Tecnología viejuna

¿Qué fue del teléfono con disco?

El icónico disco del teléfono supone una de las tecnologías de la comunicación que más han durado, casi todo el siglo XX. La revolución electrónica lo mató.

Hay quien se pregunta cómo diablos se marcan números ahí.

Hay quien se pregunta cómo diablos se marcan números ahí.

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Los teléfonos de toda la vida, los que aun perviven colgados en la cocina de la abuela, esos aparatos de baquelita beige o negra con un disco giratorio y con huecos numerados del 0 al 9, son historia desde hace años. ¿Cómo funcionaba este sistema de marcación?

Una simple búsqueda en internet desvela cómo los más jóvenes desconocen cómo funcionan estos aparatos. Algunas personas que han nacido y crecido en la era de los botones y de las pantallas táctiles, intrigadas, tratan de averiguar de qué forma se pueden marcar los números en estos antiguos dispositivos.

"Recuerdo que un amigo de mi nieto no tenía ni la más remota idea de cómo se marcaban los números en este tipo de teléfonos, de los que tengo unos cuantos en casa", comenta a EL ESPAÑOL con humor José Antonio Martín Pereda, doctor ingeniero de Telecomunicaciones y académico de la Real Academia de Ingeniería.

Estos aparatos dejaron de tener sentido cuando los sistemas telefónicos aprendieron a "escuchar" tonos. Antes, la marcación del número de teléfono de un abonado se realizaba mediante pulsos. De esta forma, cada recorrido del disco producía un número determinado de pulsos eléctricos que las centralitas automáticas interpretaban de forma mecánica y lograban establecer la comunicación entre dos aparatos.

Si uno quería llamar a alguien, lo que tenía que hacer era meter el dedo en el hueco correspondiente a cada numero, girar el disco hasta un tope, sacar el dedo para que el disco volviese a su posición inicial, y hacer la misma operación con cada número. Una operación que llegó a ser tan cotidiana que incluso se convirtió en un gesto común.

"Fíjate que aún la gente de las generaciones que hemos vivido con los teléfonos con disco seguimos haciendo el gesto de meter el dedo y girarlo en el aire para indicar que nos llamamos por teléfono", comenta el ingeniero entre risas.

Así funcionaba

En un teléfono con disco, para marcar un número determinado, había que meter un dedo en el agujero correspondiente y empujar en el sentido de las agujas del reloj hasta el tope; después, se dejaba libre, el dial volvía a su posición inicial gracias a un resorte, y se podía marcar el siguiente numero de igual forma.

"Como tiene una rueda dentada, cada giro produce una serie de impulsos, que son los que se transmiten por el hilo telefónico (o par de cobre)", explica el veterano ingeniero. "Esos impulsos llegaban a las centrales", añade, "las más antiguas funcionaban con un sistema llamado rotary, basado en el giro de una serie de ruedas, de modo que cada impulso iba moviendo una serie de ángulos hasta una posición y así establecía un camino para que el siguiente impulso llegara a la siguiente rueda".

Más tarde, a partir de los años 60, se extendió otro sistema en las centrales telefónicas automáticas, concretamente con la llegada de los conmutadores crossbar (o de barras cruzadas), creados durante el primer tercio del siglo XX.

"El fundamento de este sistema se basa en un sistema de matrices", explica Martín Pereda. Es decir, en un sistema de filas y columnas. Cada par de números marcados -identificados por el numero de impulsos que generaba el disco del teléfono- daba como resultado un valor en una matriz en la central telefónica correspondiente.

En función de esos valores, los impulsos eléctricos viajaban de una central a otra hasta llegar al teléfono de destino. "Por ejemplo, si los primeros números que marcabas eran el 91 -lo que llamábamos prefijos provinciales-, la primera central a la que llegaban esos impulsos correspondientes a los números nueve y uno hacían que la comunicación se dirigiese a otra central en Madrid; pero si se marcaba el 93, la comunicación se desviaba a Barcelona". Luego, en función de las siguientes cifras, se iba redirigiendo el camino de central a central hasta la correspondiente al barrio del abonado destinatario de la llamada.

"Todo esto era un proceso mecánico y, como tal, era un poco lento", recuerda Martín Pereda, "los relés que se activaban con cada impulso necesitan un tiempo para pegarse y despegarse entre las barras, que en el caso de los más rápidos tardaban 50 o 100 milisegundos con cada impulso". Además, estas centralitas mecánicas eran inmensas, cada vez más grandes a medida que el número de abonados iba aumentando. "Ocupaban edificios enteros", recuerda Martín Pereda, "y consumían muchísima energía". Pero tenían una ventaja: estos centros estaban bajo el cuidado de celadores, que se conocían casi de memoria las instalaciones y eran capaces de detectar las averías por el sonido, asegura el veterano ingeniero: "Iban directamente a la columna en donde se había producido un fallo, eran unos verdaderos manitas".

"Cuando nació el transistor en los años 40 la idea era intentar hacer eso de forma electrónica, que es bastante más fácil y rápido", agrega este experto. En ese momento, los ingenieros deciden que en lugar de jugar con impulsos provocados por movimientos mecánicos se pase a las frecuencias de sonido, más adecuados para la electrónica. "Cada tono se corresponde con un cierto número y los tiempos de conmutación se reducen drásticamente, incluso por debajo del milisegundo", apunta el ingeniero.

Un poco de historia

"El disco de marcación telefónica nos ha acompañado durante mucho más tiempo que otras tecnologías", reconoce el divulgador Alejandro Polanco Masa, amante de las tecnologías obsoletas. "Su eficacia y usabilidad -no hace falta un entrenamiento especial para aprender a utilizarlo- hicieron que tuviera gran éxito desde que apareciera a principios del siglo XX". No obstante, en la hemeroteca se pueden encontrar documentos que muestran cómo se enseñaba a utilizar el teléfono automático, como esteejemplo de 1926.

Detalle de las intrucciones para telefonear aparecidas en Nuevo Mundo, el 3 de diciembre de 1926.

Detalle de las intrucciones para telefonear aparecidas en Nuevo Mundo, el 3 de diciembre de 1926.

Esta forma de marcar tiene su origen en la patente 597.062, de 11 de enero de 1898. Los inventores Alexander Keith y John y Charles Erickson proponían un disco que, en lugar de agujeros para meter el dedo, contaba con muescas. Más tarde sería refinado e incluiría un resorte para que el disco volviese a la posición inicial después de marcar un número.

"Este sistema de marcación de números todavía subsiste en ciertos lugares y, como objeto antiguo, va ganando prestigio, ya se sabe lo que sucede con la moda de lo vintage, y ahí están los modelos de teléfonos modernos que emplean esta ruleta como medio de marcación", afirma Polanco Masa, "incluso esos tan horribles que cuentan con teclas pulsantes en vez de un disco, pero semejando al círculo de marcación, como en ciertas cabinas telefónicas".

Según este divulgador, "poca gente que el disco de marcación servía para más cosas que simplemente marcar un número para hacer la llamada". "Con él se podía acceder a centralita, solicitar información y ayuda, con sólo marcar ciertas combinaciones de números y, sobre todo, podías enviar telefonemas, algo así como telegramas o mensajes hablados por operadora, como si fuera un contestador o un sistema de SMS, salvando las distancias".

Desde la Fundación Telefónica apuntan a este diario que la primera central automática de Telefónica en España se inauguró en 1926, en Santander y en presencia de Alfonso XIII, mientras que la última centralita manual -atendida por una telefonista- se retiró en 1988 en Polopos (Granada). Sólo a partir de entonces se pudo decir que toda la red telefónica española estaba automatizada.