VIDAS EJEMPLARES

Vargas Llosa cambia Nobel por morbo y gana un millón de lectores

El novelista cambia de estrategia y de criticar a la civilización del espectáculo pasa a formar parte de ella.

Ilustración: CRC

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  1. Mario Vargas Llosa
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Hace siete años Mario Vargas Llosa pensaba y escribía que el Hola! y congéneres “son los productos periodísticos más genuinos de la civilización del espectáculo”. El concepto que acuñó en su último ensayo nacía para atacar la estrategia de los medios de comunicación que apostaban por “convertir la información en un instrumento de diversión”. Esto, explicaba, era darle legitimidad y respeto a la información que “antes” se refugiaba “en un periodismo marginal y casi clandestino: el escándalo, la indiferencia, el chisme, la violación de la privacidad, cuando no –en los casos peores- al libelo, la calumnia y el infundio”.

Cualquier tiempo pasado era mejor “antes” del nacimiento del Hola!: “Es ávidamente leída por millones de lectores en el mundo entero que, está demostrado, la pasan muy bien con las noticias sobre cómo se casan, descasan, recasan, visten, desvisten, se pelean, se amistan y dispensan sus millones, sus caprichos, sus gustos, disgustos y malos gustos los ricos, triunfadores y famosos de este valle de lágrimas”.

Siete años después, y unas semanas antes del lanzamiento de su nueva novela Cinco esquinas (Alfaguara), Mario Vargas Llosa es protagonista del Hola!, gracias a su relación con Isabel Preysler. La pareja ha logrado que la revista más leída de este país escriba sobre lectura (y amor): “Déjame el teléfono de Isabel para pedirle el contacto con el Hola!”, le dijo Carmen Balcells en una de sus últimas cenas, antes de que la agente literaria falleciera. Vargas Llosa contaba la escena en la presentación de su libro, hace unos días en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Balcells y la pela

Dice que a él le molestó que su superagente y superamiga tratase de utilizar su relación amorosa con la persona que acumula más portadas del Hola! y que se revolvió y que ella le contestó: “Tú dedícate a lo tuyo que es escribir, que yo venderé tus libros”. Meses después de aquella cena todo apunta a que lo que no logró el Nobel de Literatura entre la población española, lo ha conseguido el Hola!.

“¿Sabe cuánto vende a la semana?”, preguntaba el autor en la rueda de prensa. “¡Un millón!”, dijo entre sorprendido, indignado e insaciable. Ese era el nicho que le faltaba por conquistar a la industria editorial, arruinada y aislada en un país del que un tercio de la población reconoce no leer nunca un libro. Un millón a la semana desde febrero y varias portadas, supone un fomento a la lectura de Cinco esquinas inaudito en la campaña de promoción de una novela española.

De momento, la editorial que le publica arranca la operación con una tirada por encima de las ventas de sus tres anteriores libros (El sueño del celta, El héroe discreto y Los cuentos de la peste). Todo apunta a que Isabel y Mario van a poder con esos 200.000 ejemplares que circulan por las librerías españolas y de América Latina. De hecho, Pilar Reyes, la editora, durante el acto del Círculo de Bellas Artes aseguró que en la primera semana de vida del libro ya había dado la orden de dos reimpresiones más. No dio cifras.

Bienvenida, popularidad

Mario ya está en el estrellato de la popularidad, gracias al Hola!, la quintaesencia de su civilización del espectáculo. Hasta le llaman para dar un Premio Goya. Qué gran noche la del cine español, en la que tuvo su minuto de gloria entregando el galardón a su antítesis creativa, Fernando León de Aranoa, y dejó todo el protagonismo a Preysler, en el patio de butacas, como apuntó Elvira Lindo.

“El Hola! es un fenómeno cultural”, ha reconocido el escritor peruano a la revista, entregándose en cuerpo, pero sobre todo en alma, a la máquina periodística que más vende, la del “amarillismo y el escándalo”. Para rizar el rizo, Cinco esquinas va de eso, es un ajuste de cuentas del autor con la información rosa. “El morbo es el vicio más universal que existe”, le hace decir a Rolando Garro (sé que en este momento piensan, “cómo se parece ese nombre de personaje al torneo de tenis de tierra de París), el director de Destapes, la versión Hola! de su ficción. Destapes, sí. Durante el libro quedará claro que la inteligencia sutil de las geniales Conversación en la Catedral y La ciudad y los perros no queda nada.

Las portadas posadas de Mario Vargas Llosa y su pareja en el

Las portadas posadas de Mario Vargas Llosa y su pareja en el

“El Perú entero podría satisfacer su curiosidad morbosa, su apetito chismográfico, ese placer inmenso que produce a los mediocres, la mayoría de la humanidad, saber que los famosos, los respetables, las celebridades, los decentes, están hechos también del mismo barro mugriento que los demás”, vuelve a hablar Rolando Garro (no se rían). El libro es una moralina que desvela cómo el poder utiliza la prensa amarillista para acabar con sus enemigos. Como novela es un endeble artefacto que se deshace en los prototipos y en los tópicos, desarmada por la evidente intención de su autor en patentar la idea de que la democratización de la cultura convirtió a la cultura en un trapo de cocina.

Una novela del montón

Ejemplo de primero de tópicos: “Ése es el periodismo que más vende y el más moderno del mundo de hoy, ingeniero. Destapes le hará ganar mucha plata, le aseguro. ¿No es eso lo que importa a un capitalista? Ganar dividendos, solcitos contantes y sonantes. Pero, además, y eso es quizás lo más importante, lo hará a usted un hombre muy temido, don Enrique. Sus competidores tendrán pánico de que usted, gracias a Destapes, los hunda en la ignominia bajando el dedo meñique. Piense, nomás, lo que esto significa, el arma que pondré yo en sus manos”.

En la escena habla el tal Rolando Garro y se dirige a Enrique Cárdenas, el empresario más importante del Perú de Fujimori, el candidato que derrotó en 1990 a Vargas Llosa en las elecciones y terminó sus días como dictador. Por supuesto, Cárdenas contesta, como buen empresario, que él tiene escrúpulos y moral antes que apetito por el poder y el dinero.

El periodista que amarillea es el que está marcado, de manera congénita, por “una suspicacia mendaz y una intuición sin fallas para lo morboso, pecaminoso y mal habido”. Es la prensa que se dedica al morbo y a la intimidad de las parejas la que utilizaba el poder para manipular, la misma con la que comulga y ofrece entrevistas, posados y fotografías sobre la privacidad de su relación. Ahora tiene un millón de lectores, aunque no le ha salido gratis.

Mario Vargas Llosa entregando el premio a Cesc Gay en los Goya.

Mario Vargas Llosa entregando el premio a Cesc Gay en los Goya.

Los novelistas también amarillean con la edad. Más bien, verdecen con el sexo y reverdecen con el sexo lésbico. Las escenas entre las dos mujeres son de secreto y sotana, y la justificación que hace de ellas… “Yo asco no, más bien curiosidad. Pero, es verdad, una no se conoce a sí misma hasta que le ocurren cosas. Porque, la otra noche, cuando me desperté sintiendo tu mano en mi pierna y tu cuerpo pegadito a mi espalda, tuve una excitación que no había sentido nunca. Cosquillas entre las piernas, el corazón se me salía por la boca, me mojé todita”. No es posible el deseo por el deseo, el sexo (entre mujeres) sólo está permitido si es por motivos de curiosidad, por “conocerse a una misma”. Por supuesto, son dos mujeres muy bien casadas y enamoradas de sus maridos.

En Cinco esquinas también descubrimos una arrebatadora afición de Mario Vargas Llosa por los diminutivos: de “todita”, “programita”, “faldita”, “arbolito”, “animalito” a “mojadita”… un no parar.

Mario –ya se lo apuntó Balcells en aquella cena- ha encontrado lo que le faltaban a sus novelas para ser leídas a miles. El Nobel ya lo tenía, le faltaba el Hola! para alcanzar lo que apuntó en La civilización del espectáculo: “Para esta nueva cultura son esenciales la producción industrial masiva y el éxito comercial”. Bienvenido, Mario. Disfrute del viaje.