Literatura

México, la violencia y el crimen no entienden de cuentos

La realidad del país centroamericano asoma entre relatos y crónicas en sendos volúmenes de escritores contemporáneos.

Emigrantes mexicanos detenidos en la frontera de Texas este año

Emigrantes mexicanos detenidos en la frontera de Texas este año Getty Images

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Corre el verano de 2012 cuando el escritor estadounidense Francisco Goldman se da cuenta de que ha tocado fondo. Se cumplía el quinto aniversario de la muerte de su esposa, la escritora mexicana Aura Estrada, y el duelo estaba siendo profundo, lento y doloroso. Las sesiones de psicoterapia, a las que acudía en Nueva York y México D.F., le estaban ayudando pero no eran suficientes para frenar la desintegración. Tampoco había conseguido aliviarlo la escritura del libro Di su nombre (Sexto Piso, 2012), publicado esa misma primavera, y en el que rememoraba su vida junto a Aura, fallecida con apenas treinta años.

Goldman bebía en exceso y no terminaba de reubicarse. Como era su costumbre en los últimos años, aprovechando los recesos de su calendario como profesor en universidades estadounidenses, ese verano lo pasaba en México D.F., una ciudad a la que había comenzado a viajar en la década de los ochenta, mientras trabajaba como reportero freelance cubriendo las guerras en Centroamérica. Una madrugada, tras una larga noche de fiesta –con episodio de violencia incluido-, mientras bebe el penúltimo mezcal con el músico y escritor Juan Carlos Reyna, éste le dice: “Frank, tenemos que cambiar de vida”. Goldman está de acuerdo. Para él ese cambio pasa por volver a conectarse con el mundo exterior.

Desde dentro 

El duelo nos encierra en nosotros mismos convirtiendo nuestra mente en una cárcel de máxima seguridad casi perfecta. “¿Sabes lo repetitivo que es el duelo? Siempre lo mismo; no solo cada día, sino cada hora. Los mismos pensamientos, los mismos horrores, los mismos sentimientos perdidos, el mismo ciclo una y otra vez”, ha declarado Goldman en una entrevista. Vivir en un circuito interior mental del que no puedes salir, como si estuvieras dando vueltas al Circuito Interior físico, la vía de circunvalación que encierra el centro de la Ciudad de México, sin encontrar las salidas.

En las páginas de El Circuito Interior. Una crónica de la Ciudad de México (Turner, 2015) encontramos dos tipos de crónicas. Las crónicas personales, en las el autor relata su duelo y evoca sus peregrinajes pasados y presentes por la ciudad (no hubiese estado de más incluir un mapa para seguir a Goldman en sus vagabundeos urbanos). Y las crónicas periodísticas, en las que se ocupa de la actualidad política y social de México, tan agrietada y convulsa que resulta difícil imaginar siquiera cómo puede iniciarse a recomponer.

Goldman consigue que ambos tipos de crónicas se entrelacen con fluidez. A fin de cuentas, tanto el mundo interior como el exterior pueden convertirse en lugares igual de inhóspitos e inhabitables. Cuando Goldman comienza a lograr salir de su infierno interior, se encuentra con una realidad que está descomponiendo el país y decide contarlo. Ha encontrado la salida de su circuito interior. La crónica personal deja paso a la crónica colectiva.

OVNIS narcos

Playa del Muerto, estado mexicano de Veracruz. Comienzos de la década de los noventa. Una noche, dos hermanos, una niña de nueva años y un niño de seis, ven aparecer unas luces en el horizonte que pasan sobre la playa y se pierden tierra adentro. Tras la sorpresa inicial, la niña le dice a su hermano pequeño que acaban de ver una nave extraterrestre. A partir de esa noche, la pequeña comienza a leer cuanto cae en sus manos sobre avistamientos de OVNIS.

Tampoco se pierde los programas de televisión acerca de un fenómeno que parece haberse convertido en una epidemia por toda la nación. Meses más tarde, sin embargo, comienzan a difundirse las primeras noticias sobre avionetas de narcotraficantes que sobrevuelan la costa de Veracruz rumbo a las pistas de aterrizaje seguras. La niña experimenta entonces su primera gran desilusión: la realidad de los adultos se impone a su imaginación infantil, y la realidad no le gusta.

El relato Luces en el cielo, de Fernanda Melchor, es uno de los veinte reunidos en la antología Palabras mayores. Nueva Narrativa mexicana (Malpaso, 2015). Seleccionados por Guadalupe Nettel, Cristina Rivera Garza y Juan Villoro, los cuentos pertenecen a veinte autores mexicanos con menos de cuarenta años en el momento de la selección. Sin unidad temática que las una, la antología, en palabras de Rivera Garza, que escribe el prólogo, es una colección “porosa y varia. Está basada en la fuerza de los textos mismos, en la manera como interroga a nuestros hábitos lectores o conducen nuestra mirada hacia sitios inesperados”.

Decapitaciones

Resulta por tanto inevitable, según Rivera Garza, que en algunos de los relatos se debatan también, desde posiciones estrictamente literarias, las distintas formas de estar en “esa realidad-ficción dominada ahora mismo por un Estado en llamas y una sociedad civil en activo”. Un ejemplo es el relato de Fernanda Melchor, aunque transcurra hace dos décadas. No es el único relato que se ocupa de la realidad violenta del país, o que al menos la menciona, aunque sea de refilón.

La violencia que ha tomado las calles de Acapulco aparece de fondo en el relato de Valeria Luiselli. La desaparición forzada en los relatos de Ximena Sánchez Echenique y de Pergentino José Ruiz. Las decapitaciones –reales e imaginarias- vertebran el relato de Eduardo Ruiz Sosa. Antonio Ortuño ofrece una ensayística lección de Historia mexicana que desemboca en distopía. El relato de Emiliano Monge habla de incineradores de cuerpos de migrantes. La desaparición, no sabemos si forzada o voluntaria, es el tema del relato de Luis Felipe Lomelí. Y la tortura gratuita electrifica desde el inicio la historia de Nicolás Cabral.

En la antología hay también relatos sin referencia alguna a la actualidad mediática del país. Metaficción en las piezas de Juan Pablo Anaya y Eduardo Montagner Aguiano. Fábulas en los relatos de Brenda Lozano y Carlos Velázquez. Relatos sobre obsesiones, alucinaciones y estados mentales alterados como los de Gerardo Arana, Nadia Villafuerte, Eduardo Rabassa, Verónica Gerber y Daniel Saldaña París. Antonio Ramos Revillas escribe sobre las razones de un niño para no querer convertirse en un mariachi de funerales, como su padre. Y una pierna de madera es la verdadera protagonista del relato de Laia Jufresa.

Goldman afirma que su México fue durante años aquel que no salía en las noticias. No por ello era menos real

Francisco Goldman afirma en su libro que su México fue durante años aquel que no salía en las portadas de los periódicos. Aprovechaba sus estancias en el país para encerrarse a escribir, y su tiempo libre lo pasaba en compañía de amigos pertenecientes, por lo general, al mundo del arte y la literatura. Y no por ello era un México menos real o interesante que el país descrito en las noticias. Algo parecido sucede con los cuentos antologados en Palabras mayores –y en general con la literatura mexicana que se está escribiendo actualmente-.

El drama histórico que vive el país se infiltra en algunas de las obras que se han escrito en los últimos años. Pero otros muchos escritores prefieren no salirse de los arcenes de los circuitos interiores que, al margen de la violencia, constituyen también la vida cotidiana de los mexicanos. Todos los relatos posibles de México son igualmente reales. Como en cualquier otro país. Como en cualquier otra época.