de hecho. Me impresiona la vida. La literatura sólo me sirve para cantarla a ella, que es la reina de todo: la vida.

Dice en el prólogo "era pobre y sigo siendo pobre". ¿Cómo se sabe que uno es pobre?

Pues cuando... (se ríe). Cómo se sabe... Pues cuando no puedes pagar alquileres, cuando no puedes comprarte ropa, cuando no puedes hacer muchas cosas... la idea de la pobreza es una idea endémica en España. Yo tengo una idea heredada de mis padres y de donde vengo, que es la idea de quien no tiene. En España, y lo digo en un poema que se titula Historia de España, han conseguido mezclar pobreza y culpabilidad. El pobre, o el que va justo... no sólo el pobre de solemnidad, porque alguien me podría decir "Oiga, es que usted no es pobre, se puede pagar esta coca-cola". Ah, y otra más, incluso, eso puedo hacerlo. No soy pobre de solemnidad, pero sí puedo señalar que vivo en un país en el que, si una persona no tiene dinero, el resto piensa "Algo estará haciendo mal, será inhábil o tonto o lo que sea".

¿Es la poesía un arte que se construye a partir de la clase social?

En toda mi literatura, tanto en novelas como en poesía, siempre ha habido conciencia de clase. Yo sé perfectamente de dónde vengo. Y esa es una de las cosas que más incomoda a mucha gente cuando me lee, el recordatorio constante de una clase social.

¿Por qué les molesta?

Porque esto es un país de nuevos ricos. Un país donde en cierto modo, chirría que uno esgrima su origen humilde. Y yo vengo de una familia muy humilde. Me refiero a que socialmente incomoda hablar de dinero. Molesta que un texto literario hable de dinero, y a mí me pasa al contrario...

Cuando un texto no habla de dinero le da la sensación de que está ocultando una parte fundamental de la vida.

Efectivamente. Si no hay nada de eso, ni siquiera una metáfora, me pongo nervioso, porque quien lo ha escrito seguro que mira todos los días su saldo bancario en internet, ¿no? Si hace eso, ¿por qué no lo cuenta en su obra? Es un signo de hipocresía. Hay muchos poetas que escriben desde sitios muy elevados de la experiencia, ¿sabes? Sitios graves, nobiliarios, solemnes, altísimos... después estás con ellos y están todo el día hablando de dinero. Pero no pagan ni la cocacola (se ríe y cita un poema): "Esa gente que se hace el longuis a la hora de pagar las cervezas de los amigos un bar... allí está él. El capitalismo".

¿Tiene el capitalismo la culpa de que no se pueda vivir de la poesía en España? En el libro dice que el capitalismo le resta dignidad a la poesía.

El capitalismo no tiene todas las culpas del mundo. Es un sistema abominable y demoníaco, pero lo hemos inventado nosotros, que somos angelicales (dice, con retintín). Y hermosos y nobles y comprometidos y guapos todos. Hay ahí una cosa bien curiosa, ¿no?

Entonces, ¿quién tiene la culpa de la marginalidad de la poesía en el mercado?

De entrada, tiene pocos escaparates sociales. No sale en los medios. En los grandes momentos de la comunicación no está la poesía. Está la política, la sociedad, la música, el cine, la literatura... pero cuando dices literatura es novela, porque la poesía no tiene espacio social. Y luego hay muchos poetas que están haciendo cosas que no le interesan a nadie. Aquella poesía que es inexpresiva con respecto a lo que nos está ocurriendo a todos. Y no voy a decir nombres porque no tengo ganas de ser más pobre todavía (risas). Mira Machado. ¡A Machado lo entiende todo el mundo! Porque es un poeta popular.

Yo no te estoy diciendo nada ahora mismo que no diga mejor una librería. Vas a una librería y ves que la sección de poesía siempre está al final, diminuta y escondida. A veces ni hay. Lo dijo Octavio Paz a principios de los 80, "la poesía ha bajado a las catacumbas". Y es verdad. Hay gente que viene y me dice "tus novelas están muy bien, pero tu poesía no la leo no porque sea tuya, sino porque yo no leo poesía".

Pero hay poesía comprometida que no ha sobrevivido. Mire Blas de Otero.

O Vicente Aleixandre. Ésa es otra (se ríe).

¿Existe buena poesía de derechas?

Es una pregunta compleja, porque habría que diferenciar si lo que es de derechas es el escritor o su poesía, porque hay escritores, ciudadanos de derechas y su literatura no es así. Ahí tienes el caso célebre de Balzac, tan conservador. O Baudelaire, tan reaccionario políticamente sin que su poesía lo acompañase. O Céline, que fue medio nazi pero su literatura es tan rompedora...

Hablo de una derecha transversal que llega del autor a la obra. Un todo coherente.

Los textos literarios que a mí me interesan no son fáciles de adscribir a una realidad política. Hay una cosa en la literatura que es la ambigüedad y eso es bueno. Hay poetas que dicen ser de izquierdas pero sus textos en realidad son casi de derechas... bueno, es que cuando un texto es literario es malo parece de derechas (sonríe). La ecuación no sale. Luego está Francotirador, la última de Clint Eastwood. Una película de derechas y, sin embargo, una gran película.

El poeta Manuel Vilas

El poeta Manuel Vilas

¿Qué tiene España de inspiradora que no tenga EEUU?

Es mi país, el de mis padres y el de toda mi vida. Pero claro, EEUU tiene mucho dinero y sus escritores no se mueren de hambre como aquí.

¿Le hubiera gustado nacer allí?

No me habría importado que mis abuelos hubieran emigrado ahí. EEUU es el país que decide cómo es la realidad. Ahora, por ejemplo, Bruce Springteen viene a Madrid, con toda la carga de crítica antiamericana que hay en muchos sectores políticos españoles... pero viene Springteen, que es un hijo de la América más América y en 3 horas vende 55.000 entradas por internet. Yo fui una. Luego me cabreé un poco porque pensé "joder...55.000...", y las entradas de los conciertos en España son más caras que allí. Allí valen como 40 dólares y aquí no bajan de 90 euros.

Dice que su poesía se puede entender como un retrato de los últimos 30 años de este país. ¿A quién se parece físicamente España?

Estaba pensando en La juventud, la última de Sorrentino, ¿la has visto? España se parece a Maradona. Al Maradona que sale en la película de Sorrentino.

¿Puede sobrevivir al tiempo un escritor sólo con su trabajo, sin mitología personal?

No. En España no. Bueno, y en cualquier parte... o consigues crear una mitología o acabas como Blas de Otero (se ríe). Una gran mitología española en literatura es Federico García Lorca. Sin el gran mito detrás, no sé cómo le iría. O Hemingway... todo esto de crearse procede de la cultura pop. Todo a partir de Warhol.

¿Qué le ha dejado su madre, además de un número de teléfono con el que titula un poema?

Es complicado. Mi madre me ha dejado muchas cosas... estoy escribiendo ahora un libro sobre eso, sobre la influencia de los padres. Mi madre era un ser más especial... en mi literatura hay una visión caótica del mundo que es suya y me ha dejado. Era un caos...

Le habla como si fuera una novia en ese poema, ¿no? "Mira que fuimos pobres y felices tú y yo, ma mére, en esta España de grandes hijosdeputa enriquecidos hasta la abominación... y aun así mantuvimos el tipo, como dos enamorados".

Algo tendría que decir Freud de eso (sonríe). Yo creo que la mayoría de escritores no entienden el alcance de sus padres hasta que han muerto. La relación de padres e hijos, tan común en la literatura (Manrique, Kafka) es lo único que se libra de la alienación del capitalismo. El capitalismo llega a los corazones de la gente, abraza las vidas privadas. Uno se cree que las elecciones que no tienen nada que ver con nuestro trabajo o nuestra capacidad adquisitiva, es decir, las elecciones de pareja... son regiones libres, franjas a las que no alcanza el orden social ni el económico. Pero es mentira.

Si te enamoras de un señor o una señora, ten seguro que aplicas los cánones de belleza del capitalismo. Y los cánones de posibilidades laborales o económicas de ese señor o señora del que te enamoras también se rigen por el capitalismo. Sin embargo, el amor de padres a hijos pertenece a un sentimiento atávico que viene de la noche de los tiempos.

Pero el padre introduce al niño en el capitalismo.

Sí, pero lo hace para que sobreviva. Quiere darle armas para que no se muera de hambre.

¿Sobre qué gobierna Gran Vilas?

Gran Vilas es un canto a la creación de tu propia vida. Es decirle a la gente "bueno, aunque seas pobre, la imaginación es gratis, puedes montártelo muy bien si le echas un poco de morro a la vida...". La vida puede ser una fiesta aunque seas pobre. Es la tesis de ese libro, que tienes poder sobre ti mismo. La libertad hay que ejercerla, vivimos en un país libre en el que podemos hacer lo que nos de la gana, dentro de los cauces que ya sabemos.

¿Cómo se vive divorciado del alcohol? ¿Hay una separación de bienes, alguna pensión, una llamada de vez en cuando...?

Llevo un año y medio sin beber. Nada. Se gana mucha claridad (se ríe)... el alcoholismo es un tema muy complejo. Todo el que ha dejado de beber es porque ha bebido mucho. Pero es que el alcohol tiene mucho que ver con los escritores porque es una exaltación de la realidad, una especie de fiesta interminable. Todo el libro está lleno de alusiones, a lo largo del poemario se está bebiendo todo el rato. Hay un poema que se llama Los borrachos... y yo no me daba cuenta hasta que un amigo mío escritor, Fernando Marías, me dijo que ése era el libro de un alcohólico. No me había dado cuenta de eso. Entendí que yo era un alcohólico a posteriori. Y salí de ahí.

El poeta Manuel Vilas acaba de publicar su poesía completa

El poeta Manuel Vilas acaba de publicar su poesía completa

¿Todos somos potencialmente psicópatas?

(Se lo piensa) Si tú aceleras a la gente y les complicas la vida, se pueden volver psicópatas, claro, pero yo creo en la bondad. Es una de las cosas que me fascinan de la vida: la gente bondadosa. La bondad es más fuerte que el amor, es una cosa revolucionaria, atávica, primigenia. La bondad desarma. El amor de pareja es un pacto, un contrato... pero la bondad es gratis.

Me llama la atención que diga en el prólogo que nada le haría feliz, ni siquiera un premio Nobel. Eso lo escribió en Iowa, en 2015. ¿Sigue siendo así o ha encontrado algo ya?

Yo tengo 53 años y a eso lo he llamado insaciabilidad. Es una especie de mal de la vida en el que no consigues alcanzar la plenitud. Lo del premio Nobel lo digo para aludir a ese mal que está en mi vida: nunca consigo llegar a ser feliz. Probablemente está en la maquinaria del deseo, que es una maquinaria atroz...

¿Y no cree que eso puede frustrar a la gente que tenga cerca o que le quiera? Pueden decir "qué pasa, no somos suficiente nosotros o qué".

Por supuesto. Ahí has estado. Eso genera mucho dolor en el entorno de las personas que están siempre deseando. Hay frustración. Frustración por todos lados.

Dígame tres cosas que le gusten de la vida y en las que la gente no repare.

El sol... me gustan los hoteles si no los pago yo, y me gustan los coches de lujo. Sí. Los coches de lujo están muy bien.