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¿Estamos realmente en el año 2015?

Ahora que se acaba el año, es un buen momento para dudar de la cronología histórica y consultar a Florin Diacu, de la Sociedad Matemática Canadiense, si realmente estamos en el siglo XXI.

El matemático Florin Diacu

El matemático Florin Diacu

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Damos por asumida la cronología de la historia como una verdad absoluta. Pensamos que no cabe ninguna duda de que Gengis Kan fue coronado emperador mongol en 1206, dos años después de que, en otro lado del mundo, la Cuarta Cruzada conquistara y saqueara Constantinopla.

Sin embargo, esto no siempre fue así. Lo que creemos un mero e impoluto registro de los acontecimientos del pasado no es más que una construcción intelectual, acordada entre generaciones y donde las matemáticas han tenido un papel decisivo a la hora de certificar la fecha de ciertos eventos.

Hasta aproximadamente el siglo XVI, "la gente sabía que los eventos existieron porque estaba claro que habían sucedido cosas en la Historia, y también había algunas cronologías locales, especialmente para la Biblia, que mucha gente trató de reconstruir debido a su interés en la religión", cuenta a EL ESPAÑOL Florin Diacu, vicepresidente de la Sociedad Matemática Canadiense, que estuvo hace unos días en Madrid invitado por el Instituto de Ciencias Matemáticas. "Salvo algunas cosas locales, y con intervalos cortos de tiempo, no había una cronología global, no estaba claro quién vivió en la era de quién, quién había en Grecia, quién en Egipto o en el Medio Oriente".

Qué ocurrió primero

Un erudito francés llamado Joseph Scaliger fue el primero en intentar reconstruir la cronología de toda la historia del mundo antiguo. De formación filológica, dominaba 13 idiomas y su empeño original era comprender qué escritores estaban influenciados por cuáles otros. A esta tarea dedicó casi toda su vida, estudiando textos en varios idiomas, más de 50 calendarios y publicando siete grandes tetralogías sobre historia antigua: Grecia, Roma, Persia, Egipto, Babilonia...

"Su idea era empezar con ciertos hitos, fechas sobre las que hubiera una absoluta certeza de que eran correctas", dice Diacu. Estas fechas no siempre eran importantes históricamente, pero servían como punto de apoyo para elucubrar lo demás. "Por ejemplo, algunas de esas fechas eran astronómicas, cuando ocurrían eventos raros, de esos que sólo se ven una vez en la vida, como eclipses totales de sol o de luna", dice este matemático de origen rumano.

Entonces, Scalinger tomó estos eventos extraídos de distintos documentos y trató de conectarlos por primera vez. Libros después, mágicamente, teníamos una cronología histórica global. ¿Sin errores? "No todas las fechas que incluyó eran necesariamente correctas", confirma Diacu. Sin embargo, en lo fundamental, la cronología del erudito francés era muy buena, y de hecho es sobre la que todavía trabajamos los seres humanos en nuestras especulaciones del pasado. Eso sí, con algunos cambios y actualizaciones. "De alguna forma, todo lo que hizo sobrevivió porque no había nada mejor".

Para muchos científicos de los últimos cuatro siglos, ha sido un reto poner a prueba la cronología de Scaliger. Los astrónomos, por ejemplo, son capaces de calcular todos los eclipses de los últimos 3.000 años, por lo que si un evento histórico tuvo lugar coincidiendo con un eclipse, podría datarse el año exacto en que tuvo lugar.

"Pero si es sólo un eclipse, puede haber varias posibilidades con varios siglos de diferencia entre ellas", precisa Diacu, "pero una secuencia de tres eclipses es muy, muy rara". El matemático pone como ejemplo una secuencia de un eclipse solar total, uno solar parcial y uno lunar total que aparece descrita en Historia de la Guerra del Peloponeso, de Tucídides. De acuerdo con Scaliger, esta secuencia de eclipses tuvo lugar en el siglo V antes de Cristo.

¿Fin del debate?

El problema, avanza Diacu, es que la descripción de estos fenómenos astronómicos está realizada por gente de su época, en general bastante imprecisa. En el eclipse del Peloponeso, "la descripción era que el Sol se volvió pequeño, luego se convirtió en media luna y luego se vieron las estrellas". El problema es que esa descripción correspondería a un eclipse total, pero las predicciones señalan un eclipse anular, en que el sol se ve como un anillo y donde las estrellas no aparecen. ¿Nos creemos entonces a Tucídides o a los científicos? "Hay tres posibilidades, que Tucídides estuviera equivocado y ese eclipse del año 431 A.C. fuera realmente anular, o que ocurriera en el siglo X u XI", apunta Diacu, "¿fue la Guerra del Peloponeso quizá 1.400 años más tarde?"

Hay científicos tan célebres como Isaac Newton que trataron de hallar inconsistencias en la cronología de Scalinger. El último trabajo del genial físico antes de morir fue, de hecho, Cronología Corregida de los Reinos Antiguos, publicado en 1728. En esta obra, Newton calcula que al relato de la época griega de Scaliger le sobran 300 años, algo importante porque si esta clásica referencia falla, todo lo demás falla.

¿Cómo ha afectado la aparición de pruebas de datación como el Carbono-14 a todo esto?

Hoy en día, los historiadores trabajan sobre la cronología de Scaliger pero también con fechas datadas con radiocarbono, dendrocronología o termoluminiscencia. Generalmente, cuando una fecha coincide con Scaliger, la aceptan. Si no coincide, suelen pensar que quizá la muestra está corrompida porque, para ellos, la cronología tiene que estar bien.

¿Nadie hoy duda de la cronología de Scaliger?

Hay gente como el matemático ruso Anatoli Fomenko que trata de argumentar que la historia es en realidad más corta de lo que pensaba Scaliger, ya que éste pudo haber repetido eventos al estudiarlos en distintos documentos y con distintos nombres. En aquella época no había uniformidad en los nombres de gente o de sitios, pero varias dinastías pudieron ser repetidas y que una sola persona acabara siendo repetida con diferentes nombres y en diferentes periodos.

¿En qué año piensa Fomenko que estamos?

Él tiene su propia cronología y cree que la historia desde Jesucristo es unos 1.000 años más corta. No creo que Fomenko lleve razón, no hemos perdido tanto, aunque tiene algunos buenos argumentos, como los eclipses en el Peloponeso. También tiene problemas aceptando una fecha muy importante, el Concilio de Nicea, primer concilio ecuménico que según Scaliger tuvo lugar en el año 325, pero Fomenko y su colaborador, Gleb Vladimirovich Nosovsky, tienen buenos motivos para creer que en realidad fue en el año 877 u 878, medio milenio después.

¿Y usted, piensa que estamos en 2015 o no?

No lo sé. Sabemos que la cronología actual es correcta y, al menos en los últimos 500 años, no tenemos razones para dudar de eso, pero cuanto más atrás vamos, periodos medievales o antiguos, más dudas aparecen.